El vecino juan Mirón anda por las calles y comenta lo que ve. Si usted quiere aportarle algún dato, envíelo por WhatsApp al 2477-654704
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Hola querido vecino, acá estoy de nuevo, aprovechando este espacio que me dan los amigos de LA OPINION. Y si bien no puedo quejarme porque son muy generosos, la verdad es que si fuera por la gran cantidad de datos que me hace llega la gente, a través de los distintos medios con que cuenta el Diario (correo electrónico, teléfono, WhatsApp, Facebook, etcétera), debería tener una columna todos los días. Pero no vamos a abusar…
Hoy vamos a tratar un tema ambiguo si se quiere, porque es algo necesario pero a la vez agresivo. Tiene que ver con los reductores de velocidad que se están colocando en los lugares que acaban de ser repavimentados, con el único fin de que los conductores frenen prácticamente a cero porque de lo contrario su automóvil sufriría una avería. Ya de por sí no deberían existir los lomos de burro, pero estamos en Argentina, donde somos hijos del rigor. Con un cartel indicador de la velocidad máxima permitida, o bien el simple sentido común, deben guiarnos sobre la velocidad máxima por la que debemos transitar en determinados sectores. Pero en este país sabemos que donde no hay controles, cada cual hace sus propias leyes. Por eso, como en tantas otras cuestiones, en este caso pagan justos por pecadores; vale decir que por esos desaprensivos conductores que andan a fondo, los que tratan de circular a velocidades moderadas, tienen que hacer golpear sus ruedas contra obstáculos demasiado agresivos como lo son las barras de plástico duro, de color amarillo, que acaban de ser colocadas, por ejemplo, en la avenida Juan B. Justo a unos 100 metros de la salida a la ruta Nº 8, o en la recientemente pavimentada avenida Champagnat, en cercanías del Colegio San José de los Hermanos Maristas.
Para que se entienda bien, estimado vecino, no es que uno se oponga a la colocación de un reductor de velocidad, porque para simplificar, es la única manera de que aquellos desaprensivos conductores se vean obligados a levantar el pie del pedal derecho. Lo que nos parece, tanto a mí como a tantas personas con las que estuve hablando en estos días, es que los reductores no sean tan agresivos para los vehículos. Como contra ejemplo vamos a citar los que están por la avenida Perón, frente al parque Municipal, que tambié obligan a pasar despacio pero allí prácticamente las cuatro ruedas de los autos al mismo tiempo están arriba del lomo de burro, con lo cual sólo podría producirse un daño al vehículo en el caso de que no se reduzca la velocidad.
No sabemos si es por una cuestión de costos poner esas barras agresivas en vez de hacer lomos de burro como corresponde, pero lo cierto es que nadie está de acuerdo cuando, además de tener que frenar a cero, el auto golpea irremediablemente.
Encima, querido amigo, están algunos conductores que manejan esas camionetas cuatro por cuatro que parecen estar hechas para la guerra, y amagan con pasar por arriba al pobre tipo que tuvo que poner primera para no romper el auto. Y es así como se produce más de algún encontronazo.
En fin, si la única forma más o menos efectiva de hacer control del velocidad es con este tipo de dispositivos, que al menos sean lo menos agresivos posible para los automotores. Es una sugerencia, nada más.
La debida disculpa
Por otro lado, vecino ¿se acuerda que el sábado 13 de mayo le contaba del malestar de un amigo por el mal estado de un lote lindero? Resulta que cuando yo puse en letras los datos que me tiró este vecino, erramos en la descripción del lugar en cuestión.
El inmueble derruido y abandonado que le complica la vida a mi amigo está como le dije en Pueyrredón al 200, pero no es la locación que le describí, que está en la cuadra anterior entre Luzuriaga y Alberti, sino otro que se localiza en esa calle pero entre Alberti y Moreno.
Sepan disculpar todos el fallo al apuntar el lugar, y especialmente el propietario del inmueble descripto, que dicho sea de paso, aunque no está habitado, está debidamente conservado.
Nobleza obliga y es de buen vecino, como creo que soy, tanto señalar los errores ajenos como los propios.
Respecto del causante de los males, en Pueyrredón al 200, mi amigo sigue esperando que alguien se ocupe de esa selva con alimañas con la que convive.