Si bien era nacido en Zárate, su vinculación con nuestra ciudad fue muy estrecha, ya que desde muy pequeño se instaló aquí impulsado por el traslado de su padre que trabajaba en el Ferrocarril Mitre. Recaló en esa esquina del barrio Acevedo y allí entretejió su mundo infantil y adolescente, por el que transitó de la mano de su maestra Sarita Resa, su familia y la barra de la esquina.
Mi papá era un adicto al cine. Yo veía las películas y después iba y las representaba en el patio de mi casa contaba en una entrevista con LA OPINION-. Yo hacía todos los personajes de la película que había visto y tenía un montón de ropa para disfrazarme en una pieza vacía en el fondo de mi casa. En el patio había columnas que utilizaba como personajes. Les daba besos a las columnas, las abrazaba, les pegaba. Tenía diez años, más o menos y fue así hasta los doce, en que empecé con la idea de viajar a Buenos Aires.
Al mismo tiempo que trataba de convencer a su padre para que le permitiera radicarse en la Capital Federal, Puppo escribió a una revista que decía que se podía estudiar teatro por correspondencia. Cuando me contestan, la carta la encuentra mi mamá y se la muestra a mi papá. Ese día mi papá se dio cuenta que la cosa era en serio y me llevó a Buenos Aires para entrevistarme con Vicente de la Vega. Así fue como empezó todo, recordaba el actor.
También estudió actuación con Maruja Gil Quesada, Oscar Fessler, Alejandra Boero, Pedro Asquini y María Rosa Gallo.
En 1968 volvió a Pergamino junto al elenco Geituba, con Corazón de tango de Carlos Ghiano que presentó en el Teatro Chico de la Escuela de Teatro -en los altos de la Escuela Nº 22- y allí Pergamino descubrió al gran actor que venía de las tablas del teatro independiente, en donde había trabajado en Nuevo Teatro, con Alejandra Boero, Jorge Mayor, Pedro Asquini, Norma Bacaicoa, Héctor Alterio y otros grandes de la escena nacional.
Al poco tiempo fue Hablemos a calzón quitado de Guillermo Gentile lo que macó su perfil de actor comprometido y le valió para ganar el premio Bertold Brecht al mejor actor en Brasil y después Cabaret Bijou y la consagración absoluta, con el Moliere bajo el brazo y una gira por Europa.
Aunque el cine le fue esquivo alcanzó a trabajar en unos 15 filmes. Debutó en 1970 en Un gaucho con plata, tuvo participaciones en El pibe cabeza de Leopoldo Torres Nilsson, Pubis angelical de Raúl de la Torres y algunas películas de Los superagentes, Facundo, la sombra del tigre, Terapias alternativas, La aventura de los paraguas asesinos y El día que Maradona conoció a Gardel, Crucero de placer.
En cambio la televisión sí lo tuvo más en cuenta y fue elogioso su paso por El pulpo negro (1985) de Narciso Ibáñez Menta, El teatro de Darío Víttori, Pelito, Señorita maestra, Amigos son los amigos, Sólo para parejas, Amigovios, las memorables composiciones de Juan Domingo Perón en Sin condena, y más recientemente en producciones como Son amores (2002) y Resistiré (2003).
También se destacó en programas populares de la televisión como fueron Gran teatro universal, Dios se lo pague, Las 24 horas, Nosotros y los miedos, Alta comedia y Culpable de este amor.
En 1980 vino a Pergamino a ver el estreno de Julieta de Jorge Grasso y se conectó con Juventud de Teatro, logrando su objetivo de vivir entre Buenos Aires y Pergamino. Desde ese momento, más allá de la disolución del grupo local, Puppo dirigió a los actores pergaminenses con su reconocida solvencia y esa paz que caracterizaba su personalidad en todo momento. Así pasaron obras como: El Paquebot Tenacity (1981), La Merilyn del Lido (1996), Delito en la isla de las cabras y Médico a palos (2002), Raíces (2005), La Frontera (2006), Ha llegado un inspector (2005), El cajero (2006).
Pasó por la mayoría de los autores del teatro internacional y su talento paseó por Europa y gran parte de América Latina. De versatilidad en los géneros más variados, se lo vio en Los rústicos (1976), de Carlo Goldoni, Farsa del corazón, de Atilio Betti, Hamlet, de William Shakespeare, Volpone, de Ben Jonson, Scapino de Molière, y Edipo rey, de Sófocles, aunque su sueño no cumplido era interpretar a Oscar Wilde en una obra que se estaba escribiendo.
Gran comediante, actuó también en Un sombrero de paja de Italia, de Labiche y Michel, Los cuernos de Don Friolera, de Ramón María de Valle-Inclán, La pulga en la oreja de Georges Feydeau, Cabaret Bijou, Aplausos y La profesión de la señora Warren, de George Bernard Shaw, y, en sus comienzos, en la ejemplar Hablemos a calzón quitado, de Guillermo Gentile.
En 2011 sustituyó a Alberto Anchart en la exitosísima Más respeto que soy tu madre, protagonizada por Antonio Gasalla, y también se lo vio en Cuento puro o Puro cuento -obra que hizo en varias oportunidades en Pergamino-, La cocina, de Arnold Wesker, La gaviota, de Antón Chéjov, y El dibuk, de Shlomoh An-Ski.
Uno de sus últimos trabajos fue en el teatro, con la lectura del libro Los caminos de Alfredo Alcón junto a Nelly Prince y Joaquín Bouzán. Puppo fue también un gran director en Buenos Aires, quien tuvo a su cargo obras como Caja de resonancia, Deliciosa y Se casó Margarita.
En 2004, la Asociación Argentina de Actores junto al Senado de la Nación le otorgó el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable. Puppo también fue reconocido con los premios Moliére, Florencio Sánchez y Gregorio de Laferrere.
Pero a su vez Pergamino lo reconoció como Hijo distinguido, reconocimiento otorgado en 1995 en el Concejo Deliberante, que también recibió Tristán Díaz Ocampo. Ese mismo año, tanto Puppo como Tristán fueron agasajados en la Escuela Nº 4, lo que significó el retorno a la escuela de su niñez.
Diario LA OPINION y Canal 4 lo distinguió con el premio Quijote en su tradicional Fiesta de la Cultura.
En 2003 se inauguró el Centro Cultural La Barraca con un emotivo homenaje a Puppo, cuya sala principal llevó su nombre.
En 2010, en una de sus últimas apariciones en Pergamino, Puppo presentó su libro Sencillamente un actor, escrito por Ana María Palumbo, actriz y dramaturga. El libro es como un trabajo de psicoanálisis -decía el actor-. He comprendido tantas cosas de mi vida a través de todo lo que he ido recordando: valores de mis padres, de mi hermano; pero he descubierto más aún, sobre todo de mi papá, que fue el primero en oponerse a mi vocación, pero después fue el que más dio y lo descubro a través de este libro. Eso me emociona mucho y me hace mirar con un gran amor a ese hombre. Está mi vida en Pergamino, que es la ciudad que amo, mi raíz es mi barrio, es mi gente.