Acompañada por la candidata a intendente del Frente Renovador, Marita Conti, la especialista en cuestiones de género, que el viernes estuvo en Pergamino, señaló que el desafío actual es profundizar los caminos para que la oportunidad de ocupar cargos públicos sea viable para todas las mujeres y no una excepción. La dirigente es candidata al Parlasur.
DE LA REDACCION. Fernanda Gil Lozano, candidata a diputada al Parlasur por el Frente Renovador, visitó nuestra ciudad en el marco de la charla debate Igualdad real de oportunidades, donde plasmó algunas de las situaciones por las que atraviesa el universo femenino. Acompañada por la candidata a intendente Marita Conti, y por Ana Ramírez, Gil Lozano, magister en Sociología y Análisis Cultural, aseguró que en la última década hubo un retroceso en materia de derechos femeninos y que faltó una acción estatal que le diera poder a la mujer para la consecución de sus objetivos.
Las mujeres padecemos una minusvalía para ocupar un espacio público, aunque hoy Argentina y Latinoamérica brinda la posibilidad de ocupar espacios muy importantes, como presidencias. El desafío actual pasa por profundizar los caminos para que esa oportunidad sea viable para todas las mujeres y no para las excepciones a la regla que se dieron a lo largo de toda la historia. Que algunas mujeres tengan determinado protagonismo social no implica que haya un cambio en la vida cotidiana de nadie, dijo Gil Lozano.
También aseguró que para la mujer común la última década provocó un retraso en relación a logros obtenidos: Muchas medidas sociales son muy buenas, pero obligan a las mujeres a quedarse en casa. El Estado actuó bien con la asignación de planes para las mujeres más vulneradas. Pero no ofreció paralelamente jardines maternales, centros de capacitación con espacios seguros para el cuidado de sus hijos. De ese modo, la capacitación, la superación es imposible. Tampoco se ahondó en proyectos de salud sexual y reproductiva. No hubo ni hay dispositivos estatales que empoderen al universo femenino. Hubo acciones para sectores determinados y eso nos llevó a un retroceso.
-¿Retroceso en qué sentido?
-En lo que tiene que ver con la violencia, con la cosificación de la mujer. Tenemos una Ley de Medios (Ley de Servicios Audiovisuales) que habla de una política pública de género que no aparece. Me asusta ver la cosificación de las chicas que se produce en la TV por aire. La belleza es un valor, pero me fastidia ser testigo del maltrato que padecen en cámara. Pareciera que las mujeres sólo somos portadoras de glúteos y senos, sin otras capacidades.
- Hay mujeres, con acceso a la educación y a la cultura, que se prestaron al bastardeo femenino
- Soy muy respetuosa de las estrategias femeninas para ganar dinero. Muchas hicieron de su cuerpo una empresa, operándose para sacar provecho. Moria Casán y otras chicas jóvenes son verdaderas empresarias de su imagen. Allí hay un empoderamiento, una decisión propia de usar conscientemente el cuerpo para conseguir algo. Pero cuando se produce la exposición ante las cámaras, veo mucha crueldad.
- Aun así, otras preguntan barbaridades del estilo qué hiciste para que te peguen
-Es horroroso. Sucede que la mayoría de las mujeres tienen una estructura patriarcal machista en la cabeza. Mirtha Legrand es una muestra clara del prejuicio que la sociedad lleva dentro, en mayor o menor medida. Pero la pregunta que hizo Mirtha es la misma que formulan los que reciben la denuncia cuando la mujer golpeada finalmente se decide a hacerla. Lamentablemente, los dispositivos establecidos para cuidarla y preservarla, generalmente quedan en manos de gente insensible, sin preparación específica y que no duda en cuestionar o sospechar de una conducta para justificar la acción violenta del otro.
-¿Cómo se hace para recuperar ese terreno perdido?
-Con políticas públicas. Parte del retroceso se debe a conductas adquiridas por lo que, trabajando arduamente, se pueden reemplazar por otras. Junto con Sergio Massa, en Tigre implementamos un montón de dispositivos que fueron muy útiles para solucionar problemas graves en momentos en que el Estado en general sufre una anomia profunda.
- Ya transcurrieron 120 días del evento Ni una menos. ¿Qué cambió en este tiempo?
- El saldo de la movilización fue positivo en todos los aspectos, sobre todo por la amplia presencia de familias y de muchos varones. Los números que manejamos son los de la ONG La Casa del Encuentro que contabiliza únicamente los casos que llegan a los medios, porque no hay registro de víctimas de violencia. En realidad, prácticamente no hay registro de nada en el país. Tenemos dificultades para reconocer a las mujeres víctimas de violencia. Lamentablemente, tras la foto no hubo replanteos ni revisión de la situación sobre el maltrato. No hay una verdadera conciencia de que ya pasó mucho tiempo y prácticamente no se avanzó en nada, que seguimos igual. Para atacar el problema debemos enfocarnos en la prevención de la violencia. Y para ello se torna imprescindible reeducar a los varones y terminar con esa concepción machista de decir no le hice nada, le pegué lo normal.
-¿Cómo se acaba con la desi-gualdad laboral que afecta a las mujeres?
-El Estado como empleador garantiza el mismo salario. Pero en el ámbito privado la mujer gana entre 25 y 30 por ciento menos que el hombre por la misma función. Esto suele obedecer a directivas de las casas matrices, anglosajonas y francesas, muy prejuiciosas en este aspecto. Estos países aún tienen el concepto de que el proveedor del hogar es el varón y que la mujer ayuda. Es una situación que debemos corregir, en nuestro país hay un piso de igualdad que establece que se le debe pagar lo mismo a quien desempeña la misma función, más allá de todas las posibilidades surgidas con el reconocimiento de la diversidad de género y el matrimonio igualitario.