Desde el dispositivo hospitalario trabajan en un estudio sobre la violencia escolar. Realizaron una encuesta en diez escuelas públicas y privadas. Aunque se están tabulando los resultados del análisis preliminar surge una naturalización del problema. Las consecuencias de este flagelo impactan en el tipo de consultas que se reciben en el nosocomio.
DE LA REDACCION. El Servicio de Adolescencia del Hospital San José trabaja en un proyecto para abordar la problemática de la violencia escolar conjuntamente con autoridades educativas, docentes y padres. En este marco, en diez escuelas donde el Servicio está realizando charlas con alumnos y educadores, realizaron una encuesta sobre mil chicos para contar con sus testimonios respecto de esta problemática.
En consenso con las inspectoras, tomamos diez escuelas, siete públicas y tres privadas como para tener un parámetro de referencia y estamos analizando las respuestas de chicos de entre 10 y 14 años que fue la franja de edad que relevamos porque es el segmento en el que recibimos el mayor número de consultas por cuestiones asociadas a la violencia, comentó a LA OPINION el psicólogo Mariano Aguirre, integrante del Servicio de Adolescencia del Hospital San José, un espacio de trabajo que conduce la pediatra Susana Guerrero y en el que trabaja también la psicóloga Melisa Sánchez.
Acompañado por la doctora Cristina Sánchez, cardióloga del nosocomio que se ha interesado en esta temática y colabora con los integrantes del equipo en poder hacer visible un problema, Aguirre relató: Quisimos saber si se encuentran seguros en el ámbito escolar y qué tipo de situaciones sienten como una agresión y refirió que aunque no están los resultados definitivos, lo que se observa es que los chicos naturalizan la violencia.
- ¿Qué se desprende del estudio que han realizado?
Mariano Aguirre: - Ellos internalizan la violencia, la naturalizan y no la ven como algo malo. Eso es lo más preocupante porque estamos hablando de chicos de edades que van desde los 10 a 14 años. Es alarmante que esa sea la edad con mayor índice de agresión entre pares. Esto queda reflejado en el estudio y en lo que observamos en el propio Servicio de Adolescencia.
- En función de estos resultados preliminares y de los datos finales del estudio: ¿Qué tipo de estrategias se pondrán en marcha?
Mariano Aguirre: - Nuestra primera idea es darle visibilidad al problema. Que el propio sistema educativo y los padres tomen conciencia de que la violencia ocurre entre los chicos y que puedan actuar porque cuando esta problemática se les venga encima, las consecuencias aparecen en la salud y en el futuro de estos chicos. Las escuelas están desbordadas y no todas cuentan con profesionales capacitados en este tema, por fuera de los equipos de orientación escolar. La propuesta de largo plazo es poder trabajar entre todos en el diseño de un protocolo de abordaje.
Cristina Sánchez: - Estas estrategias deben ser con el compromiso de la sociedad. Desde el Servicio de Adolescencia se está haciendo un trabajo maravilloso en el aspecto de la detección y de la visualización de la violencia. Una vez que el problema está detectado el desafío es pensar de qué forma los maestros son capaces de modificar una actitud respecto de esto. Que puedan hacerlo depende de que cuenten con un marco de contención y de protocolos adecuados. La participación de los padres también es fundamental. Y posiblemente resulte necesario conformar grupos en los que se pueda dar una conversación orientada a prevenir y resolver. La violencia es la consecuencia de lo que sucede en una sociedad consumista y es importante que los adultos puedan acordar criterios.
- ¿Imaginan este protocolo liderado por el Sector Salud? ¿Por qué es un espacio de salud el que toma la iniciativa en el planteo de este tema?
Mariano Aguirre: - Esta cuestión no atañe solo a salud. Nos propusimos trabajar en este tema porque la violencia es un problema que vemos en este espacio de salud, el disparador de muchas de las consultas que atendemos. Pero un protocolo de abordaje e intervención debe darse de manera interdisciplinaria en un espacio común en el que se encuentren los actores sanitarios, educativos y las familias. No hay chicos buenos o malos, los chicos hacen síntoma por los adultos y la familia es la base y el eje de todo. Pero no se trata de buscar culpables, sino de saber que como sociedad el problema existe y hay que encontrar soluciones.
- ¿Cuáles son las futuras acciones del proyecto?
Mariano Aguirre: - Durante todo este año seguiremos trabajando con los chicos en los colegios. En algunos casos rescatando a los chicos que sufren bullying para atenderlos en el Servicio de Adolescencia. A cada escuela le hacemos una devolución de lo que observamos en los encuentros que mantenemos semanalmente. El año siguiente la idea es formar promotores en la detección de la violencia escolar.
Cristina Sánchez: - El encuadre social del chico es sumamente agresivo. Viven en contextos violentos. Todo esto lleva a una situación de insatisfacción de los padres, de los chicos y nada se les acerca a una vida feliz, que es la condición que debiera tener la infancia. Frente a esto, también el marco judicial debe aggiornarse, porque es un sistema muy lento en el que las denuncias reales siguen una vía demasiado burocrática. Así como existió el Ni una menos con respecto a la mujer, así probablemente debamos generar una acción para proteger a los chicos de la violencia.
Más consultas
Destacando el apoyo de la dirección del Hospital al proyecto y a la tarea del Servicio de Docencia e Investigación, Aguirre señaló que a partir del trabajo en esta temática se incrementaron los niveles de consulta en el Servicio de Adolescencia. El mayor esfuerzo terapéutico está puesto en que los chicos puedan cambiar sus pautas de relación y para ello necesitamos de los adultos, porque cuando no existe un entorno continente, el chico queda desamparado y la consecuencia de ello es quedar a merced de una sociedad expulsiva que lo arrastra a las drogas, el alcoholismo y el embarazo no deseado.