El domingo más de 60 pergaminenses partieron a pie con la intención de llegar a la casa de la patrona de los argentinos. Hoy en horas de la mañana estarán cumpliendo su cometido de sacrificio y oración. El obispo Héctor Cardelli oficiará misa allí a las 11:00.
DE LA REDACCION. Con la imagen de Nuestra Señora del Luján en los hombros, más de 60 pergaminenses partieron el domingo pasado desde la Parroquia Nuestra Señora del Rosario y San Carlos Borromeo con el objetivo de llegar a la Basílica de Luján, a la que ellos llaman comúnmente como la casa de la madre.
Cargados de peticiones, agradecimientos y siempre movilizados por la fe en la Virgen gaucha, los peregrinos cumplieron durante la semana un recorrido armado especialmente para la ocasión y que unió a diferentes pueblos y localidades hasta llegar a la ciudad de Luján.
Fontezuela, Urquiza, Maguire, Viña, Todd, Arrecifes, La Luisa, Capitán Sarmiento, Duggan, San Antonio de Areco, San Andrés de Giles y Cortínez. En la casa de retiro que se encuentra en esta última localidad, los peregrinos descansaron ayer y hoy a las 8:00 emprenderán el camino para, a las 10:00, encontrarse con los caminantes provenientes de otras localidades de la Diócesis de San Nicolás que, aunque con otro itinerario, llegarán también a pie. Todas las columnas peregrinas juntas, como una gran familia de 500 personas, arribarán a la Basílica.
En primera persona
Con el objetivo de saber cómo transcurrieron los días para los peregrinos, LA OPINION mantuvo contacto ayer con Emanuel Antúnez Clerc, un caminante que está realizando su peregrinación número 16.
Estuvimos descansando un día en Cortínez, como es habitual, en un convento de religiosas pero mañana (por hoy) nos levantaremos temprano, alrededor de las 6:00, para desayunar y a las 8:00 partir hacia la Basílica que nos queda a 8 kilómetros de distancia. A las 10:00, en la rotonda de acceso a Luján, nos vamos a encontrar con los demás peregrinos de la Diócesis de San Nicolás y llegaremos todos juntos, alrededor de 500, a la Basílica donde nos recibirá el obispo Héctor Cardelli y participaremos de la misa, contó Emanuel.
En camión
Las condiciones climáticas de esta extraña primavera con frío y lluvias hicieron que los peregrinos debieran subir en más de una ocasión al camión que los acompaña transportando sus bolsos. El martes, cuando estábamos caminando desde Arrecifes hacia Capitán Sarmiento, debimos subirnos al camión porque las banquinas se inundaron debido a las fuertes lluvias, con viento e incluso granizo que cayó, indicó el peregrino.
Alrededor de 65 son los peregrinos de nuestra ciudad, de los cuales cerca de 20 son personas que viven esta experiencia de fe por primera vez.
Una ya vieja costumbre
La procesión diocesana nació en la década del 70, cuando un grupo de seminaristas decidió acercar a jóvenes de la comunidad nicoleña a María y a la Palabra de Dios. La convocatoria tuvo una muy buena aceptación entre los fieles, que año a año fueron siendo más, y desde entonces se realiza de manera ininterrumpida.
En los comienzos todas las ciudades de la Diócesis (San Nicolás, Pergamino, Arrecifes, San Pedro, Ramallo, Colón, Rojas y Salto) peregrinaban de manera conjunta pero, con el paso de los años, cada uno fue tomando una ruta diferente. Por cuestiones organizativas y de alojamiento es que se decidió dividir la peregrinación en distintas columnas.
Historia de una devoción
En mayo de 1630 la milagrosa imagen de la Virgen de Luján llegó a la Argentina. Antonio Farías Sáa era un hacendado radicado en Sumampa (Santiago del Estero) que quería colocar en su estancia una capilla para la Virgen. Este hombre le pidió a un amigo que vivía en Brasil que le enviara una imagen que representara la Inmaculada Concepción de María. El amigo le envió dos para que eligiera; ambas fueron colocadas en una carreta y partieron en una caravana rumbo a Sumampa.
La caravana se detuvo a orillas del río Luján, en una hacienda conocida como la estancia de Rosendo. Al llegar el otro día los carreteros iban a proseguir con el viaje, pero la carreta que llevaba las imágenes no se movía. Entre varias maniobras que hicieron para dilucidar por qué los animales no avanzaban, probaron con bajar las imágenes. Entonces, el carro se movió con normalidad, pero se volvió a paralizar cuando volvieron a subir la carga. Fue después de varios intentos que entendieron que sólo cuando una de las imágenes estaba en tierra, la carreta avanzaba. Al ver que la Virgen no quería marcharse se dirigieron a la casa más cercana, la de don Rosendo. La familia se emocionó al ver la imagen y la colocaron en su casa, la noticia corrió por toda la región y se enteraron hasta en Buenos Aires. Las personas empezaron a viajar al lugar, entonces don Rosendo construyó una pequeña capilla, entre los pajonales de la pampa. En este lugar permaneció la Virgen hasta el día de hoy. La otra imán que habían mandado desde Brasil siguió camino a Sumampa; una vez conocido el milagro de Luján, ella también comenzó a ser venerada.