El 15 de octubre de 1966, un joven presbítero santafesino, por orden del entonces obispo Ponce de León, llegó la Capilla Cristo Rey de la vecina localidad rural para nunca más irse. El próximo domingo, para celebrar sus Bodas de Oro, la comunidad ha organizado una tallarinada en el Club Círculo Amigos Unidos. LA OPINION dialogó con el sacerdote.
DE LA REDACCION. El próximo domingo, la comunidad de Arroyo Dulce se vestirá de fiesta para agasajar a uno de sus vecinos más querido, que fue protagonista excluyente de los momentos más trascendentales de sus vidas: casamientos, bautismos, primeras comuniones, Navidades y las últimas horas de vida de los seres queridos. Todos juntos en torno a una gran mesa simbólica, celebrarán los 50 años de labor pastoral del padre Osvaldo de Castro en la Capilla Cristo Rey, fundada el 28 de diciembre en 1928.
Cuenta la historia que fue el obispo de ese entonces, Carlos Ponce de León, el que lo destinó a dicho templo el 15 de octubre de 1966.
La cita de honor, para el recuerdo y la gratitud, será el próximo domingo, a partir de las 12:30, en el Club Círculo Amigos Unidos, donde se servirá una tallarinada.
En la misma Parroquia
El padre De Castro, que cuenta con 83 años, a excepción de un breve lapso, fue siempre servidor de la Diócesis de San Nicolás, primero en Baradero, luego estuvo en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Pergamino y después en la Capilla Cristo Rey de Arroyo Dulce. No es frecuente que a un sacerdote lo dejen tanto tiempo en una parroquia por eso me siento privilegiado. Todas las veces que el obispo me quiso mudar de este lugar yo argumentaba mi comodidad por estar en esta comunidad. Ponce de León era un obispo que escuchaba a sus sacerdotes y en verdad yo le hablaba más con el corazón que con la voz, contó el padre Osvaldo y aclaró: Acá pienso terminar mis días.
Su historia
Osvaldo de Castro nació el 15 de junio de 1933 en la provincia de Santa Fe, precisamente en el pueblo de San Cristóbal. La mayor parte de sus estudios los realizó con los hermanos franciscanos en la localidad de San Lorenzo. Allí comenzó a sentir esa vocación de ser sacerdote, no sabía entonces si sería de una congregación o del credo secular. Mis estudios primarios y secundarios los realicé con los hermanos franciscanos de San Lorenzo. Uno de los sacerdotes de allí me acompañó hasta San Nicolás para decirle al obispo de mis intenciones. Desde San Nicolás me fui para el seminario de Buenos Aires donde cursé mis estudios hasta llegar al sacerdocio a los 24 años.
Cuenta De Castro que fue su madre, practicante católica, quien le inculcó la semilla de la vocación. Ella decía que yo iba a ser misionero, recuerda.
Amigo y sacerdote
El padre Osvaldo, como todos le llaman, es un sacerdote que buscar ser amigos no sólo de sus fieles sino de quienes integran la comunidad de Arroyo Dulce, más allá del credo. Dentro de mis razonables posibilidades, como cura y amigo, trato de solucionar los problemas de las personas, cuenta el sacerdote.
La vida, pero sobre todo, su paso por la capilla del Colegio de los Hermanos Maristas, le dio la posibilidad de establecer contacto con muchas generaciones de una misma familia. Fui capellán del Colegio Maristas de Pergamino durante 23 años y por ello los padres de familia de aquellos niños que acudían al colegio, venían a Arroyo Dulce para bautizar a sus hijos o a algún familiar. Muchos siguen viniendo así que sigo teniendo mi pequeña hinchada en la zona, señaló el sacerdote, que se caracteriza por su tonalidad campechana al hablar, que se complementa con el mate que siempre lo acompaña.
En Rancagua
El padre Osvaldo no solo está a cargo de la Capilla Cristo Rey de Arroyo Dulce sino también de la Capilla del Luján de Rancagua. Todos los sábados voy a Rancagua a celebrar misa para los fieles del pueblo. También celebramos bautismos y casamientos cual si fuera una pequeña sucursal, expresa con una sonrisa.
Las actividades en ambos templos se distribuyen de la siguiente manera: los sábados a las 16:00 misa en Rancagua, y los domingos a las 10:00 en Arroyo Dulce.
Como hermanos
Con 50 años de vivir y asistir espiritualmente al pueblo, el padre Osvaldo es probablemente el arroyodulcense más conocido, a pesar de no haber nacido allí. Llegó por obediencia debida pero peleó siempre por quedarse cada vez que temía que llegaría su traslado. Hoy agradece a todos los que han pasado y a quienes actualmente asisten a la Capilla. Estoy muy agradecido con mi comunidad que me han aceptado, que han colaborado y que saben que aquí tienen, además del sacerdote, a un amigo, manifestó el padre Aldo.
El tratarnos como hermanos, aceptarnos, entender que todos somos distintos pero vivir como hermanos en Cristo, que es el único que puede transformar los corazones, es el mensaje que el padre Osvaldo quiso dejarles a su feligresía y amigos de allí, Rancagua y Pergamino.