Se trata de la primera obra que se estrena en Argentina sobre la guerra de Karavagh. Quise contar una historia de amor entre un soldado armenio y una joven argentina en el marco de la guerra, sostuvo Román Caracciolo, autor y director de la pieza.
DE LA REDACCION. Esta noche, a las 21:30, en Habemus Theatrum, Pinto 918, se presentará por única vez la obra Tengo un apuro de un siglo, escrita y dirigida por Román Caracciolo, y protagonizada por Trinidad Asensio y Marcelo Saltal. Habrá descuento por compra de entrada anticipada.
El texto está inspirado en la novela Del vodka hecho con moras de Ana Arzoumanian y de los cuentos El sapo y Día engañoso del escritor armenio Hovannés Yeranyan. Esta obra ganó el primer premio de dramaturgia en el ciclo Teatro por la Justicia, producido por el teatro Tadrón. Seleccionada por un jurado de especialistas, fue estrenada en Buenos Aires en abril de este año.
Trabajé con todas las palabras de los autores. Agregué una sola frase mía, sostuvo Caracciolo, y refirió: Este trabajo consistió en el traspaso del soporte papel al espacio dramático, en incorporar la forma teatral y dotar de acción a las palabras. Quise contar una historia de amor entre un soldado armenio y una joven argentina en el marco de la guerra. Una historia de amor en el infierno. El propósito es que el público y todos tengamos la posibilidad de saber qué pasa, de informarnos y tener una idea propia de lo que sería la Justicia en cada uno de los casos, agregó.
Este espectáculo tiene la particularidad de ser la primera obra que se estrena en Argentina sobre la guerra de Karavagh. El autor armenio Hovannés Yeranyan vino especialmente para el estreno y está presentando el espectáculo a las autoridades del Hay Festival, que se realizará en octubre en Erevan, capital de Armenia.
Las palabras de Ana Arzoumanian y la traducción que ella hace, junto a Alice Ter Ghevondian, de las palabras del escritor armenio Hovhannes Yeranyan, más la generosidad del Teatro Tadrón en su dinámica y el compromiso artístico de Marcelo Saltal, permiten que me aventure en las premisas que guían este trabajo en doble rol: indagar en la transformación de la palabra escrita al sumarle la vibración del sonido que viaja en la palabra al ser pronunciada, e indagar en cómo se articula con los distintos niveles de lenguaje que constituyen el espectáculo.
El vestuario es responsabilidad de María Beatriz Toia, la iluminación de Marcelo Cuervo y el sonido de Gustavo Manzanal.