Manuel Adorni dejó de ser jefe de Gabinete del gobierno de Javier Milei. La renuncia se formalizó este sábado, pocas horas antes del partido entre Argentina y Jordania por el Mundial, en una secuencia que tiene algo de marca registrada del funcionario saliente: sus movimientos más importantes siempre coincidieron con el devenir futbolero. La noche anterior a que comenzara la Copa del Mundo habló en LN+ y presentó su declaración jurada. En plena ceremonia inaugural, la documentación quedó disponible en la página de la Oficina Anticorrupción. Y este sábado, con el seleccionado a punto de saltar al campo, Adorni confirmó lo que ya era un secreto a voces en los pasillos de la Casa Rosada desde el jueves: que su ciclo había terminado.
Una salida que se venía gestando desde adentro
El final de Adorni no fue una sorpresa para quienes siguen de cerca la política del Ejecutivo. Desde el jueves, en medio de fuertes tensiones internas, el clima en Balcarce 50 había cambiado de manera perceptible. Las mismas voces que hasta entonces negaban sistemáticamente una posible salida del funcionario comenzaron a responder con puntos suspensivos. El viernes por la tarde, esos mismos funcionarios confirmaron que había llegado el momento. "No se puede gestionar así", le dijeron a LA NACION en las más altas esferas del Gobierno, cuando la decisión todavía no era pública.
Milei había intentado sostenerlo hasta el último momento. El viernes por la mañana, desde España donde se encontraba de visita oficial, el Presidente dijo que solo lo dejaría ir si la Justicia lo consideraba culpable de corrupción. Pocas horas después, esa postura quedó desactualizada. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, activa en la Casa Rosada, fue la encargada de coordinar el relevo. Su participación fue clave en el desenlace: Adorni pertenecía a su círculo de fidelidad más cercano, lo que hizo que la decisión tuviera un peso político adicional.
Milei, que regresaba de España mientras se ultimaban los detalles, fue esperado para comunicar las novedades. Una vez en el país, el Presidente retuiteó la carta de renuncia de su exjefe de Gabinete sin agregar palabras propias. Karina Milei sí escribió: "Querido Manuel, gracias por tu incansable trabajo durante todo este tiempo y por defender las ideas de la libertad con una pasión y un compromiso que pocas veces se ven. Sos una persona íntegra, valiosa y muy querida por todos nosotros. Sabemos del difícil –e inmerecido– momento que venís atravesando vos y tu familia desde hace meses, y acompañamos tu decisión con respeto, lamentando que las circunstancias hayan sido de este modo. Tu aporte a este proyecto político y de país dejó una marca enorme".
La carta: elogios a Milei, acusaciones a los medios y una despedida sin reconocer errores
Adorni publicó en sus redes sociales una extensa carta de renuncia que resume con precisión su lectura de lo ocurrido: él es una víctima del hostigamiento mediático, no un funcionario que deba explicaciones. En el texto, agradeció a Milei por aceptar su renuncia "por primera vez" —lo que implica que en otras oportunidades el Presidente la había rechazado— y describió los últimos meses como una "carnicería mediática" que lo llevó a tomar la decisión de retirarse para proteger a su familia.
El inventario de acusaciones que Adorni describió como mentiras es extenso: viajes inexistentes, gastos suntuosos, contratos falsos de su esposa con el Estado, mansiones y autos lujosos, granjas cripto operadas con la custodia presidencial, nepotismo, gastos personales pagados con fondos públicos y hasta "un pendrive lleno de dólares". "Sí, presidente, un pendrive lleno de dólares", escribió con una ironía que no disimulaba la tensión acumulada. También mencionó que le inventaron amantes, hijos no reconocidos, hermanos y hasta un padre biológico distinto al real.
