miércoles 15 de abril de 2026

Septiembre y octubre, lejos de los pronósticos catastróficos de “El Niño”

3 de noviembre de 2015 - 00:00

A partir de las inquietudes que generan entre los productores el actual fenómeno climático y todos los anuncios que de él se derivan en plena época de siembra, especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario hicieron algunos comentarios al respecto. El régimen de lluvias apenas se apartó de las medias históricas.

DE LA REDACCION. Este ha sido un año durante el que los excesos de agua fueron fuertes protagonistas para el sector agropecuario. Con este recuerdo tan reciente, y a partir de las inquietudes que generan entre los productores el actual fenómeno “El Niño” y todos los pronósticos que de él se derivan en plena época de siembra, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) realizó oportuno hacer algunos comentarios al respecto.

Alfredo Elorriaga, integrante y asesor del grupo GEA que constantemente valida los datos de la red de estaciones meteorológicas de esa Bolsa, ha notado que desde hace más de un mes se instaló un fuertísimo temor a lluvias “diluvianas”. “Informalmente hay pronósticos que aseguran lluvias con volúmenes que duplican y hasta triplican las medias estadísticas, sin fundamentos técnicos”, contaba en una reciente charla.

El doctor José Luis Aiello, con el ánimo de quitar la incertidumbre generada y coincidiendo con esta visión de Elorriaga, indicó que es importante señalar que no es posible pronosticar volúmenes de precipitaciones con tal exactitud para un período de tiempo específico en el largo plazo.

Por tal motivo, los especialistas advierten lo siguiente: concluyó octubre y el régimen de precipitación apenas se ha apartado de las medias históricas que están en torno a los 100 milímetros. Aún más, en algunas regiones del oeste, como en la provincia de Córdoba, las tareas agrícolas se han retrasado por la falta de humedad en los suelos.

Hay un fenómeno real y concreto, como es el efecto del aumento de la temperatura del agua en el océano Pacífico ecuatorial. Sin embargo, hay que tener cuidado en convertirlo en un fenómeno maligno o desmesurado, que poco tiene que ver con un análisis objetivo del evento.

Aparecen pronósticos extendidos que superan holgadamente los tres días y que detallan milimetrajes diarios. Estos pronósticos exceden las limitaciones técnicas disponibles. Ejemplo de ello son los vaticinios de intensas lluvias durante septiembre y octubre, que iban a tornar inviables las siembras de maíz y soja por falta de piso, y no se materializaron.

Desde julio de 2015 se han generado innumerables artículos, boletines e informes destacando la intensidad poco común de “El Niño” 2015, llegando a bautizarlo como “Superniño”. Se habló de su influencia para un aumento desmesurado de las precipitaciones, inclusive en meses en los que no hay influencia posible de “El Niño” haciéndolo responsable de las inundaciones de agosto.

En todo caso, el evento de “El Niño” recién comienza a manifestarse plenamente a partir de este mes y sus efectos están condicionados a cómo se acople con factores regionales, circulaciones o bloqueos del Atlántico, intensidad de flujos de humedad y frecuencia de entradas de frentes meteorológicos, entre otros.

Es necesario hacer un uso de datos concretos, analizarlos y observar, comparando con los patrones que indican las estadísticas, para evitar difundir “escenarios catástrofes” y estar al servicio de los actores productivos que tienen que tomar decisiones sobre la base de los pronósticos.

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