jueves 14 de mayo de 2026

Los alumnos del Instituto El Socorro, unidos en la elaboración de dulces

6 de septiembre de 2015 - 00:00

Como parte de un proyecto escolar, preparan mermeladas y dulce de leche bajo la marca “Villa Angélica”. A raíz de una campaña de donación de sangre surgió que una parte de la población posee elevados niveles de glucosa, entonces el año que viene la producción será sin azúcar. La idea fue beneficiada por el programa “Semillero de futuro”, de Monsanto. 

DE LA REDACCION. El Instituto Comercial El Socorro no solo se caracteriza porque su matrícula está compuesta solamente por alumnos de ese pueblo del Partido de Pergamino sino también porque desde hace unos años los jóvenes elaboran dulces.

El proyecto nació de la mano de la docente Ana Miriam Tellechea, quien luego de elaborar dulce de zapallo con los alumnos de la Escuela Media Nº 3, de Manuel Ocampo, decidió llevar la idea hasta El Socorro: “Dentro del proyecto institucional, estaba la posibilidad de llevar adelante un microemprendimiento para que los alumnos del último año plasmen toda la trayectoria y la formación en economía y administración (orientación pedagógica del establecimiento). Justo en ese momento surge el programa ‘Semillero de futuro’, de Monsanto, por lo que adecuamos el proyecto a lo que solicitaba la empresa multinacional. Y fue seleccionado, lo que significó que obtuvimos un dinero con el que adquirimos elementos para poder trabajar mejor”.

Los jóvenes que participaban del proyecto, siempre en horario extra clase, elaboraban dulces con ollas que les prestaba el Centro Educativo Complementario y los quemadores eran aportados por alumnos y profesores: “Todo era muy casero”, recuerda Ana y agrega como virtud de esta tarea que “el proceso para elaborar dulce es muy integrador porque todos trabajan, todos quedan atrapados; uno trata de fortalecer en los jóvenes las capacidades, no sólo la intelectual, además de esta manera se les da confianza”. Otra característica del emprendimiento señalada por la docente es que se trata de una actividad que está al alcance de cualquier chico. Así sucedió que mientras uno cortaba las naranjas, otro sacaba las cáscaras, otro hacía el packaging y otro la publicidad”.

Bajo la marca “Villa Angélica” (cabe recordar que tal es el nombre del pueblo, cuya estación ferroviaria se denomina El Socorro) los alumnos comenzaron a elaborar dulce de leche (envasado en tarros de cartón) y diferentes tipos de dulce: de naranja, de frutilla, mermelada de naranja (con cáscaras), mermelada de quinotos y quinotos en almíbar. Además, y según las frutas de estación, hacen dulce de melón, de frutilla, de naranja y tienen pensado agregar dulce de kiwi.

Los conocimientos (para la elaboración de dulces, esterilización de envases, conservación de alimentos y envasado) se los aportó personal del Centro de Formación Profesional Nº 401 (una instructora aportó la receta de los dulces) y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta). Luego el Instituto realizó una campaña en el pueblo para recolectar frascos de vidrio para envasar la mermelada: “Siempre buscamos aportes de gente que conocía del tema. La primera vez que hicimos dulces cada alumno se llevó cuatro o cinco frascos para venderlos y con la recaudación los chicos se pudieron solventar parte de la fiesta de egresados”, recuerda Tellechea, orgullosa de sus alumnos.

 

Una cosa lleva a la otra

Existe un refrán que reza “Una cosa lleva a la otra”. Y el caso de lo ocurrido con la experiencia de los chicos socorrenses se amolda a la sentencia. Uno de los proyectos escolares de los últimos años fue una campaña de donación de sangre; en la evaluación de quienes querían ser donantes en el pueblo, se relevó qué patologías tenían sus habitantes, entre otras consultas. Una de las conclusiones arrojó que existe una parte importante de la población del pueblo hipertensa y con niveles de glucosa elevados. “Entonces pensé que nuestros dulces no iban a poder ser consumidos por ese mercado. Fue así que me contacté con dos nutricionistas para saber si era muy difícil elaborar dulces sin azúcar (light). Entre varios profesores cada uno consultó sobre el método de realizarlo y, como no es difícil, decidimos armar un proyecto para presentar en el Programa ‘Semillero de futuro”, de la firma Monsanto”, narra Tellechea. El Programa de Responsabilidad Social de Monsanto “Semillero de Futuro 2015” es financiado por la Fundación Monsanto con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las comunidades. Los proyectos seleccionados se encuentran relacionados con huertas productivas, comedores comunitarios, temáticas nutricionales y demás iniciativas sustentables que reflejen la capacidad de innovación y los objetivos a alcanzar por la institución.

