La experta en la temática estuvo en nuestra ciudad días atrás y presidió una jornada de formación y reflexión impulsada por la Dirección de la Mujer a cargo de Romina Yaryura y su equipo de trabajo. La estrategia que plantea la especialista es atacar la problemática con políticas de prevención, antes de llegar a los límites del daño físico o el femicidio.
DE LA REDACCION. No bajan las estadísticas de la violencia de género expresada en su versión límite: el femicidio. Antes de ello, las denuncias por agresión en cualquiera de sus formas no cesan y se reproducen por minuto en el país. Puede ser porque hay más conciencia de denuncia que antes pero, justamente por ello, lo que se puede saber que es el mal está lejos de erradicarse.
Para escuchar sobre la actualidad del tema y reflexionar sobre estrategias de abordaje, la Dirección de la Mujer y Asistencia a la Familia, convocó a la directora de Coordinación de Institutos de Investigación Criminal y Ciencias Forenses de la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires, Virgina Creimer que, días atrás, presidió una jornada en el auditorio Atahualpa Yupanqui de la Unnoba.
Nuevo encuentro
Nuevamente la especialista se reunió con la sociedad pergaminense que, según ella, siempre ha tenido la voluntad de crecer en la construcción de conocimientos.
La idea que sostiene Creimer y para la cual ofrece su expertise es encarar la problemática generando políticas de prevención de los casos de violencia que terminan en los delitos de femicidio y feminicidio, afirmó Creimer. Para establecer la diferencia vale aclarar que el feminicidio incluye a todos los femicidios (las distintas formas de asesinar a una mujer por su condición de mujer) pero el feminicidio está encarado sobre la responsabilidad del Estado de proteger a estas mujeres por eso nuestra intención es poner sobre la mesa cuestiones teóricas y prácticas, aclaró Creimer.
Los términos femicidio y feminicidio suelen utilizados indistintamente, como si fuesen sinónimos, sin embargo, ambos términos, como detalló Creimer, presentan distintos matices.
Femicidio: son los asesinatos de mujeres considerándolos como homicidio, sin destacar las relaciones de género, ni las acciones u omisiones del Estado.
Es decir, son los asesinatos contra niñas y mujeres que se sustentan en violencias que acaecen en la comunidad y que no van dirigidas a las mujeres por ser mujeres,- independientemente de que los hayan cometido hombres- pero tienen consecuencias irremediables para ellas, y que deben ser tomados en consideración para efectos de prevención y erradicación de la violencia comunitaria.
Feminicidio: se consideran los asesinatos de mujeres por su condición de género, es decir tomando en cuenta las relaciones de poder y se vincula con la participación del Estado por acción u omisión, derivado de la impunidad existente. Sistémico, es el asesinato de una niña/mujer cometido por un hombre, donde se encuentran todos los elementos de la relación inequitativa entre los sexos: la superioridad genérica del hombre frente a la subordinación genérica de la mujer, la misoginia, el control y el sexismo. No sólo se asesina el cuerpo biológico de la mujer, se asesina también lo que ha significado la construcción cultural de su cuerpo, con la pasividad y la tolerancia de un Estado masculinizado.
En la piel de la víctima
A diferencias de las veces anteriores, en esta oportunidad, la experta se dirigió a los presentes desde otro lugar: desde el rol de víctima. Y contando su experiencia, Creimer señaló: Hace un mes, por el trabajo que realizo en defensa de los derechos humanos, de los niños abusados, encarando luchas contra los pedófilos, gané la enemistad de muchos sectores. Hace un mes cuando volvía de buscar a uno de mis hijos llegué a la puerta de mi casa y me encontré con un cuchillo ensangrentado en la cerradura mientras mi hija adolescente dormía dentro de la vivienda. Este mensaje mafioso y macabro logró su cometido, me aterrorizó y pude experimentar lo que es ser víctima. Me dí cuenta de que ser víctima es mucho más complejo de lo que yo creía porque me encontré con un Estado ineficaz para dar respuestas.
Mano a mano
-¿En qué momento se detecta que la discusión pasó a ser maltrato?
-El maltrato aparece cuando se plantea una desigualdad que puede aparecer implícitamente en las relaciones de pareja. La violencia de género implica la desigualdad que se genera del hombre hacia a la mujer.
-¿Qué le permite a ese hombre perpetuar esa diferencia de género?
-Es muy importante destacar que nuestra sociedad es absolutamente patriarcal que es lo que permite perpetuar esta condición machista y de poder sobre la mujer. Y en muchos casos esa diferencia se plasma en la violencia que no debe interpretarse sólo como la física sino que también puede ser psicológica y que se refleja en los gritos, las amenazas, las restricciones económicas; la vigilancia también es violencia. Y en ese punto las mujeres enfrentamos una conducta machista y patriarcal que justifica el hecho de seguir adelante con la violencia. La violencia moral y psicológica puede ser muy destructiva y hasta hace que la mujer se crea que es un trapo de piso porque empieza a naturalizar la violencia.
-¿A qué responde el hecho de la reincidencia que permite por ejemplo que las mujeres vuelvan con sus maltratadores?
-Hay un trabajo que realiza el maltratador pero también hay una sociedad que convalida muchas veces la violencia porque es la mujer la que no tenía la casa ordenada, la que no tenía listo el plato de comida, entre otras supuestas justificaciones. Y en este caso la mujer vuelve porque se ha transformado en esa persona débil y vulnerable sin herramientas por el trabajo que realizó el maltratador que transformó su cabeza y su corazón en un trapo de piso. Cuando esa mujer pide ayuda la sociedad debe estar preparada y el Estado también para dar una respuesta eficaz.
-¿Hay un perfil del maltratador?
-Se puede identificar al maltratador que por lo general, fuera de su casa, es ameno, agradable, casi el hombre perfecto. El maltratador cuando está frente a la víctima se siente omnipotente y poderoso pero al enfrentar a una mujer que no ha sido vulnerada se transforma en un cobarde.
-¿Se puede recuperar el maltratador?
-La conducta violenta tiene relación directa con el campo de la educación. Hay una continua educación, primero por parte de la familia y de la escuela, que nos lleva a tener determinadas características particulares que esta sociedad patriarcal tiende a legitimar la violencia del hombre hacia la mujer. Con los hombres con conductas violentas se puede hacer un trabajo reeducativo con el que se pretende que el hombre tome conciencia de sus actitudes y tenga voluntad de revertir ese comportamiento. Nosotros desde la Dirección desarrollamos talleres con hombres violentos y advertimos buenos resultados pero la reflexión forma parte de un proceso largo.
-¿Falta decisión política para abordar con seriedad este flagelo que deja miles de víctimas anuales?
-Un país puede tener muchas leyes para abordar este delito pero si no las ponemos en práctica de nada sirve. Estuvo la decisión política de hacer la ley, ahora debe existir la decisión política de hacerla realidad para que la prevención exista en forma continua.
-Mientras tanto, los ciudadanos, ¿cómo podemos contribuir?
-La idea es que todos podamos aportar desde nuestro lugar. Existen múltiples capacitaciones que nos sirven a todos. Nosotros estamos buscando un nuevo sesgo de profesionales y no profesionales para que podamos llevar adelante un eficiente trabajo preventivo. En la medida en que todavía haya fiscales y jueces que no se comprometan a proteger a las personas víctimas de violencia de género, el círculo violento no terminará. También es importante avanzar en las escuelas primarias y secundarias para alertar a los estudiantes que son muy inteligentes y son los adultos del futuro. Con las capacitaciones ofrecemos herramientas a la población que es la encargada de transformar el mañana.