Un audio que comenzó a circular en redes sociales dejó al descubierto una preocupante modalidad delictiva que se expande en Argentina: extorsiones telefónicas realizadas desde cárceles por internos que se hacen pasar por policías. Las amenazas, dirigidas a víctimas desprevenidas de Baradero, buscan generar miedo inmediato para obtener pagos bajo falsas acusaciones judiciales.
Cómo funciona la extorsión con falsos policías desde cárceles
El material difundido permite escuchar con claridad el mecanismo utilizado por los delincuentes. En la grabación, un hombre simula pertenecer a una dependencia policial mientras mantiene una conversación intimidante con una víctima, utilizando términos técnicos y reproduciendo sonidos similares a radios policiales para otorgar credibilidad al engaño.
La maniobra sigue un guion preciso. Primero, los extorsionadores aseguran que la persona está involucrada en una supuesta causa penal vinculada al contacto con menores a través de aplicaciones o redes sociales. Luego, incrementan la presión psicológica mediante amenazas directas.
“Si no me llamás voy a ir hasta tu domicilio de Baradero”, se escucha en el audio, una frase utilizada para generar temor inmediato y evitar que la víctima corte la comunicación o consulte con familiares o autoridades reales.
Según especialistas en delitos informáticos, el objetivo principal es bloquear la capacidad de reacción de la persona mediante el miedo y la urgencia, llevándola a actuar sin verificar la información.
El audio grabado en vivo: un delito ocurrido en tiempo real
El registro se volvió aún más impactante porque fue captado mientras un joven identificado en redes como Nicolás.79 realizaba una transmisión en vivo por TikTok desde el interior del penal. Mientras interactuaba con seguidores y se mostraba relajado frente a la cámara, detrás suyo se desarrollaba la extorsión telefónica completa.
En la transmisión se escuchan instrucciones detalladas dirigidas a la víctima, incluyendo advertencias y promesas de “ayuda” para evitar consecuencias legales inexistentes. Los delincuentes aseguran contar con datos personales y sostienen que intentan “resolver” la situación, cuando en realidad buscan obtener dinero.
La escena evidencia cómo algunos internos utilizan teléfonos celulares dentro de las unidades penitenciarias para cometer delitos a distancia, aprovechando la anonimidad y la dificultad para rastrear las llamadas en tiempo real.
Amenazas, manipulación y pedidos de dinero: el patrón que se repite
La metodología detectada coincide con múltiples denuncias registradas en distintas provincias del país. Los estafadores plantean una acusación grave —generalmente vinculada a menores— y luego ofrecen una salida inmediata mediante el pago de dinero para frenar una causa judicial inexistente.
Durante la llamada, los extorsionadores insisten en que la víctima no corte la comunicación y advierten que poseen información personal. “Tenemos todos tus datos… no queremos que se enteren tus papás, te vamos a ayudar”, se escucha en la grabación, reforzando la manipulación emocional.
Este tipo de delitos ya tuvo antecedentes dramáticos en Argentina, incluyendo casos en los que las víctimas sufrieron graves consecuencias psicológicas ante el nivel de presión ejercido por los delincuentes.
Autoridades judiciales y especialistas recomiendan cortar inmediatamente cualquier llamada de este tipo, no realizar transferencias de dinero y comunicarse con la policía o fiscalías correspondientes para denunciar el hecho. También advierten que ninguna fuerza de seguridad solicita pagos para evitar causas penales.
El caso vuelve a encender alarmas sobre la circulación de teléfonos dentro de cárceles y la necesidad de reforzar controles tecnológicos para impedir que estas organizaciones continúen operando desde el interior de los penales.