 

“Combinando sabor y cuidado”

Según rezan los términos presentados en el proyecto titulado “Combinando sabor y cuidado”, el plan consta de “elaborar dulces y mermeladas con bajo contenido de azúcar ya que la institución realizó un relevamiento sobre salud durante el 2014 y se detectaron varios casos de diabetes, obesidad e hipertensión, por lo que quieren elaborar un producto para dicho segmento. La producción se comercializará en El Socorro y las localidades vecinas de General Gelly y Santa Teresa (Santa Fe)”.

Lo que buscaban Ana Tellechea y los profesores del Instituto, si la empresa les aprobaba el proyecto, era mejorar la sala de producción de dulces. Afortunadamente así fue y “con el dinero del premio obtenido en el primer proyecto hicimos una sala de producción, la dividimos, pintamos con pintura indeleble y pusimos los extractores, ambos requisitos exigidos por Bromatología. De ahora en más con el dinero de este segundo proyecto vamos a finalizar con la terminación de la sala de producción como los mosquiteros, vamos a comprar una paila (ya dejaremos de trabajar con la olla), una máquina para esterilizar (dejaremos de hervir los frascos en ollas) y otros aspectos como aumentar la producción, ya que queremos salir del mercado de El Socorro y visitar más pueblos vecinos. En fin, nos vamos a tecnificar”, especificó la docente.

Según contó Ana Tellechea, además de incorporar tecnología habrá otra novedad: “Para este nuevo proyecto trabajarán todos los chicos del Instituto”. El Instituto Comercial El Socorro cuenta una matrícula de 80 alumnos.

A tal fin en los próximos días se realizará una reunión con los padres de los alumnos para avanzar en los próximos meses con una producción de mermeladas con azúcar y el año que viene la producción de los dulces sin azúcar: “Para llevar adelante estos pasos tenemos que capacitar a los chicos en todos los procesos de elaboración de las mermeladas. Además queremos sumar a los papás, porque la idea es acercar a la familia. Entonces, como condición sine qua non, los alumnos deberán ir acompañados de un familiar a la hora de elaborar los dulces en el contraturno. De esta manera cumpliríamos dos objetivos: el acercamiento de la familia y armar un equipo de trabajo con los alumnos, porque los que ingresaron este año no tienen experiencia”.

Según el cronograma de trabajo previsto por la docente, los alumnos de primer año verán la alimentación saludable; en segundo y tercer año trabajarán en las enfermedades cardiovasculares que produce el exceso de consumo de hidratos, la diabetes; cuarto año trabajará la difusión, facturación y organigramas; y en quinto año verán gestión organizacional y las cooperativas. También redactarán un estatuto. Además, cada curso elaborará una propuesta respecto de cómo destinar lo recaudado por la venta de dulces: “El Centro de Estudiantes evaluará la mejor idea sobre cómo usar los recursos y eso también constará en el estatuto”, manifestó la docente socorrense, y agregó: “De esa manera los chicos van a ver la administración, la economía, lo rentable, el emprendedurismo, las habilidades y lo social”.

Finalmente, Ana Tellechea a modo de conclusión dijo que el proyecto une, moviliza y fortalece a los jóvenes: “Hoy la crisis más grande de los chicos pasa por no tener confianza en ellos mismos, entonces hay que dársela; es fundamental hacerles saber y sentir que sus ideas sirven, valen y después plasmarlas. Todos los chicos tienen potenciales y eso es precisamente lo que hay que buscar”.

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