Luego de que la feligresía escuchara las lecturas indicadas por el calendario litúrgico, monseñor Héctor Cardelli hizo uso de la palabra, en el momento de la homilía. Durante su alocución se refirió a la práctica del bien y la obediencia de Crescencia desde el silencio y la humildad. Algo muy cercano a nosotros nos ha convocado esta tarde. Somos testigos de una presencia nueva, joven, vital en nuestro camino cristiano de servidores de Jesús. María Crescencia es de aquí y si bien no hemos tenido la oportunidad de poder tratarla cotidianamente ahora nos acompaña con su presencia espiritual para recordarnos que para seguir el camino del Señor no hacen falta muchas cosas. Solo una es necesaria que es amar al Señor, comenzó diciendo el obispo en su homilía.
Virtudes en grado heroico
De acuerdo con lo expuesto por el obispo reflexionamos, en la procesión, la práctica de las virtudes de Crescencia en grado heroico, esto significa que la beata practicó sus virtudes desde el silencio y el desconocimiento de aquellos que convivieron con ella, hizo una ofrenda continua de su vida al Señor.
No podemos creer que la santidad es el producto o el resultado de un acto aislado sino que es la ofrenda simple, de cada día, de cada momento, levantándonos de las caídas y encomendando nuestra vida al Señor.
En ese trabajo de todos los días, de pulir aquellos que nos va deformando la imagen de Cristo que debo esculpir en mi vida, es fundamental para que Jesús resplandezca en nuestro camino, en una vida de servicio, de humildad.
En el camino de la perfección que ya tiene como superado el pecado grave, se debe aplicar la fidelidad a la gracia, correspondencia de lo que Dios me va pidiendo y de ajustar mi vida a la voluntad del Señor.
Pequeñez y humildad
Manifestando que Crescencia no trascendió en su tiempo, no fue una persona conocida que ocupó las primeras planas de los diarios, Cardelli aseguró que la beata se hizo grande por su pequeñez, por su humildad, por su servicio, por su labor desinteresada para con los más necesitados.
Hoy aprendemos una lección extraordinariamente grande y básica. María Crescencia es la santa que nos enseña a vivir la cotidianeidad, lo que se nos encomienda con un amor renovado, con una confianza grande en el Señor, con la alegría de saber que lo hacemos en su nombre, con la paciencia de sobrellevar las dificultades que se imponen en nuestro camino, con la confianza en Dios que va modelando mi vida, que quita aquella escoria que no permite dejar translucir la vida de un hijo de Dios, aquello que perturba, resaltó monseñor.
Propuesta de querer servir
Por otro lado aseguró que debemos sentir en Crescencia un estímulo, un modelo, una propuesta de querer servir aun cuando nadie más que Dios y yo lo sepamos sin necesidad de reconocimiento, de elogios, de primacía sobre otras personas, sobre otras funciones o cargos, sobre otras responsabilidades.
Parece poca cosa pero sabemos cuánto cuesta llevar este modelo de vida. Debemos aprender el valor que tiene este ejercicio de la virtud hasta en grado heroico, hasta entregarme totalmente, hasta hacerlo con la claridad y certeza de que es a Dios a quien debo agradar.
Modelos a seguir
Por último, Cardelli reafirmó que los santos son nuestro modelo a seguir porque nos enseñan que debemos ser dóciles, íntegros y aceptar la voluntad de Dios, ser obedientes a él para que podamos vivir en la plenitud del amor, e instó a los fieles a ponerse bajo la protección de Crescencia y digámosle que nosotros, como ella, queremos honrar a Dios, santificar nuestras familias, nuestros trabajos, los ámbitos de mis relaciones porque es desde allí donde se va difundiendo este amor que crece cuando amo a Dios y a mis prójimos. Agradezcamos a Dios por el testimonio de Crescencia.