Entre el año 10.000 A.C. y el año 1.900 D.C la población humana del planeta Tierra llegó a los 1.650 millones y desde el año 1.900 hasta la actualidad la población alcanzó los 8.300 millones. Es lógico que en nuestra percepción del mundo y su devenir esté incorporada la idea que la población creciente resulte un fenómeno natural y predecible. Pero los datos demográficos indican que si bien a nivel global la población mundial seguirá incrementándose durante algunas décadas, hacia la mitad del Siglo XXI primero se detendrá el crecimiento y sobrevendrá un período de estabilización y muy probablemente de disminución poblacional. Particularmente, en la mayoría de las naciones de América Latina, somos contemporáneos de una etapa de transición demográfica caracterizada por un descenso notable de las tasas de fecundidad, de las tasas de natalidad y un acelerado proceso de envejecimiento de la población, proceso que muestra una agudeza mayor en Argentina que en otros países de la región.
Según un estudio de la Universidad Austral, la tasa bruta de natalidad (expresa el número de nacidos vivos por cada 1.000 habitantes) en los años 2023-24 se ubica como promedio regional en 14,5 x 1.000 mientras que en Argentina dicha tasa es de 9,9 x 1.000 habitantes. En relación al índice de envejecimiento (establece la cantidad de personas de 65 años o más por cada 100 personas cuyas edades oscilan entre 0 y 14 años) en México, Bolivia y Paraguay el índice se ubica en 31 y 34 personas mayores de 65 años cada 100 menores de 14 años, mientras que en la Argentina el índice al se ubica en 61 personas de más de 65 años cada 100 menores de 14 años. Estos datos reflejan una reducción significativa de la población juvenil en Argentina y una inversión de la pirámide poblacional: nacen menos bebés y se agiganta el segmento de gente adulta mayor.
La tasa de natalidad en Argentina, según datos oficiales, cayó aproximadamente un 45 % desde el año 2014 hasta el año 2024. Los hogares sin niños crecieron drásticamente, representando en la actualidad un 57 % del total de hogares según el censo del año 2022, cuando en el año 1991 sólo el 44% de los hogares no tenían un niño bajo su techo. Una caída de las tasas de natalidad y una prolongación de la vida adulta, especialmente, entre las mujeres, sintetizan el cuadro estadístico descripto.
La provincia de Buenos Aires y, Pergamino en particular, no eluden la tendencia regional y nacional. Según el último censo poblacional del año 2022 Pergamino se hallaba poblado por 115.340 personas; de las cuales 60.152 eran de sexo femenino y 55.188 eran de sexo masculino. Se estima que a la fecha la población de Pergamino llega a las 116.540 personas. En el año 2015, según datos oficiales proporcionados por el Registro Provincial de las Personas de la Provincia de Bs. As. , nacieron en Pergamino 1.728 bebés, de los cuales eran 859 femeninos y 869 masculinos. Durante el año 2025 nacieron en Pergamino 872 bebés, femeninos 409 y masculinos 463. Es decir, en 10 años se produjo una reducción del 50 por ciento de los nacimientos. En cuanto a las defunciones en el año 2015 acaecieron 1.124 fallecimientos y durante el año 2025 hubo 986 defunciones. Claramente, en el año 2025 se produjeron más defunciones que nacimientos, situación que viene repitiéndose desde el año 2021 hasta la fecha.
Otro dato significativo es que cada año nacen más varones que mujeres, pero la población en su conjunto contiene un 10% más de habitantes de sexo femenino, ya que las mujeres tienen una vida más prolongada que los hombres en promedio.
Los cambios demográficos constituyen un fenómeno social multicausal motivado por la confluencia de un conjunto diverso de factores. La emergencia de una nueva realidad demográfica, caracterizada por la caída pronunciada de las tasas de fecundidad y de natalidad, el raudo envejecimiento poblacional y la aparición de nuevas estructuras y dinámicas familiares, está motorizada por causas culturales (cambios en las escalas de valores, de roles sociales de la mujer, de prioridades vitales, de modelos de vida, etc.), económicas ( dificultad creciente para acceder a bienes materiales indispensables para asegurar la crianza de los hijos, a la vivienda, a trabajos mínimamente estables, etc.), científico-tecnológicas, institucionales y sociales que, en la medida que se profundice, generará un impacto disruptivo en los sistemas de salud, educativos, previsionales, en el mercado laboral, en el funcionamiento de la economía, en la geopolítica, en las políticas sociales, en los presupuestos estatales.
Este panorama provoca una serie de interrogantes inquietantes, a saber: ¿El cambio demográfico es francamente negativo o constituye una ventana de oportunidad para redefinir aspectos sustanciales del funcionamiento de la sociedad en distintos ámbitos? ¿Podremos aprovechar la transición demográfica para construir un mundo más equitativo y seguro para todos o como dice Elon Musk lo que él denomina "el colapso poblacional" es la mayor amenaza para la supervivencia de la especie humana, aún más grave que el calentamiento global? ¿El Estado debe intervenir y ejercer un control poblacional induciendo el incremento de los índices de natalidad y de fecundidad o la decisión de reproducirnos y dejar descendencia es un asunto estrictamente personal, individual, ajeno a la influencia comunitaria? Quién debe decidir cuándo, cómo y cuántos hijos tener? Ante la disminución de la matrícula escolar los expertos dicen que se podrá contar con más docentes por alumnos e infraestructura escolar suficiente para albergar a la comunidad educativa, ¿ello será la oportunidad para encarar una reforma educativa que eleve considerablemente el nivel educativo, especialmente de la educación primaria y secundaria para los sectores sociales más empobrecidos? ¿Cómo haremos para sostener económica y financieramente los sistemas sanitarios y previsionales ante una población que envejece raudamente? Y en caso de acordar que resultan imprescindibles políticas públicas que incentiven el aumento de las tasas de natalidad y fecundidad, ¿cuáles serían los contenidos y medidas de dichas políticas y hacia qué modelo de sociedad tenderían? Son desafíos políticos, económicos, culturales y sociales que esperan de los dirigentes y de toda la sociedad respuestas, consensos y acciones coherentes.