“Es uno de los pocos tumores que tiene un precursor, que es el pólipo. Sabemos que tarda entre 8 y 10 años en transformarse en cáncer, entonces si lo detectamos a tiempo y lo sacamos, cortamos esa evolución”, explicó Basile durante la entrevista.
Los pólipos son pequeñas formaciones que aparecen en el intestino grueso y que, en muchos casos, pueden evolucionar hacia un tumor maligno si no se tratan. Pero justamente ahí radica la clave: al ser detectables y removibles, permiten evitar que la enfermedad avance.
“No todos los pólipos se transforman en cáncer, pero todos deben ser estudiados y, en general, se recomienda su extracción para eliminar cualquier riesgo”, agregó el especialista.
El rol clave de los controles
En este contexto, la prevención se apoya en una herramienta fundamental: los estudios médicos. La recomendación actual es clara y ha sido actualizada en los últimos años.
“Hoy se recomienda empezar con los controles a partir de los 45 años, incluso en personas sin síntomas ni antecedentes. Antes era desde los 50, pero se vio que las lesiones aparecen cada vez más temprano”, señaló Basile.
En aquellos casos donde existen antecedentes familiares directos —padres, hermanos— con cáncer de colon o pólipos, los controles deben iniciarse incluso antes, ya que el riesgo es mayor.
El mensaje es contundente: no esperar a que aparezcan síntomas. “Muchas veces estas lesiones no dan ningún tipo de manifestación durante años. Por eso hablamos de una ventana de tiempo muy grande para actuar de manera preventiva”, explicó.
Colonoscopía: diagnóstico y tratamiento
Entre las herramientas disponibles, la colonoscopía se posiciona como el método más completo. No solo permite observar el interior del colon, sino también actuar en el mismo momento.
“La videocolonoscopía hoy en día es un procedimiento seguro, prácticamente de rutina, que nos permite hacer diagnóstico y tratamiento al mismo tiempo”, afirmó Basile.
Durante el estudio, el profesional puede detectar pólipos y extraerlos en el mismo procedimiento, lo que interrumpe el proceso de evolución hacia el cáncer.
A pesar de su eficacia, aún persisten temores en la población, especialmente asociados al dolor o la incomodidad. “Dura unos 20 minutos, se hace con sedación y el paciente no siente absolutamente nada. Es una sedación consciente, más leve que una anestesia general, pero suficiente para que el procedimiento sea totalmente tolerable”, detalló.
Avances que mejoran la experiencia
Uno de los aspectos que más ha evolucionado en los últimos años es la preparación previa al estudio, que históricamente generaba rechazo.
“El día anterior se hace una dieta líquida y se toma un laxante. Hoy esos preparados han mejorado muchísimo: son más tolerables, con sabores agradables y no generan molestias importantes”, explicó el especialista.
Estos avances han contribuido a que cada vez más personas se animen a realizar el estudio, entendiendo que se trata de una herramienta clave para la prevención.
“La gente que se lo hace después dice ‘no era como pensaba’. Eso es importante, perder el miedo”, agregó.
Alternativas de detección
Además de la colonoscopía, existe otra opción menos invasiva que puede funcionar como primer paso, especialmente en estudios poblacionales: el test de sangre oculta en materia fecal.
Se trata de un análisis simple que detecta la presencia de sangre no visible en las heces, lo que puede ser un indicador de lesiones en el colon.
“No reemplaza a la colonoscopía porque no permite tratar en el momento, pero es un buen indicador y una herramienta válida para comenzar”, explicó Basile.
Factores de riesgo y prevención desde los hábitos
Más allá de los controles médicos, existen factores de riesgo que pueden influir en la aparición de la enfermedad, muchos de los cuales están vinculados al estilo de vida.
Entre ellos se destacan: Dietas ricas en carnes rojas y alimentos procesados, bajo consumo de fibra, sedentarismo, obesidad, tabaquismo.
Consumo excesivo de alcohol
“Las dietas occidentales tienen más riesgo de cáncer de colon que, por ejemplo, la dieta mediterránea, que está comprobada como protectora”, señaló el especialista.
Esto refuerza la idea de que la prevención no depende únicamente de los estudios, sino también de hábitos cotidianos más saludables.
Síntomas: señales de alerta
Si bien en etapas iniciales puede no haber síntomas, hay signos que deben motivar una consulta médica: Sangre en la materia fecal, cambios persistentes en el ritmo intestinal, dolor abdominal frecuente, anemia o cansancio sin causa aparente, pérdida de peso inexplicada. “Estos síntomas pueden deberse a otras causas, pero es fundamental estudiarlos para descartar algo serio”, remarcó Basile.
Un dato esperanzador
Quizás el dato más importante y alentador es que, cuando el cáncer de colon se detecta en etapas tempranas, más del 90% de los pacientes puede curarse.
Esto transforma completamente el enfoque: ya no se trata solo de tratar la enfermedad, sino de evitar que aparezca.
Por eso, en este marzo azul, el mensaje es claro y directo: informarse, consultar y actuar a tiempo.
“No hay que esperar a tener síntomas. Después de los 45, prevenir es la mejor decisión. Detectarlo a tiempo es curarlo”, concluyó el especialista.