El organismo nacional declaró alerta por la detección de la plaga en una planta de San Pedro, vectora de la enfermedad HLB que afecta a los cítricos. Sin embargo, flexibilizó el uso de mallas anti-insectos en otras zonas, lo que preocupa a productores.
Zona citricola
El norte bonaerense, una de las regiones citrícolas más importantes del país con más de 1400 hectáreas cultivadas y 17 empaques de fruta, enfrenta una seria amenaza: la detección de la Chicharrita de los Cítricos (Diaphorina citri Kuwayama), insecto vector de la enfermedad Huanglongbing (HLB), considerada la más devastadora para la producción citrícola a nivel mundial.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) oficializó el estado de alerta fitosanitario mediante la Resolución 593/25, publicada este viernes en el Boletín Oficial. La medida rige para San Pedro y Baradero hasta el 31 de julio de 2026, y obliga a reforzar la prevención, vigilancia y control de la plaga.
La detección en una planta de traspatio en San Pedro encendió las alarmas, dado que el HLB no tiene cura y puede arrasar con la producción. Entre las recomendaciones figura la protección de plantas con mallas anti-insectos, una barrera física clave contra el vector.
Contradicciones en la estrategia sanitaria
En paralelo, el SENASA publicó la Resolución 592/25, que flexibiliza medidas preventivas vigentes desde 2009. Esta normativa exceptúa a productores de frutas en siete provincias y más de 70 municipios bonaerenses de cumplir con la obligación de cubrir sus árboles con mallas anti-insectos.
Si bien la decisión se apoya en estudios que indican que ciertas zonas no presentan condiciones para la instalación del vector ni para la producción de material cítrico de propagación, genera inquietud que municipios cercanos a la zona de alerta —como General Arenales, Junín y Chivilcoy— queden fuera de las exigencias, a poco más de 100 kilómetros de los focos detectados.
Productores y especialistas reclaman un monitoreo estricto y coordinación entre distritos para evitar la propagación de la plaga, que podría comprometer la sustentabilidad de la actividad citrícola en la región.
Vigilancia constante
La vigilancia constante y la denuncia inmediata de casos sospechosos son, según el SENASA, las principales herramientas para contener esta amenaza.