viernes 19 de junio de 2026

El padre Javier Fortunato cumple 25 años de sacerdocio

9 de julio de 2017 - 00:00

El 9 de julio de 1992 el entonces obispo Domingo Castagna presidía la misa en que el padre Javier era ordenado sacerdote. Estas Bodas de Plata llegan junto con su reciente nombramiento a la Catedral de San Nicolás. Además se convertirá en vicario diocesano.


Hace 25 años, el por entonces obispo de la Diócesis de San Nicolás, monseñor Domingo Salvador Castagna, presidía la misa de ordenación sacerdotal del pergaminense Javier Fortunato, en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. Este domingo se cumplen las Bodas de Plata de aquel emotivo momento en que Javier era consagrado a Dios y a la Virgen María ante la mirada vidriosa de emoción de sus seres queridos.

Para dar gracias por estos 25 años de labor pastoral, que lo han llevado por diversos caminos, recorriendo comunidades, y trabajando en pos del bien del hermano, sobre todo del otro más necesitado, este domingo, a las 19:00, en la Parroquia San José de Arrecifes, templo del que es titular en la actualidad, se celebrará una misa en acción de gracias por esta vida consagrada. Y el próximo sábado, a las 19:30, en la Parroquia de la Merced, donde fue ordenado, el obispo Hugo Santiago presidirá el oficio en que Javier Fortunato hará lo propio en comunidad con la ciudad que lo vio nacer y crecer en la fe.

 

Un feriado y día mariano

Para recordar sus primeros pasos en la fe y el afianzamiento de la decisión de ser sacerdote, LA OPINION dialogó con Javier, que lo primero que recordó fue el momento previo a la ordenación ya que, con el objetivo de que sus amigos y sus cercanos pudieran estar presentes en la ceremonia, Javier eligió junto al exobispo Castagna la fecha de la ordenación: sería un 9 de julio en atención a una festividad mariana, Virgen de Itatí, y por ser feriado, ello posibilitaría la asistencia de los fieles.

La misa fue celebrada en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. Fue allí donde Javier, de la mano de sus padres y su hermano, dio los primeros pasos en la fe. “Para mí La Merced es sumamente significativa porque allí fui bautizado y recibí los sacramentos de la comunión y la confirmación, pero también porque mi familia era colaboradora del templo, todos estábamos vinculados: mi mamá era catequista, mi papá ayudaba en la administración, La Merced era un ámbito más de la realidad hogareña”, explicó el sacerdote.

 

Momento de fe

Las horas vividas por el joven Javier en la Parroquia le fueron regalando muchos momentos importantes de su vida: lo fueron para él en el momento en que transcurrían y lo siguen siendo cuando se los ve desde la perspectiva actual. A los sacramentos siguió su participación en el grupo de monaguillos y del grupo de jóvenes. “Fue un templo muy especial”, expresó.

Recuerda Javier que apenas iniciada la década del 80, tenía profundas charlas con el padre Romanello sobre la vocación sacerdotal. “El padre Gastón Romanello, que por ese entonces era párroco de La Merced, fue un gran precursor en mi vida de fe y tuve la oportunidad de que siguiera siendo el párroco al momento de mi ordenación”, agregó Javier.

 

El llamado de Dios

“Siempre percibí el llamado de Dios pero puedo discernir un momento especial: mi participación en el grupo juvenil de la Parroquia Merced, un hecho inolvidable porque en ese momento los jóvenes estaban muy comprometidos con la Iglesia, se hacía la Pascua Juvenil y en un momento de reflexión y oración ante el Cristo resonó en mi interior con más fuerza la pregunta de si Dios deseaba que yo fuese sacerdote”, contó Fortunato.

Ese llamado de Dios latente en su interior se mezclaba con otra proyección que tenía Javier, la de continuar sus estudios, por entonces en la Escuela Agrotécnica, para luego iniciar la carrera de ingeniero agrónomo. “Mi último año de la secundaria fue un momento en el que tuve que discernir entre sí quería ser sacerdote o dedicarme a la ingeniería, fueron meses de diálogo con seminaristas, con mis familiares. Y si bien hice mi ingreso formal al terminar la secundaria, en 1985, la respuesta a esta disyuntiva la fui encontrado en mis años de estudio para el sacerdocio”, relató emocionado el padre Javier.

