Después de su presentación en la Ciudad de Buenos Aires, en Libros del Pasaje, en Palermo, junto a Carlos Bernardo Skliar -investigador, docente, escritor argentino, especializado en literatura, pedagogía y filosofía- quién también prologó el libro, el poeta pergaminense Tomás Debeljuh dará a conocer en Pergamino su nuevo poemario "Palabras exhaladas", el primero editado por Vagus ediciones y el quinto de su producción.
La ceremonia de presentación será este viernes, a las 20:00, en la Biblioteca Municipal "Joaquín Menéndez", avenida Colón 635.
El autor estará acompañado en esta oportunidad por Susana Umeres, especialista en Educación y Derecho, y el dramaturgo, actor, director de teatro y cantautor Fernando Crespi.
Sobre el final de la presentación, Debeljuh hará referencia a su primer libro "Historia de una hamaca (micronovela aforisíaca)", que se gestó en pandemia como un proyecto solidario y se difundió en forma digital y gratuita, y que al año siguiente fue reeditado en formato papel.
Desde Merlo, San Luis, donde se encuentra radicado, Tomás Debeljuh respondió a la requisitoria de LA OPINION.
-¿Tu abuelo, el periodista Vladimiro Debeljuh y tu madre, la escritora Gabriela Vilardo, te guiaron de alguna manera a que te vuelques a las letras? ¿Cuál fue tu formación en Pergamino?
-Un fragmento de "Palabras exhaladas" dice: "Sin enterrarse, recordar las raíces sin enterrarse".
Si bien no nacemos "en" un mundo sino "con" un mundo y todos tenemos a nuestros ancestros en nuestra sangre, o a la sombra de la sangre de alguna memoria u olvido no vivenciado en primera persona, no siempre somos lo que tenemos dentro. Esto salta a la vista, por ejemplo, con la inteligencia: tener inteligencia no es ser inteligente. Lo mismo aplica para la riqueza y para pobreza.
En biología existe una fórmula fascinante que embuda algunas respuestas respecto a la influencia de las influencias. Fórmula: fenotipo es igual a genotipo más/menos ambiente. Es decir que lo subyacente se expresa o no por el entorno, dicho de otro modo: el paisaje se hace carne.
Hecha esta introducción, mi abuelo, inevitablemente está en mí, pero no conmigo (al revés de lo que sucede en ciertas parejas, donde muchas veces estamos "con" alguien, sin necesariamente estar "en" ese alguien) y, este estar "en mí" no se debe a lo biológico (al genoma) sino a que, posiblemente, gran parte de la construcción de lo que soy fue cimentada en intentar ser el antónimo de lo que él supo (o no supo) ser. Tal vez, por eso la poesía como elección, quizás porque en el género lírico las formas tienen un peso específico similar al del contenido.
Por otro lado y en cambio, mi madre, ella siempre estuvo por todas partes: adentro y afuera, en la biología y en lo inerte del margen, pero no lo digo por esto de "volcarse a las letras", no. Las letras son solo la cara visible. Ella me gestó y me crió como un ser sensible y, en ese marco de sensibilidad, uno optó por ex-presar presiones, desde muy joven, a través de la poesía. Ella empezó a escribir de grande, antes pintaba junto al maestro Ricardo Juárez. Nuestras sensibilidades se construyeron en conjunto, mientras que nuestros rumbos literarios por separado, tanto en tiempo como en espacio. Por todo esto es que, cuando me piden dar un taller literario, les sugiero que vayan a pasar una infancia entera con Gabriela (mi vieja).
-¿Cuáles fueron tus primeras lecturas poéticas y qué autores te influyeron?
-Las primeras lecturas poéticas son las que sigo sosteniendo y me sostienen en la diaria. Las llamo lecturas ambientales. En ellas no existe ni una sola letra. Consiste simplemente en entrenar la atención permanente y (cuasi) plena: observar y dejar leudar. Ejercicio que no se aleja demasiado al de recordarnos infantes y Homo erectus, en fin, momentos evolutivos en donde la humanidad o el humano no conocían siquiera la sombra de la palabra escrita.
En cuanto a los autores, ante cualquier disciplina intento el divorcio, de hecho diría que, ante casi todo prefiero el principio del "no casorio". Quizás, porque el casamiento tiene un dejo de formol y, lo formolado huele a sala de anatomía, a vida tan eterna como vencida o enternecida. Todo "para siempre" es una forma de la muerte. El amor que es para siempre es un amor que ya murió, ya sea hacia una madre, una pareja, una mascota o un autor. Por lo general, me convocan poemas sueltos más que poetas. Aunque, si tuviera que elegir a algunos autores optaría, en principio, por el inmenso anonimato, quién ha escrito tanto proverbio chino. Y, en final, por Antonio Porchia, él marcó un antes sin después en mí.
-¿Cómo definirías a tu poesía? ¿Qué temas te inspiran?
-Entre la palabra que decora o viste y la que dice, me quedo con la que desviste. Prefiero el nudismo del mensaje: la poesía cruda, la poesía en carne viva, esa que nace como consecuencia a una experiencia y no como bandera, la poesía que aún tiene su moretón y el cosquilleo de la adrenalina de la caída.
Respecto a lo que me inspira, me inspira la naturaleza (humana e inhumana), y me espira o me exhala: el punto, la coma, la tilde; la palabra.
-¿A qué le escribís en "Palabras exhaladas"?
-"Palabras exhaladas" es un puñado de bordes filosóficos, que danzan con la poesía. Podría hacerse una analogía con el tango y decir que en el libro la filosofía guía y la poesía se mueve, se luce, se pasea, (sobre)vuela de su mano.
En esta obra literaria, una palabra es la que, mientras respira, cuenta. En los intermedios de esa inhalación y exhalación, cada página invita a sumergirse en un propio mensaje. El convite es a naufragar, a dejarse llevar por la profundidad o la orilla del senti-pensamiento. En ese archipiélago de textos encontramos por ejemplo: "Seamos fuertes, pero no cajas", "Habría que encontrar el eslabón perdido entre el humano y la humanidad".