La forma de vacacionar de los argentinos está atravesando una transformación clara. Lejos de hablar de un retroceso del turismo, los datos y las voces del sector coinciden en que se trata de una reconfiguración de hábitos, marcada por viajes más cortos, decisiones tomadas sobre la hora y una fuerte incidencia del clima, la agenda y la relación precio–experiencia.
Así lo plantea la Came (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) en su último informe sobre la temporada de verano, y lo ratifica Natalia Mastorchio, socia gerenta del Departamento de Turismo de Mutual del Plata, quien observa el fenómeno de primera mano desde el mostrador de la agencia.
“La gente hoy busca viajes cortitos, de cuatro o cinco días”, explica Mastorchio. Y agrega: “Eso pasa tanto en verano como durante el año, porque hay muchos feriados largos ya marcados en el calendario y la gente los aprovecha”.
Según la especialista, muchos viajeros optan por no tomarse vacaciones extensas, sino repartir el descanso en varias escapadas: “Por ahí hacen cuatro o cinco días en la costa y después lo complementan con algún fin de semana largo a otro destino”.
Este comportamiento coincide con lo que señala la Came (Confederación Argentina de la Mediana Empresa): el turista actual define tarde, ajusta la duración de la estadía y prioriza experiencias concretas, por sobre los viajes largos planificados con anticipación.
Decidir a último momento: el clima manda
Uno de los factores clave de este cambio es la inestabilidad climática, especialmente en la Costa Atlántica. “Este enero fue récord en consultas de último momento”, contó Mastorchio. “Llamaban para irse en una semana. Antes eso no pasaba tanto”.
“Hoy, quien puede acomodarse en el trabajo espera a ver cómo viene el clima y recién ahí decide”, explicó, en línea con el informe de Came, que advierte sobre una temporada más volátil, donde la ocupación sube rápido con buen tiempo y cae con la misma velocidad cuando las condiciones no acompañan.
Viajar sí, pero con cuidado en el gasto
El deseo de viajar sigue intacto, pero el consumo cambió. Hay más turismo llamado “gasolero”. Carpas, paradores y gastronomía se eligen con más cautela, sobre todo para familias. El informe de Came refuerza esta idea: no hay menos gasto, sino un gasto más racional y direccionado, donde se priorizan consumos esenciales y experiencias con sentido.
Argentina o exterior: una brecha que se achicó
Otro punto que incide en las decisiones es la comparación entre destinos nacionales e internacionales. “Este año se achicó mucho la diferencia entre viajar afuera y viajar en Argentina”, explicó Mastorchio. “Brasil, por ejemplo, no es caro para el día a día; comer y vivir allá sale similar o incluso menos que en nuestra costa”.
Entre los destinos más elegidos del exterior mencionó Camboriú, Florianópolis, Río de Janeiro y Buzios, impulsados además por vuelos directos. Aun así, aclaró que Argentina sigue siendo protagonista en los viajes cortos, con clásicos como Iguazú, Mendoza, la Costa Atlántica o el sur.
Feriados XXL, el gran motor del año
Con un calendario cargado de fines de semana XXL, el movimiento turístico parece garantizado. “La gente ya empezó a consultar por los feriados largos”, afirmó Mastorchio. “Son viajes cortos dentro del país, ideales para escaparse sin hacer un gran gasto”.
Carnaval, Semana Santa y otros fines de semana extendidos aparecen como los grandes dinamizadores de la actividad, tal como marca Came: el turista se mueve menos por el destino en abstracto y más por activadores concretos, como eventos, festivales o experiencias puntuales.
El viaje como necesidad
Pese a los discursos alarmistas, Mastorchio es optimista: “Yo creo que va a ser un buen año. La gente sigue viajando. Hoy las vacaciones son casi una primera necesidad”.
“Tal vez no se van lejos ni muchos días, pero la gente necesita salir de la rutina, cambiar de aire”, resumió. Una idea que también atraviesa el informe de Came: lejos de retraerse, el turismo argentino se reorganiza, se vuelve más flexible, selectivo y pragmático.
El cambio de paradigma ya está en marcha. Y todo indica que llegó para quedarse.