Por Marcelo Chamut.
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Por Marcelo Chamut.
Para la Redacción de LA OPINION.
Solidarizarnos es, de alguna manera, aprender a vivir en convivencia y aceptar la existencia de normas para concretarla. Para lograr lo expresado, es necesario generar un cambio, es estar dispuesto a entrar en nuestro interior y efectuar transformaciones. En el mundo, y también en la Argentina (investigadores del Conicet), se estudian a las hormigas con el propósito de saber cómo se organizan y comportan socialmente, y cómo es su convivencia con relación al tránsito.
Las hormigas cortadoras de hojas son un numeroso grupo de insectos nativos de las Américas, cuya distribución geográfica se extiende desde el sur de los Estados Unidos hasta el sur de la Argentina. Cortan y recolectan fragmentos de hojas y flores de una gran variedad de plantas y los emplean para cultivar un hongo en el interior de sus hormigueros, el que les sirve de principal alimento para sus larvas.
Este diminuto ser vivo forma una de las más complejas sociedades animales conocidas y se agrupan en colonias que pueden contener más de un millón de individuos de distintos tamaños (pero no mayores de unos dos centímetros) y aspectos, divididos en castas responsables de diferentes funciones (obreras, nodrizas, soldados, reinas, todas hembras, pues los machos, alados, solo aparecen una vez por año).
Su nido es una compleja construcción subterránea. Puede consistir en un cuerpo principal de hasta unos 15 metros de diámetro, a veces conectado con estructuras menores alejadas varias decenas de metros. Contiene elaborados conductos internos para circulación, ventilación y eliminación de residuos. En la superficie, el nido es el centro de un complejo sistema de caminos que lo vincula con las plantas de las que las hormigas cortan fragmentos. Esos caminos comienzan en el hormiguero como sendas principales y se van bifurcando para dirigirse a diferentes destinos. Son similares en su diseño a las rutas de acceso a las grandes ciudades, y presentan idénticos desafíos.
Por un lado, la construcción y el mantenimiento de los caminos son costosos. Las hormigas deben limpiarlos de vegetación y hojarasca, un trabajo especialmente intenso en ambientes en que las hojas caen constantemente al suelo, como los bosques tropicales. Además, su diseño debe reducir el tiempo de circulación entre el nido y los recursos. Y dado que por los caminos suelen circular muchas hormigas en ambas direcciones, ellas deberían comportarse de maneras que reduzcan la probabilidad de embotellamientos, choques y retrasos.
Las reglas de tránsito, en la medida en que son respetadas, mejoran la circulación y reducen colisiones y embotellamientos. Así, las sociedades humanas han establecido normas sobre prioridades de paso que dependen de la ubicación del vehículo (en avenidas versus calles, por la derecha o por la izquierda) o de su clase (ambulancias, bomberos).
¿Las hormigas exhiben conductas similares? De estudios recientes, se puede expresar que sí, aunque nadie parece dirigir el tráfico. Las que salen del hormiguero sin carga ceden el paso a las cargadas que se dirigen a él. Para ello las primeras se detienen al costado del sendero y retoman la marcha cuando pasaron las otras.
Desde el punto de vista social, entonces, parecería que se deberían construir caminos lo más angostos posibles. Pero caminos muy angostos resultan en choques, retrasos y embotellamientos, que padecen quienes los transitan, y el conjunto de esos perjuicios individuales también constituye un costo social. De ahí que ingenieros y economistas hayan inventado los estudios de costos y beneficios sociales, que son análisis muy refinados para establecer qué caminos (o cualquier obra pública) resultan convenientes para la sociedad.
Las hormigas cortadoras de hojas parecen aplicar estos conceptos prácticos: Se puede observar que el ancho de sus caminos es por lo común proporcional al máximo flujo de individuos que circula por ellos.
Podríamos pensar, en nuestra forma humana de interpretar el mundo, que de esta manera la colonia no dilapida recursos sociales en construir y mantener senderos innecesariamente anchos, ni los construye tan angostos que produzcan embotellamientos.
Estudios sostienen que las hormigas van más allá de los ingenieros de caminos, porque normalmente hacen bifurcaciones más anchas: casi siempre la suma del ancho de las ramas bifurcadas es mayor que el ancho del sendero troncal.
En promedio, un sendero puede tener una longitud total de 22 metros entre la entrada al hormiguero y la planta de la que las hormigas cortan fragmentos de hojas. Si un hormiguero está poblado por 50.000 hormigas obreras y tiene cuatro senderos, en cada uno de los cuales siete metros no van por el suelo sino por ramas caídas o raíces expuestas, el nido ahorra alrededor de 7.800 horas-hormiga de trabajo por día para ingresar la misma cantidad de alimento.
Las rutas de las sociedades humanas y los senderos de las hormigas presentan desafíos ingenieriles similares en el marco de reducir los costos de construcción y mantenimiento, y hacer máximos los beneficios que otorgan a la sociedad.
Pero el tránsito de las hormigas tiene varias diferencias con el de los humanos. En primer término, las hormigas que circulan por un camino pertenecen a la misma colonia y tienen un objetivo común: ir a buscar alimento y llevarlo al nido. Los vehículos o personas, pese a ser parte de la misma sociedad, tienen objetivos e intereses particulares, que pueden ser distintos del común. En ambos casos, sin embargo, los comportamientos individuales que reducen retrasos benefician finalmente al conjunto de la sociedad.
Las hormigas parecen comportarse de manera más cooperativa. Las reglas de tránsito en las sociedades humanas se basan en imposiciones externas, vigilancia de la autoridad y penalidades, mientras que las reglas de tránsito en las sociedades de hormigas carecen de esos elementos, se basan en intercambio de información y poseen mecanismos de retroalimentación que benefician a la sociedad, como un menor acarreo de cargas exageradamente grandes en situaciones de alto flujo.
Los estudios comparativos del comportamiento en el tránsito de las hormigas son cada vez más observados por los ingenieros y los sociólogos en la búsqueda de una mayor y mejor organización de las sociedades complejas.