En una nota exclusiva para la redacción de LA OPINION, el poeta pergaminese Carlos Barbarito recordó al profesor Daniel Della Valle, recientemente fallecido.
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En una nota exclusiva para la redacción de LA OPINION, el poeta pergaminese Carlos Barbarito recordó al profesor Daniel Della Valle, recientemente fallecido.
En una de las visitas que hago a Pergamino, una noche veraniega si mal no recuerdo, me encontré con Daniel Della Valle. Me dijo ‘seguimos mintiendo. Pero con más perfección’. Nos reímos mucho. Pese a todo, a los embates de la vida, no había perdido el sentido del humor. En este escrito no voy a situar en el tiempo cuando nos conocimos él y yo porque tengo la sensación de que antes de conocernos, de algún modo, por algún prodigio, ya nos conocíamos. Tal vez porque su padre, compañero de trabajo en el correo de mi padre, habló de su Daniel alguna tarde en tiempos en que todos los pergaminenses nos veíamos en la desaparecida vuelta por el centro mientras los parlantes de la radio traían noticias y música. Fue al padre de Daniel a quien mis padres compraron el diccionario Codex, momento fundamental en mi vida; yo tendría ocho o nueve y, en esos libros, mi fascinación por dos láminas, tan opuestas: ‘El rapto de las hijas de Leucipo’, de Rubens y ‘Pescando en Antibes’, de Picasso. Con Daniel como compañero hice la secundaria y, ya recibidos de peritos mercantiles, organizamos un grupo de astromodelistas: lanzamos una infinidad de pequeños cohetes durante largo tiempo y, finalmente, uno de mayores proporciones con un ratón de laboratorio en una capsula que descendió con paracaídas, para susto del pobre animalito y regocijo de nosotros por el éxito de la experiencia. Por aquellos años es la foto que acompaña a este breve escrito; detrás de nosotros jaulas con canarios Roller con motivo de una exposición.
Daniel era ya el Daniel curioso, inquieto, fascinado por las tormentas, la electricidad, los viajes espaciales, la arqueología y una extensa lista de hechos, experimentos y prodigios. No me olvido del Daniel fotógrafo que una madrugada captó supuestamente un Ovni en el cielo del barrio Centenario. Tampoco al que, otra vez yo en el grupo, trajo a Pergamino a Fabio Zerpa para que hablara del Triángulo de las Bermudas. A algún amigo de Pergamino le dije al enterarme de la funesta noticia ‘nada le era indiferente’. Con las redes sociales, desde el comienzo de ellas, Daniel pudo compartir sus inquietudes hasta hace muy poco tiempo. Y entre ellas, su proyecto de una plaza astronómica que debiera ser continuado. También hago votos para que sus artículos sobre cien asuntos diversos no se pierdan y puedan ser reunidos en libro u otro soporte. En mi biblioteca su ‘Astronomía para niños’; en mi memoria, indelebles, tantos sueños comunes, tantos proyectos, realizados o no, tantas apasionadas conversaciones. Ya lo dijo, mejor que yo, Odysséas Elýtis: ‘que la última palabra no la tenga la muerte’.
(Muñíz, San Miguel, octubre 16, 2020).