jueves 14 de mayo de 2026

Monseñor Cardelli abrió la Puerta Santa en la Parroquia de la Merced

22 de diciembre de 2015 - 00:00

El obispo de la Diócesis de San Nicolás presidió la ceremonia en la que dejó formalmente inaugurado el Año de la Misericordia en nuestra ciudad. Una multitud de fieles participó de la peregrinación que se realizó hasta llegar a las escalinatas de la Iglesia principal en la que el pastor diocesano empujó las puertas que simbolizan el corazón de Cristo.

DE LA REDACCION. En la tarde noche del domingo el obispo de la Diócesis de San Nicolás, monseñor Héctor Cardelli abrió la Puerta Santa en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. La emocionante ceremonia se inició en la Capilla del Colegio del Huerto donde descansan los restos de la beata María Crescencia Pérez. Allí los peregrinos iniciaron su caminata guiados por la cruz y el Evangelio hasta llegar a la Puerta Santa.

Parados en las escalinatas, los fieles aguardaron, rezando en su interior las jaculatorias para cumplir con su objetivo: traspasar las puertas que simbolizan el corazón de Cristo para por fin empezar a cursar el Año de la Misericordia, que fuera establecido por el Papa Francisco bajo la modalidad de año jubilar.

Numerosos fieles se congregaron en el templo y hubo quienes debieron escuchar la misa en las afueras de la iglesia. Comenzando con la celebración de la Eucaristía, el obispo diocesano revivió el bautismo entre los presentes desarrollando el ritual de la aspersión con agua bendita.

Luego, como indica la liturgia, se dio paso a las lecturas correspondientes a la fecha y al Evangelio que relató la visita de María a su prima Isabel.

 

Madre de la Misericordia

Luego de leer la Palabra de Dios, Héctor Cardelli esbozó una reflexión respecto al Año de la Misericordia que la Iglesia Católica comenzó, en realidad, el martes 8, Día de la Inmaculada Concepción, con la apertura de la puerta de la Basílica de San Pedro en Roma.

“Hemos abierto la tercera Puerta de la Misericordia en la Diócesis de San Nicolás. Y en este templo, dedicado a Nuestra Señora de la Merced a la que le voy a cambiar el título y la llamaré Nuestra Madre de la Misericordia, la puerta de su templo se abre para que esa merced, ese regalo que vino a través de ella a nosotros, hoy lo recibamos como un don de misericordia porque es la primera expresión de amor de nuestro padre Dios inmediatamente después del pecado. Fue por María que Jesús llegó a nuestras vidas”, dijo Cardelli y se remontó a la historia de “nuestros primeros padres” Adán y Eva recordando el error del pecado original. “Dios no se enojó ni se olvidó del proyecto amoroso que tuvo cuando nos creó. Y por ello allí donde abundó el pecado, inmediatamente abundó la gracia al anunciarnos un ‘salvador’ que nacería de una mujer que le aplastaría la cabeza al dragón”, agregó el obispo.

 

Aceptar la voluntad de Dios

Haciendo referencia a María, Cardelli sostuvo que era una hija fiel del pueblo de Dios. Ella fue la primera discípula en esperar al salvador. “Por estos misteriosos designios de un Dios sabio, la Virgen había sido preservada del pecado con el que todos nacemos”, afirmó monseñor. Y destacó que “María sabía que llegaba la hora de que ese salvador esperado por generaciones y generaciones, el deseado de las naciones dependía de una respuesta suya. En un momento María pasó a convertirse en una expectativa para Dios padre cuando le propone ser la madre del salvador. Pero también Dios sabía que la respuesta de María no podía ser otra que la que ella misma dio porque tenía mucha sintonía con la voluntad de Dios, siempre aceptó lo que Dios le pedía, y por ello haciendo uso de su libertad le dijo: ‘Hágase, que se cumpla en mí lo que me estás diciendo’”.

 

Un hecho palpable

Calificando a la anunciación como un “momento sublime”, la historia cambió radicalmente ya que la profecía se había convertido “en un hecho milagroso de gracia porque Jesús se gestaba en el vientre de María” comenzando de ese modo el camino de “nuestra redención, nuestro rescate. Jesús nos anuncia su palabra, nos enseña su voluntad mediante los dones del espíritu, nos lava de nuestros pecados con el bautismo que es el primer fruto de la misericordia de Dios en nuestra historia de salvación”.

 

Indulgencias

Para ser parte del Año de la Misericordia, los cristianos debieron cumplir determinadas condiciones, entre ellas, confesarse, rezar por las intenciones del Santo Padre, Francisco y comulgar. Y en este sentido, Cardelli afirmó que “cada vez que nos acercamos al sacramento de la reconciliación hagamos de cuenta que estamos en los pies de la cruz del Señor lavándonos y purificándonos con su preciosa sangre derramada. Cada vez que nos acercamos a la Eucaristía, hagamos de cuenta que nos nutrimos con Jesús pan de vida. Cada vez que nos acercamos a la Palabra tenemos la gracia no solamente de escucharla y meditarla sino también de incorporarla en nuestra vida a través de la intervención de los sacramentos. Con todo ellos podremos ser capaces de contagiarnos del don de la redención, testimoniarlo y anunciar el mensaje de la salvación porque el que crea y se bautice se salvará”.

 

Identificarse con Jesús

En la finalización de su mensaje, Cardelli instó a los fieles a asemejarse a Jesús en las formas de pensar, en las formas de decir, en las formas de sentir, “amoldarnos a las conductas de Jesús cuando estamos en el error y en el pecado”. El Santo Padre habla de un Año de Misericordia, “¿Qué sería de nosotros sin la misericordia?”, se interrogó el obispo y enfatizó que “cuanto más nos identificamos con el Señor más los reconoceremos como nuestro único Dios y ya no adoraremos al dinero, al poder, a la división porque esto nos llevaría a la destrucción. 

“La misericordia de Dios nos lleva a la comunión, a la fraternidad y hoy más que nunca podemos reconocernos como hermanos porque en la casa de nuestra madre todos somos hijos de María, hijos de la Iglesia y hermanos entre nosotros”, concluyó monseñor Cardelli.

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