Rosa Fernández, que estuvo desaparecida 19 días, fue asesinada y enterrada. Su exmarido está detenido acusado de homicidio agravado. Se comprobó que tras matarla, viajó hasta Lincoln con el cadáver en el baúl. Al día después la enterró en la obra en la que trabajaba.
(Fuente: Diario La Verdad). El caso Fernández tuvo el peor de los finales. Luego de 19 días de estar desaparecida, el cuerpo de Rosa Inés Fernández, de 29 años, fue encontrado la mañana del jueves en la parte exterior de una obra en construcción sobre la calle Siria al 600, entre Necochea y Pringles, de la vecina ciudad.
A primera hora del jueves, un importante despliegue policial sorprendió a los vecinos de la zona, conocida como Villa Talleres. Bomberos, Policía Científica, efectivos locales, peritos especializados, miembros de la Secretaría de Seguridad municipal, personal de Obras Sanitarias y representantes de distintas fuerzas acompañaron las tareas dispuestas por el fiscal Esteban Pedernera.
Minutos antes de las 10:00 de la mañana de ese mismo jueves, la noticia se confirmó oficialmente: el cuerpo sin vida de Fernández se encontraba bajo tierra, en la parte trasera de una edificación sin terminar y cubierta por una importante cantidad de escombros.
La mujer, según indicó el propio fiscal, fue asesinada por su expareja, Sandro González, en una vivienda de calle Laprida al 1600 el domingo 26 del pasado mes, en el barrio San Antonio, para posteriormente trasladarla a Siria al 600, obra en construcción en la que el hombre trabajaba.
Más detalles
Un vocero que participó de la pesquisa reveló que la primera en sembrar sospechas sobre González fue su actual pareja, quien en una declaración breve ante la Justicia contó que tenía algunas dudas sobre él, que le temía porque era violento con ella y que le llamó la atención la desaparición de un cobertor que habían comprado para un auto que recientemente habían adquirido y que finalmente fue uno de los elementos empleados para envolver el cuerpo de Rosa.
Ese dramático jueves, otros dos testigos, vecinos de González, se presentaron en la Fiscalía para declarar que la pareja de éste les había contado sobre la confesión que le había hecho, lo que terminó por cerrar la historia que, finalmente, fue ratificada por la mujer del acusado.
El fiscal dijo que todo indica que el femicidio fue cometido ese domingo, cuando se produjo una discusión entre los dos integrantes de la expareja -que tenían tres hijos en común de 4, 9 y 13 años- por una “cuestión económica”.
“Tenemos referenciado que (González) recibió una cachetada y él la toma del cuello, en el momento siente que se desvanece, cae a los pies y ahí él cuenta haberla envuelto en un cobertor que utilizaba para cubrir el auto y en una lona celeste. La cargó en el baúl del auto y al día siguiente aprovechó que trabajaba en la obra, cavó el pozo y la enterró”, relató Pedernera.
Según una versión, el domingo en que se produjo el homicidio, González viajó hasta Lincoln por un asunto familiar y todo indica que lo hizo con el cadáver en el baúl. Al otro día, temprano, cavó el pozo para ocultar el crimen.
El fiscal dijo que no había denuncias judicializadas por violencia de género hacia Rosa, aunque durante la investigación surgieron elementos sobre la relación violenta que mantenían, al menos desde que se habían separado.
“El testigo nos dice que según el relato del propio acusado al momento de confesarle, la habría ahorcado con el brazo, eso es coincidente porque el perito encuentra congestión en la base del mentón y del cuello y que el frente del cuello no fue oprimido, lo cual es conteste con una toma por atrás”, precisó el funcionario judicial.
Además adelantó que indagará a González por el delito de “homicidio calificado por el vínculo y por mediar violencia de género” y que tras ello pedirá su formal detención a la jueza de Garantías de Junín, Marisa Muñoz Saggese.
Cronología
El domingo 26 de julio, alrededor de las 18:30, Rosa salió de su casa ubicada en Chile al 600 para dirigirse hacia el domicilio de una amiga. Se fue sin llevar consigo su teléfono celular y tampoco se “arregló” como solía hacerlo, según contaron su mamá Nilda y su hermana Carolina, porque no solía ver la calle sin plancharse el pelo o delinearse los ojos.
En ese último viaje que se le conoció fue llevada por su expareja, el papá de sus hijos, en el auto. Pero en ese momento arrancó un gran agujero negro que rodeó la historia: Rosa nunca llegó a visitar a su amiga, según también declaró esta mujer ante la Justicia.
La familia no estaba presente en el momento en que partió de la casa. La hermana la vio por última vez ese domingo al mediodía, y no estuvo con nadie unos momentos antes de desaparecer, así que Rosa no comentó que tenía planeado salir y mucho menos dónde iba y a hacer qué.
La búsqueda arrancó por los círculos íntimos el jueves 30, cuatro días más tarde, pero tomó intensidad desde el viernes 31 y ya no paró más. Más de 120 efectivos de todas las reparticiones, junto a otros provenientes de localidades vecinas, patrulleros, motos, bicicletas, perros entrenados llegados de Rojas, un dron aportado por el Municipio, equipos de psicólogos especializados, tecnología arribada de otros centros policiales y muchas cabezas pensando en el “equipo de trabajo”, como lo denomina el fiscal Esteban Pedernera, al mando de todos los movimientos.
El miércoles por la tarde tres testimonios resultaron clave. El jueves, por la mañana, se conoció el peor de los finales posibles para esta historia.