 

En el Seminario

El primer año de Seminario, el llamado año Introductorio, Javier lo desarrolló en la vecina ciudad de San Nicolás. En los años subsiguientes, los estudios continuaron en Buenos Aires, hasta que en 1989, monseñor Castagna decidió que toda la carrera en el seminario fuese dictada en territorio diocesano por lo que los estudiantes retornaron a San Nicolás.

Pasaron los años, intensos, de estudio, hasta que en 1991, Fortunato junto a algunos de sus compañeros, fueron ordenados diáconos, figura que portó desde septiembre de 1991 a julio de 1992.

 

Vida sacerdotal

Luego de ser ordenado Fortunato permaneció en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Colón, allí transcurrió solo unos meses hasta que fue trasladado a la localidad de San Pedro, como ayudante en Nuestra Señora del Socorro. “Fue una experiencia que recuerdo con mucho cariño ya que estuve allí alrededor de cinco años. Luego tuve un período muy corto como vicario parroquial en Nuestra Señora de Pompeya en San Nicolás”, relató Fortunato.

En marzo de 1999 Javier retornaba a la ciudad que lo vio nacer y así, por designación del entonces obispo de la Diócesis, monseñor Mario Maulión, se incorporó como párroco a Nuestra Señora de Fátima. En esa comunidad permanecería por espacio de 16 años siendo ésta su labor pastoral más extensa. “En Fátima estrené mi título de párroco y a la vez fue el destino que me devolvió a mi ciudad natal. Fueron 16 años de hermoso trabajo. Allí viví experiencias inolvidables porque la zona en la que está emplazado el templo es muy heterogéneo, se viven diferentes realidades, ha sido uno de los tantos regalos que me dio el sacerdocio”, expresó Javier.

 

El deporte y la fe

Fue en la Parroquia de Fátima donde Javier pudo combinar la vida de fe con el deporte, especialmente con el running, una práctica que desarrolla con pasión. “El correr me permitió relacionarme con muchas personas, me posibilitó integrar la fe en otros ámbitos”, sostuvo el sacerdote, que fue el impulsor de la Prueba Atlética de Fátima, que año a año se corre por las calles del barrio General San Martín. 

 

Caridad con los enfermos

Otra de las actividades que recuerda con mucha emoción es la ligada al Hospital San José ya que luego de la partida física de Gastón Romanello, el padre Fortunato se hizo cargo de la Capilla Nuestra Señora del Perpetuo Socorro: “Esos cuatro años de visita al Hospital me permitió acompañar desde el dolor al hermano que está sufriendo”.

 

El próximo vicario

A fines de 2014, el padre Javier fue anoticiado de que sería trasladado. Con mucho pesar la comunidad pergaminense lo vio partir, finalmente, en enero de 2015 cuando asumió el cargo de párroco de San José de Arrecifes, templo donde se desempeñará hasta fines de este mes cuando asuma como vicario general de la Diócesis de San Nicolás y párroco de la Iglesia Catedral de San Nicolás, decisión que fuera tomada por el obispo monseñor Hugo Santiago.

“En estos días, el obispo Hugo Santiago designó a dos sacerdotes como vicarios generales de la Diócesis. Uno de ellos soy yo y como tal tendré que ayudar a monseñor en la tarea de ‘gobernar’ en la Diócesis, administrando pastoralmente todo lo que atañe a las parroquias, a la vida sacerdotal, y la celebración de los sacramentos, principalmente, la confirmación. El obispo desea que yo resida cerca del Obispado y por eso fui designado párroco en la Catedral”, sostuvo Javier.

 

Instrumento de Dios

Si bien esta doble tarea, la de ser vicario y párroco de la Catedral, constituye un desafío para su vida sacerdotal, Fortunato descansa en la voluntad de Dios: “Siempre estoy dispuesto a aceptar la voluntad de Dios. Me sé instrumento del Padre”.

 

Gracias a todos

Recordando a todos, y a nadie en particular, Javier expresó sus agradecimientos y manifestó: “Agradezco a Dios y a la Virgen, a mis padres, mi hermano, la familia toda, a las personas que siento cercanas desde el afecto, a la Iglesia y en ella a todas las personas que me valoraron y respetaron como sacerdote. También a los amigos que me dio el deporte”.

 

Servidores

Por último, como ejemplo de vida consagrada, Fortunato brindó un mensaje a los fieles y expresó: “Tengamos un corazón abierto para mirar con ojos de fe y así nunca caer en la desesperanza. Dejémonos encontrar por Dios y hagámoslo presente en cada momento de nuestra vida. No nos olvidemos nunca de ser agradecidos y tengamos presente que somos servidores”.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Te Puede Interesar