Por Marcelo Chamut
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Por Marcelo Chamut
Para la Redacción de LA OPINION
Vivimos en una sociedad consumista. Es preferible tener un buen modelo de coche en el garaje, a la vista de todos, que poder llegar a fin de mes con solvencia. Somos esclavos del qué dirán. Pero quienes viven en la actualidad no son ni los primeros ni los últimos en cometer este tipo de errores. Son muchos los que compran un coche que no se pueden permitir, no pensando en su mantenimiento.
Pero este hecho no es novedad ni algo inherente a la sociedad occidental. Aunque pueda resultar sorprendente, el propio Adolf Hitler, en 1923, intentó conseguir un descuento y ciertas condiciones favorables para comprar a plazos un Mercedes-Benz de la época.
Quizá lo más curioso es que en aquel momento Hitler estaba en la cárcel. El motivo, una alta traición que comenzó a llevarse a cabo en una cervecería tras una fallida revolución. El dictador alemán confiaba plenamente en que saldría de prisión en pocos meses. Aunque su optimismo era ilógico ya que no contaba con ingresos. Todavía su obra Mein Kampfy no se había publicado. Lógicamente, por su situación económica, se puso en contacto con un distribuidor solicitando un trato especial.
Desde su estancia en la cárcel sintió una gran debilidad por el Benz 11/40. No tenía mal gusto. Era una elegante berlina de la época, que contaba con un motor de 2.8 litros y 40 CV. Su comercialización se produjo de 1923 a 1925.
Finalmente no quedó constancia sobre si efectuó o no la compra de su ansiado 11/40. De lo que sí hay constancia es de la carta que escribió al distribuidor para hacerlo partícipe de su requerimiento. Tal vez la frustración de no poder conseguir ese pequeño trofeo provocó en él la necesidad, siendo Führer, de apostar por otra marca, por el coche del pueblo alemán, el Volkswagen Type 1.
Un Bugatti hundido a remate
Un equipo de buzos rescató de las profundidades del lago Maggiore, situado en Ascona (Suiza), los restos oxidados de un Bugatti por los que luego un comprador anónimo pagó en una subasta en París un precio final de escándalo, 260.500 euros, por los restos de un Bugatti Type 22 Brescia de 1925.
La subasta se inició con 70.000 euros y los organizadores esperaban que el precio se incrementaría alrededor de 20.000 euros. Nadie esperaba que el precio final fuera tan elevado ya que después de 73 años bajo el agua, los expertos han estimado que apenas el 20% de las piezas y componentes del coche se podrían reutilizar en una hipotética restauración del mismo.
El precio se disparó como consecuencia de la puja entre dos postores, una de Europa, que a la postre fue el ganador y cuya intención es exhibir el vehículo en su estado actual, y el otro de Estados Unidos, que tenía pensado restaurar el vehículo.
La subasta se celebró en el Rétromobile Salon de París (Francia), una exhibición de coches clásicos y los beneficios alcanzados irán destinados a una causa benéfica, ya que serán para la Fundación Damiano Tamagni que lucha contra la violencia juvenil.
Según la investigación realizada por la casa de apuestas todo hace indicar que el automóvil pertenecía a Marco Schmuklerski, arquitecto suizo cuya familia provenía de Polonia. Según cuentan, su propietario lo dejó abandonado en un taller y el mecánico, harto de pedirle que lo recogiera y le pagará la reparación, acabó por tirarlo al lago. Otras versiones hablan de que fue la policía de fronteras suiza la que lanzó el deportivo al agua.
Lohner-Porsche
Ferdinand Porsche, quien fundaría una de las marcas de deportivos más reputadas del sector automovilístico, comenzó trabajando para Jacob Lohner, un constructor de automóviles. A pesar de no tener formación formal en ingeniería, el joven deslumbró creando un innovador sistema de propulsión eléctrico.
En aquella época los coches sólo se movían a base de electricidad. A pesar de lo que ahora pueda parecer, los motores de combustión interna eran demasiado caros, complicados y encima, para rematar, poco fiables. Y si a esto le sumamos que la gasolina, como actualmente, era cara, queda todo dicho. Por ello, en 1898 nació el primer Lohner-Porsche Electromobile. Se trata de un cabriolet biplaza con propulsión eléctrica. ¿Cómo obtuvieron ese motor? De una gran acumulación de baterías de ácido de plomo. Las desventajas que eran demasiado pesadas y de poca autonomía. El proceso era sencillo, la energía se transmitía a 2 motores eléctricos, embebidos en las propias ruedas del automóvil.
En este innovador modelo, cada motor eléctrico disponía de 2.5 CV de potencia. Era capaz de lograr hasta 3.5 CV, aunque en espacios cortos de tiempo. Por lo que se obtenía una potencia combinada de 7 CV.
Es importante destacar que no estaban ante un supermodelo ya que las prestaciones, como era de esperar, eran muy modestas. Por ejemplo, la velocidad de crucero del coche era de unos 15 km/h, mientras que su velocidad punta era de unos 50 km/h.
El coche de Ferdinand Porsche fue mostrado en la Expo de París en el año 1900, donde causó una enorme repercusión llena de alabanzas y felicitaciones tras su logro. Como consecuencia, un adinerado empresario de Luton (E.W. Hart, de Inglaterra) solicitó una unidad.
Por aquellos años cualquier modelo era artesanal, por lo tanto se llevó a cabo con una total personalización.Su peso llegó a alcanzar 1.5 toneladas en vacío. Lo sorprendente del modelo es que, en su chasis, se instalaron, nada más y nada menos que 1.8 toneladas de baterías de ácido de plomo. En este caso los motores se instalaron en las cuatro ruedas, no en las dos frontales. Algunos aseguran que fue el primer coche en emplear tracción integral.
El empresario, que se había hecho con este modelo, era consciente de la poca autonomía que tenía con ese vehículo, así que Porsche ideó montar un motor de combustión interna en el coche. Así se emplearía para recargar las baterías si estas se descargaban. Es importante recalcar que el motor de gasolina sólo estaba conectado a las baterías. Será en 1901 cuando nazca el primer vehículo eléctrico de autonomía extendida (Erev).
Pero a pesar de estos hitos que deslumbraban a todos los amantes del motor de la época, a mediados de la primera década del Siglo XX, y tras la popularización de la gasolina, que bajó su precio hasta niveles ridículos, los eléctricos dejaron de ser rentables, dando lugar a los de combustión interna. Por lo tanto, la carrera de los eléctricos sufrió un golpe duro hasta la actualidad, donde comienzan a resurgir.