La accesibilidad dejó de ser una consigna abstracta para convertirse en una política concreta en Pergamino. Desde la Secretaría de Desarrollo Social, en articulación con la Asociación Discapacidad Argentina, se puso en marcha un proyecto de Accesibilidad Universal que tiene como primer paso un relevamiento territorial en Avenida de Mayo.
Juan Manuel Batallanez, secretario del área, explicó el espíritu de la iniciativa: “Nace como una iniciativa para poder lograr del partido de Pergamino un lugar donde haya mucho menos barreras para las personas con discapacidad, pero también para muchas personas”.
En ese sentido, remarcó que la accesibilidad no debe pensarse como un tema sectorial: “Esto incluye a adultos mayores, personas que han sufrido accidentes, mujeres embarazadas… es decir, distintas situaciones que a veces son temporarias y a veces no, pero que pueden encontrarse con trabas urbanísticas o arquitectónicas que hacen más difícil su vida cotidiana”.
La propuesta, lejos de buscar soluciones inmediatas o aisladas, se plantea como un proceso progresivo: “Siempre lo pensamos como un trabajo paso a paso, donde paulatinamente tendremos que ir transformando situaciones que ya existen y, por otro lado, prever las que vendrán”, sostuvo Batallanez.
Diagnosticar para transformar
El punto de partida es claro: conocer en profundidad el estado actual de la ciudad. Por eso, el relevamiento que comenzó sobre Avenida de Mayo —en el tramo que va desde Plaza San José hasta las plazas Dávila y Nueve de Julio— buscó identificar obstáculos concretos en veredas, comercios y espacios públicos.
“El objetivo central es recabar información precisa y actualizada sobre las condiciones de accesibilidad existentes, identificando barreras que limiten la participación y el disfrute pleno de las personas en la vida cotidiana”, detalló el funcionario.
Este diagnóstico no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para la acción. “Es fundamental para poder tener un diagnóstico pleno que permita acercar al municipio propuestas concretas basadas en evidencia objetiva”, agregó.
A partir de esos datos, se espera avanzar en políticas públicas más eficaces: “Van a ser de gran utilidad para poder planificar políticas más eficientes, inclusivas y sostenibles en el tiempo”, explicó Batallanez.
Además, ya se proyecta un paso clave a futuro: incorporar criterios de accesibilidad en el desarrollo urbano. “Se tiene previsto trabajar en un nuevo código de edificación que empiece a incorporar todas estas necesidades”, anticipó.
Participación ciudadana
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la apertura a la comunidad. Vecinos, organizaciones y personas interesadas pudieron inscribirse como voluntarios para participar del relevamiento.
“Es una forma de participación ciudadana, pensando en el mejoramiento de nuestro entorno”, señaló Batallanez.
Para garantizar la calidad de la información recolectada, quienes participan recibieron una capacitación específica: “La idea es que la observación esté encuadrada en pautas profesionales y técnicas que permitan que sea lo más objetiva posible”, explicó.
El proceso fue coordinado desde el área de discapacidad municipal, a cargo de Belén Busalacchi, quien impulsó encuentros y espacios de formación que permitieron ampliar la participación y consolidar el trabajo colectivo.
Más allá de las rampas: derribar barreras invisibles
Si bien el relevamiento pone el foco en cuestiones físicas —como rampas, veredas o señalización—, el proyecto apunta a algo más profundo: transformar las barreras culturales y sociales.
Batallanez lo expresó con claridad: “Cuando hablamos de accesibilidad universal, no trabajamos únicamente sobre las trabas arquitectónicas, sino también sobre las barreras actitudinales”.
Y agregó: “A veces no es la falta de una rampa o de un semáforo sonoro, sino chocarse con una pared que tiene que ver con no reconocer las diferencias, con prejuicios o con no considerar a quienes tienen alguna dificultad para integrarse”.
En ese sentido, la accesibilidad se redefine como un concepto integral: “Tiene que ver con una actitud, con una conducta, con un concepto mucho más amplio de sociedad”, afirmó.
La sensibilización y la concientización aparecen entonces como ejes centrales del proyecto, tan importantes como cualquier intervención urbana.
Inclusión en acción
En paralelo al relevamiento, el Municipio impulsa otras iniciativas que refuerzan la inclusión desde lo concreto. Una de ellas es la incorporación de estudiantes de la Escuela de los Buenos Hijos a prácticas educativas y laborales en centros de desarrollo comunitario.
“Esta experiencia no solo le va a servir a los chicos que van a hacer la práctica, sino que va a enriquecer a todo el equipo de los centros”, destacó Batallanez.
Dos jóvenes comenzaron su actividad en el Centro de Desarrollo Comunitario de Otero, mientras que otras dos lo hicieron en el de San José. La propuesta fue articulada junto a la Subsecretaría de Educación y equipos institucionales, buscando generar entornos de aprendizaje inclusivos y reales.
El funcionario valoró especialmente este tipo de acciones: “Estamos muy contentos de poder empezar a llevar adelante este tipo de iniciativas”, expresó.
Hacia un Pergamino para todos
El proyecto de accesibilidad universal en Pergamino no es solo una política pública: es una invitación a repensar la ciudad desde la empatía y la equidad.
Cada vereda inaccesible, cada escalón sin alternativa, cada gesto discriminatorio son recordatorios de que la inclusión todavía es una deuda. Pero también, cada relevamiento, cada voluntario y cada nueva experiencia inclusiva marcan un camino posible.
Como sintetizó Batallanez, el desafío es doble: transformar el espacio físico y, al mismo tiempo, construir una sociedad más consciente. Porque una ciudad accesible no es solo aquella que elimina barreras, sino la que reconoce y abraza la diversidad de quienes la habitan.