El domingo en la Parroquia del barrio Otero, será la festividad central en memoria de la sierva que se caracterizó por su confianza y abandono a la voluntad divina. Todos los días, a las 18:30, se reza el Rosario. Mañana empezará el triduo con celebración de misa.
DE LA REDACCION. El miércoles 7 de octubre se celebrará el Día de Santa Teresita del Niño Jesús, es por ello que en los últimos días comenzó el tiempo preparatorio que antecede a la festividad.
En el marco de este tiempo es que en el templo, todos los días, se reza el Santo Rosario a partir de las 18:30.
Mañana empezará el triduo por lo que a las 18:30 se rezará el Rosario y luego, a las 19:00, se oficiará misa y liturgia penitencial. El viernes se desarrollará la misma actividad mientras que el sábado, a las 19:00, habrá adoración al Santísimo Sacramento. Más tarde, a las 21:00, se presentará la obra de teatro llamada: Científica del corazón.
Si bien el día de la patrona es el 7 de octubre, la festividad central será el domingo próximo. Ese día, a las 9:30 habrá bautismo y a las 15:00, se desarrollará la procesión por las calles del barrio Otero y luego se celebrará la misa.
Vida y obra
María Francisca Teresa nació el 2 de enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.
En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el cuidado de su tía, la señora Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.
Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las carmelitas. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.
A los 14 años, en Navidad, Teresita tuvo la experiencia que ella llamó su conversión. Según cuenta la santa apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.
Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.
Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frente al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería.
Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con el apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo en abril de 1888. Profesó como religiosa el 8 de septiembre de 1890. Su deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.
Teresita cumplió con las reglas y deberes de los carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros. Debido a esto, fue nombrada después de su muerte, con el título de patrona de las misiones, aunque nunca había salido de su convento.
Se sometió a todas las austeridades de la orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y sus superiores se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento. Pero ella decía Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos. Y un día pudo exclamar: He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce.
En 1893, a los veinte años, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias.
Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron años difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó al convento con sus hermanas.
En este mismo año, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una misión en Indochina pero su salud no se lo permitió. Sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del convento de la que no volvió a salir. A partir de agosto ya no podía recibir la Comunión debido a su enfermedad y murió el 30 de septiembre de ese año. Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925. Se la presenta como una monja carmelita con un crucifijo y rosas en los brazos. Ella decía que después de su muerte derramaría una lluvia de rosas.
El culto a esta santa comenzó a crecer con rapidez. Los milagros hechos gracias a su intercesión atrajeron la atención de los cristianos del mundo entero.