El crimen de Saúl Eduardo de Francesco, un jubilado de 79 años asesinado de un disparo en la nuca, conmocionó a la comunidad de Zárate no solo por su brutalidad, sino por la implicancia directa de una oficial activa de la Policía Bonaerense. La investigación judicial ya permitió detener a cuatro personas, entre ellas un ex agente exonerado y otros dos cómplices locales.
La trama detrás del asesinato de Saúl De Francesco
Saúl De Francesco, jubilado civil de la Base Naval de Zárate, fue asesinado el miércoles 17 de septiembre de 2025. El cuerpo fue hallado cuatro días después, en un descampado de Baradero. El fiscal Juan Pablo Esperante, a cargo de la causa, reconstruyó los pasos del crimen: una oficial de policía utilizó su vínculo institucional para engañar a la víctima, mientras otros tres implicados concretaban el secuestro y posterior ejecución.
El disparo en la nuca confirmó la modalidad del crimen: una ejecución. Las pericias determinaron que no hubo forcejeo previo ni intento de robo espontáneo. La escena fue elegida, planificada, y ejecutada con un móvil que, según la fiscalía, responde a la codicia: creían que De Francesco guardaba dinero en efectivo en su departamento de calle Valentín Alsina.
La implicancia policial: un dato que agrava el caso
La acusada clave es Florencia Ludmila Valentini, oficial en funciones del Comando de Patrullas de Campana. Valentini, según informes de tarjetas de crédito y microcréditos, acumulaba una deuda superior a los $4,5 millones. Esa situación financiera habría sido el motor que llevó a idear un plan que involucró a su pareja, Alejo Ezequiel Moreno, exonerado de la Policía Bonaerense por su participación en un asalto con resultado de muerte.
La primera aproximación se dio a las 16:00 del 17 de septiembre. Valentini se presentó en la vivienda de De Francesco fingiendo ser sobrina de un excompañero. Le dijo que lo esperaban en una “reunión en su honor”. El hombre, desconfiado, no aceptó subir al vehículo. Esa negativa modificó el plan: horas después, tres hombres lo interceptaron a pocas cuadras y lo obligaron a subir a un Ford Focus gris, mientras Valentini seguía el movimiento desde un Volkswagen Gol blanco.
La ejecución en Baradero y el intento de robo posterior
El grupo condujo hasta un descampado a 40 kilómetros, en la zona rural de Baradero. Allí, ejecutaron al jubilado con un tiro en la nuca y regresaron a Zárate. El siguiente paso era ingresar al departamento de la víctima, convencidos de que allí encontrarían el dinero. Sin embargo, fueron sorprendidos por ruidos en el edificio y abandonaron el lugar.
La denuncia fue radicada por el hermano de De Francesco al mediodía siguiente. Un sobrino aportó un dato clave: había visto a su tío hablar con una mujer desconocida, coincidiendo con la descripción de Valentini. Además, un llamado al 911 alertó esa misma tarde sobre tres hombres subiendo a la fuerza a una persona en la calle Valentín Alsina.
Investigación, pruebas y detenciones
El fiscal Esperante reunió una batería de pruebas contundente: imágenes de cámaras de seguridad, registro de antenas celulares, testimonios y cruces de vehículos. Las cámaras confirmaron el tránsito de ambos autos y la presencia de Valentini con la víctima. El análisis de telefonía móvil confirmó el recorrido de los implicados desde Zárate hasta Baradero.
Las órdenes de arresto fueron firmadas por la jueza de Garantías Graciela Cione. Valentini y Moreno fueron detenidos el 19 de septiembre, mientras que Matencio Limache fue arrestado un día después junto al Ford Focus gris usado en el secuestro. Lucas Gabriel Lemos, el cuarto implicado, también quedó bajo custodia.
Todos enfrentarán cargos por homicidio agravado, figura penal que contempla prisión perpetua. El fiscal Esperante avanza con las declaraciones indagatorias y el cierre de la etapa de instrucción, mientras la familia de la víctima reclama justicia.
Una traición institucional que sacude a la comunidad
La implicancia de una oficial activa y la planificación del crimen desde dentro del aparato policial ponen al caso en un plano institucional. La confianza pública quebrada, el abuso de poder y la manipulación emocional de una persona mayor agregan capas de gravedad al hecho, que ya es, por sí solo, uno de los más impactantes en la historia reciente de Zárate.
Este crimen no fue solo un robo fallido ni una ejecución por ajuste de cuentas: fue la traducción criminal de una deuda, una desesperación convertida en violencia planificada, y una traición institucional que dejó a la vista las fisuras éticas de quienes deberían custodiar la ley.