En una entrevista que ya es material para el stand-up político, el intendente Esteban Sanzio sorprendió al adjudicarse la “propiedad” de los pozos de Baradero y reclamar exclusividad para arreglarlos. En este caso, los baches se convirtieron en un símbolo de disputa y de una manera particular de entender la gestión: el territorio como propiedad personal.
Una declaración digna de sitcom municipal
En su cruzada por marcar territorio, Sanzio criticó al candidato de HECHOS, Marcelo Daubian, por “atreverse” a señalar los baches y pedir su reparación. El mensaje fue claro: “Los pozos son míos”, como si se tratara de un bien patrimonial y no de un problema de gestión.
Mientras los vecinos esquivan cráteres que harían sonrojar a la NASA, el jefe comunal parece más preocupado por defender la autoría que por garantizar el asfalto.
“Mis pozos, mis reglas”
La escena roza lo absurdo: Sanzio deja en claro que, si alguien va a tapar los agujeros, será él… algún día. La disputa política pasa así del plano institucional al insólito terreno de la propiedad intelectual de los baches.
Este inesperado giro deja una conclusión evidente: en Baradero no solo se compite por el poder, sino también por la exclusividad sobre los problemas.
Un síntoma de la política local
Más allá del chiste, la frase de Sanzio expone una dinámica que no es exclusiva de Baradero: el capital político que algunos dirigentes creen obtener de resolver —o no— ciertos problemas. En este caso, los baches se convirtieron en un símbolo de disputa y de una manera particular de entender la gestión: el territorio como propiedad personal.