miércoles 10 de junio de 2026

El Padre Marciano cumplió medio siglo sirviendo en la Diócesis nicoleña

31 de enero de 2015 - 00:00

El 29 de enero de 1965 arribó a nuestro país un contingente de sacerdotes, provenientes de Europa, para realizar actividades pastorales en Argentina. Alba fue designado como clérigo en nuestra zona por espacio de cinco años pero su capacidad de servicio lo llevó a quedarse 50 años desarrollando una labor caritativa, misionera y desinteresada.

DE LA REDACCION. Con una amplia convocatoria de feligreses se desarrolló, en la tarde noche del jueves, la misa en que se recordó la llegada a Argentina del Padre Marciano Alba.

 

Un poco de historia

Cuenta la historia que el Papa Juan XXIII había realizado un llamado en el contexto de la Encíclica “Donum Fidei” al Episcopado Español en el sentido de que pudieran destinarse 1.500 sacerdotes para América Latina. Esto fue lo que faltaba para que el neosacerdote Padre Marciano tomase la decisión que rondaba en su corazón: ser misionero en América.

El Episcopado español atendiendo al llamado del Papa había constituido la Organización para la Cooperación Sacerdotal Hispano Americano (Ocsha) y en las filas de este organismo se alistó Marciano, que junto a otros siete sacerdotes fue enviado a la Diócesis de San Nicolás.

El Padre Marciano llegó a Buenos Aires el 28 de enero. Desde allí con otros sacerdotes viajaron en micro a San Nicolás donde fueron recibidos por el canciller, Padre Roberto Mancuso y el párroco de Nuestra Señora de Luján, Padre Jorge Breazú. En ese momento gobernaba la diócesis Monseñor Francisco Juan Vénnera.

 

Vicario

Cumplidos los 80 años, y con algunas dificultades de salud, el Padre Marciano decidió dejar la conducción pastoral de la Iglesia Catedral, lo que ocurrió el 17 de este mes con la toma de posesión del nuevo párroco, Padre Adrián Galligani. No obstante continúa siendo vicario de la Diócesis de San Nicolás hasta que retorne a su país natal en los primeros días de mayo.

 

Celebración

Para recordar el valioso momento en que el Padre Marciano arribó a nuestro país, el obispo diocesano, Héctor Cardelli, presidió una misa en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de nuestra ciudad. Amplia fue la convocatoria en la celebración que contó con la presencia de sacerdotes de la región que acompañaron a monseñor.

El Evangelio fue leído por el diácono permanente Hugo Vasallo mientras que en la homilía, el agasajado, Marciano Alba, estableció contacto con los feligreses. “Uno se podría preguntar cómo resumir en un momentito 18.260 días que son los 50 años que llevo en este bendito país.

“Recuerdo que dos días antes de partir de mi pueblo hubo una despedida, el templo estaba lleno. Hacía poco había pasado la festividad de los Reyes que son asociados con la estrella de Belén. En ese momento pensamos que cada sacerdote tenía una estrella con esta misión que veníamos a realizar a Argentina. Yo pensé que mi estadía acá duraría cinco años pero nunca imaginé que iban a transcurrir 50 años de mi vida en este país”, señaló Marciano.

 

Un paso grande

En otro tramo de su alocución, el sacerdote explicó que llegó a esta Diócesis el 29 de enero de 1965. “Pasé mi primera noche en San Nicolás pero el mayor tiempo de estos 50 años de mi vida estuve en Pergamino. Veintiún años, 3 meses y 14 días es el tiempo que estuve en esta ciudad colaborando en la evangelización”, contó el sacerdote.

Fue, exactamente 10 años y 4 meses el tiempo exacto en que estuvo en Colón para luego trasladarse definitivamente a San Nicolás donde lleva 19 años de labor.

“Qué importante es saber que cuando uno intenta dar un paso tan grande como es el llamado del Señor, hay algunos lemas que nos proponemos. El primero de ellos fue: ‘A partir de ahora ya no los llamo siervos, todos son amigos’, mientras que el segundo fue para mi ordenación sacerdotal: ‘No vine para ser servido sino para servir’”, aseguró Marciano.

 

Historia del servicio

Visiblemente contento por la celebración de su cincuentenario, aseguró que “el tiempo transcurrido entre ustedes es un poco la historia de este servicio hecho con niños, adolescentes, jóvenes, adultos, matrimonios, con solteros y solteras, con religiosas. Siempre quise que llegara el mensaje del Señor a todas las personas, que los feligreses pudieran vivir la fe, experimentar la fe, que pudieran encontrarse íntimamente con Jesús para que después ese amor de Dios podamos todos ponerlo a disposición de la gente en forma de servicio y amor.

“En este caminito que formé junto a ustedes, con algunos más tiempo, con otros menos, siempre me propuse dejar en sus corazones la Palabra del Señor para lograr la conversión de los corazones”.

 

Agradecimiento

En la parte final de la homilía, agradeció a todos por la acogida que me dieron durante 50 años y agradeció al Señor por lo que “me permitió hacer en cada lugar en que el mismo dispuso para mí. Repito: ‘No vine para ser servido sino para servir’, el servicio consta de ir muriendo un poquito, cada día para que el Señor viva más en los corazones de sus hijos.

“Muchas gracias por acompañarme, le pido a Dios que el tiempo que me regale sea para gloria de el, para que pueda seguir siéndole fiel. Deseo que nuestro Padre llegue siempre a tocar los corazones de las personas y que estas puedan experimentar su presencia. Un día, el que Dios quiera, podamos encontrarnos todos en la Casa del Padre”, concluyó Marciano.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
transito en pergamino: controles con foco en la seguridad vial y el ordenamiento de la circulacion

Las Más Leídas

Te Puede Interesar