viernes 15 de mayo de 2026

América en Corsa: dos amigos de Acevedo rumbo al Mundial con un sueño sobre ruedas

Lucas Cebolla y Matías Dalby atraviesan Colombia en un Chevrolet Corsa en un viaje que comenzó desde Acevedo con la meta de llegar a la máxima cita del fútbol.

15 de mayo de 2026 - 14:34

Lucas Cebolla y Matías Dalby salieron el 30 de marzo desde Acevedo, su pueblo, con una idea que rápidamente dejó de ser un simple plan entre amigos para transformarse en una travesía continental: llegar al Mundial de fútbol que comenzará el 11 de junio, recorriendo América en un Chevrolet Corsa modelo 2011. Bautizaron el proyecto como América en Corsa y, tras más de un mes y medio de viaje, hoy se encuentran atravesando el territorio colombiano.

En una entrevista realizada en el programa Fuera de Página de LA OPINION Play y FM 105.1, los protagonistas relataron el presente de una experiencia que ya los llevó por Argentina, Chile, Perú, Ecuador y ahora Colombia, con la meta de seguir hacia Centroamérica y Norteamérica para intentar llegar al Mundial.

LA ENTREVISTA COMPLETA A LUCAS CEBOLLA Y MATIAS DALBY

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Cómo nació América en Corsa

La idea no surgió de un día para otro. Ambos explicaron que el proyecto comenzó luego de una experiencia previa en Brasil. “El año pasado hicimos un viaje a Río de Janeiro con amigos y dijimos: vamos a hacer algo más loco, algo que quede para la historia”, recordaron.

A partir de esa experiencia nació la planificación de un recorrido mucho más ambicioso: atravesar el continente, conocer distintos países y llegar al Mundial. En el camino, el plan fue creciendo e incorporando destinos emblemáticos como Machu Picchu. “Estamos cumpliendo de a poquito el sueño de llegar”, resumieron.

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Salir del sistema y armar la aventura

Uno de los aspectos más fuertes de la historia es la decisión de dejar atrás la rutina laboral para iniciar el viaje. “Lo más complicado fue salir del sistema, porque estábamos trabajando, con créditos, tarjetas, la vida normal”, explicaron. La preparación llevó entre tres y cuatro meses, tiempo en el que organizaron cada detalle del recorrido. “No demoramos mucho en decidirlo, pero sí en animarnos y ordenar todo”, señalaron.

El auto fue adaptado especialmente para la travesía: herramientas, cocina portátil, alimentos, ropa y equipamiento básico para vivir en la ruta forman parte del equipaje que llevan a bordo.

En las nubes

El Corsa, protagonista del viaje

El Chevrolet Corsa 2011 se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la historia. “El Corsita viene de 10, está mejor que nosotros”, bromearon durante la entrevista. El vehículo, con motor 1.4, ha respondido de manera sorprendente a las exigencias del viaje. “No consumió aceite, casi nada de agua, y lo único que sufrió un poco fue por la altura”, detallaron. Además, destacaron su bajo consumo de combustible, algo clave para una travesía de miles de kilómetros. “Pasamos de frío a calor, de montaña a desierto y el auto sigue impecable”, remarcaron. Incluso, el propio vehículo ya generó comentarios en redes sociales, al punto de que los viajeros bromearon con que la marca debería “contratarlos”.

Con el Corsa 2

El recorrido comenzó en Acevedo y continuó por el norte argentino, atravesando Córdoba, La Rioja y la mítica Ruta 40. Desde allí cruzaron hacia Chile por el desierto de Atacama. Luego ingresaron a Perú, donde recorrieron Arequipa y uno de los puntos más significativos del viaje: Machu Picchu. Más tarde descendieron hacia Lima, pasaron por Máncora y continuaron hacia Ecuador, visitando Montañita, Baños de Agua Santa y Quito. Finalmente cruzaron a Colombia, donde avanzan hacia el norte del país con el objetivo de llegar a Cartagena para continuar el viaje hacia Centroamérica.

La solidaridad como motor

Uno de los aspectos más repetidos en la experiencia es la ayuda constante de personas desconocidas. “La mayoría de las veces dormimos en casas de familia o con gente que nos aloja”, explicaron. Utilizan plataformas como Couchsurfing, además de campamentos, carpas en la playa o la montaña, y también comunidades moteras que los van asistiendo en distintos países.

En Ecuador vivieron una de las experiencias más impactantes. Un hombre llamado Richard no solo los hospedó, sino que los llevó a recorrer la ciudad, les dio comida, contactos y hasta les llenó el tanque de combustible. “Nos emocionó muchísimo, nos hizo llorar. No nos dejó gastar ni un peso”, contaron.

Convivencia y aprendizaje

Lucas y Matías son amigos desde la infancia, vecinos de Acevedo y con una diferencia de edad de apenas tres años. Esa cercanía previa fue clave para afrontar una convivencia extrema dentro de un auto durante meses. “Somos bastante flexibles, hablamos todo y hasta ahora venimos muy bien”, explicaron. En menos de un metro cuadrado de espacio, la convivencia se vuelve parte esencial del viaje.

La vida cotidiana en la ruta implica organización permanente. Cuentan con una garrafa de gas, ollas y alimentos que compran en supermercados. “Cocinamos donde podemos, y si no, la gente nos presta su cocina”, explicaron.

La alimentación y el descanso se adaptan constantemente a la disponibilidad del camino. También relataron que en algunas ocasiones durmieron en el auto, aunque la mayoría de las noches fueron alojados por familias o comunidades solidarias.

Cruzar a Panamá en barco

Uno de los puntos más complejos del viaje es el paso desde Cartagena hacia Panamá. El cruce del vehículo debe realizarse en barco, mientras ellos viajan por separado. “El Corsita cruza en contenedor y nosotros vamos en avión una semana después, es lo más difícil de todo el viaje”, explicaron. El costo ronda los 2.200 dólares para el auto, más los pasajes individuales. Por eso, estiman que deberán permanecer entre una semana y 10 días en Cartagena para trabajar, recaudar fondos y poder continuar el recorrido.

Llegar al Mundial y algo más

Aunque el Mundial es el gran objetivo visible del viaje, ambos aseguran que la experiencia va mucho más allá del fútbol. “Queremos demostrar que se puede, que si uno se lo propone, puede hacerlo”, afirmaron. También reconocen que el viaje les puede abrir nuevas perspectivas de vida, trabajo y futuro. “No solo es llegar al Mundial, también es descubrir otras oportunidades”, explicaron.

A través de redes sociales como TikTok e Instagram, donde aparecen como América en Corsa, comparten el día a día de la travesía. Allí reciben mensajes constantes de apoyo y colaboración. “Nos escribe mucha gente que quiere hacerlo pero no se anima, y eso nos impulsa más”, dijeron.

Un viaje que ya es historia antes de llegar al destino

Mientras el calendario marca la cuenta regresiva hacia el inicio del Mundial, Lucas y Matías siguen sumando kilómetros por América. La ruta continúa, los desafíos crecen y el objetivo se mantiene firme. Pero, más allá del resultado final, América en Corsa ya dejó algo claro: los sueños no siempre empiezan con certezas, pero pueden ponerse en marcha con una decisión.

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