Este lunes se conoció en Pergamino la muerte de Rosarito Echecopar, socia vitalicia de Douglas Haig y viuda de Juan Miguel Echecopar, campeón mundial de clubes con Estudiantes de La Plata y referente del ascenso de 1986. Estaba internada desde hacía casi 20 días por una neumonía en una clínica privada.
La comunidad de Pergamino despide con pesar a Rosarito Echecopar, histórica acompañante del Club Atlético Douglas Haig y viuda del recordado futbolista y entrenador Juan Miguel Echecopar, una figura emblemática del deporte local.
Su fallecimiento se produjo este lunes, luego de permanecer internada durante casi 20 días en una clínica privada de la ciudad a raíz de una neumonía. La noticia generó muestras de afecto y reconocimiento tanto en el ámbito deportivo como en distintos sectores sociales de Pergamino.
Rosarito —Dominga Rosario Ostoich— fue mucho más que la esposa de un ídolo futbolístico. Durante más de cuatro décadas sostuvo un vínculo inquebrantable con Douglas Haig, institución a la que acompañó desde 1979, cuando su esposo regresó a Pergamino para vestir nuevamente la camiseta rojinegra.
Una vida junto al fútbol y al club
El nombre de Juan Miguel Echecopar está asociado a páginas doradas del fútbol argentino. Integró el plantel de Estudiantes de La Plata que se consagró campeón mundial de clubes, logro que lo proyectó a nivel internacional. Años más tarde, ya en Pergamino, condujo a Douglas Haig al histórico ascenso de 1986 al campeonato Nacional, un hito que marcó a generaciones de hinchas fogoneros.
En cada etapa, Rosarito estuvo presente. Desde las tribunas, en los homenajes, en los encuentros familiares y en los momentos más significativos del club. Su figura se convirtió en sinónimo de compromiso silencioso, apoyo constante y sentido de pertenencia.
En 2020, la comisión directiva de Douglas Haig decidió reconocer esa trayectoria declarándola socia vitalicia. Para alcanzar esa distinción se requieren 30 años ininterrumpidos como socia activa, requisito que ella superaba ampliamente, ya que llevaba más de 40 años abonando su cuota y acompañando a la institución.
El reconocimiento fue comunicado oficialmente a través de los canales del club, destacando su fidelidad y su vínculo afectivo con la entidad rojinegra. Aquel gesto institucional sintetizó el cariño que el mundo fogonero le profesaba.
Trayectoria laboral y familia
Además de su cercanía con el fútbol, Rosarito desarrolló una extensa trayectoria en el rubro farmacéutico. Fue parte de la reconocida farmacia del barrio Centenario, ubicada sobre avenida Juan B. Justo, un comercio tradicional de la ciudad que la vinculó durante años con vecinos y clientes que hoy también la recuerdan con afecto.
Madre de tres hijos —Miguel, Rolo y Lola— y abuela, su entorno familiar fue siempre su sostén y su orgullo. En más de una oportunidad se la vio acompañando a sus seres queridos en eventos deportivos y actos conmemorativos vinculados a la memoria de su esposo, manteniendo viva la huella que dejó en el deporte pergaminense.
Una despedida con huella en Pergamino
La historia de Rosarito Echecopar está indisolublemente ligada a la de Douglas Haig y al legado de Juan Miguel Echecopar. Su figura representó el acompañamiento permanente detrás de un ídolo popular y el compromiso genuino con una institución que forma parte de la identidad de Pergamino.
Su partida deja un vacío en el ámbito deportivo y social de la ciudad, pero también el recuerdo de una mujer que, desde la discreción y la constancia, construyó un lazo profundo con el club y con la comunidad.