Sin embargo, la carta omitió cualquier referencia a los hechos que sí fueron corroborados y que alimentaron el escándalo durante meses: el viaje a Estados Unidos con su esposa en el avión oficial, el traslado a Punta del Este en el jet privado de su amigo y contratista Marcelo Grandio, las propiedades y fondos no declarados ante la Oficina Anticorrupción, las tarjetas de crédito de subordinados usadas para comprar artículos de videojuegos por casi seis millones de pesos en un mes en que su sueldo bruto era de tres millones y medio, y la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito que pesa sobre él y que motivó su inhibición general de bienes. Adorni cerró con su habitual "fin".
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El detonante político: el Senado como límite
Más allá de los escándalos acumulados, lo que terminó de precipitar la salida fue una ecuación política concreta e irreversible. El miércoles próximo, la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado iba a tratar la interpelación al jefe de Gabinete. En los pasillos de la Casa Rosada había un convencimiento generalizado de que Adorni no iba a poder evitar un resultado desfavorable. "No pasa el Senado", circuló como diagnóstico antes de que la salida se hiciera pública.
El Senado ya había dado señales en la semana previa: el oficialismo no pudo avanzar con el debate de la ley de propiedad privada porque, si habilitaba el quórum, la oposición iba a moverse de inmediato con la interpelación y la moción de censura contra el funcionario. La continuidad de Adorni se había convertido en un obstáculo legislativo concreto que bloqueaba la agenda del propio Gobierno.
La senadora Patricia Bullrich, jefa de la bancada oficialista, fue la primera en despegarse públicamente del funcionario. Su postura marcó un punto de inflexión: si el propio bloque que debía defenderlo en el Senado tomaba distancia, la situación era insostenible. El Congreso, tanto por la vía de la oposición como por la incomodidad del oficialismo, había puesto un límite claro.
Tres meses y medio de escándalo: la cronología de una caída
El inicio del derrumbe se puede fechar con precisión: marzo de 2026, durante la Argentina Week. Adorni subió a su esposa, Bettina Angeletti, al viaje oficial hacia Estados Unidos. Lo que en otro contexto podría haber pasado inadvertido resultó explosivo viniendo de quien era la cara de la austeridad del gobierno libertario. Adorni —que había criticado con dureza este tipo de conductas cuando eran protagonizadas por funcionarios de otros gobiernos— dijo que estaba "deslomándose" y que necesitaba la compañía de su esposa. La palabra "deslomándose" se convirtió en el símbolo irónico de todo lo que vino después.
Después llegó el viaje a Punta del Este en el avión privado de Grandio, contratista de la TV Pública. Con el tema judicializado, las revelaciones se fueron acumulando: propiedades sin declarar, fondos no reportados a la Oficina Anticorrupción, compras con tarjetas ajenas.
Diego Santilli
Diego Santilli. Potencial Sucesor de Manuel Adorni
LAOPINION
Santilli, el equilibrista que pica en punta
Con la salida de Adorni confirmada, la atención se desplazó hacia el nombre que ocupará el cargo más importante del Ejecutivo después de los hermanos Milei. El que aparece con más fuerza es Diego Santilli, actual ministro del Interior, en lo que sería la segunda vez que oficia de pararrayos en un momento crítico para La Libertad Avanza: ya lo había hecho antes cuando reemplazó a José Luis Espert, bajado de la candidatura a diputado nacional.
Santilli es descripto en los pasillos del poder como un equilibrista, alguien capaz de moverse con comodidad en distintos espacios sin generar los anticuerpos que generó Adorni. Su llegada implicaría además una reconfiguración del esquema: el Gobierno reactivaría la Vicejefatura de Gabinete con Ignacio Devitt, hasta hoy secretario de Asuntos Estratégicos, quien absorbería las funciones del Ministerio del Interior. La confirmación oficial de estos movimientos, sin embargo, todavía no se había producido al cierre de esta edición.
Lo que sí quedó claro es que la era Adorni cerró como empezó: con el funcionario convencido de que hacía todo bien y con el Gobierno sin poder sostenerlo más. La causa judicial por enriquecimiento ilícito sigue abierta. La inhibición general de bienes sigue vigente. Y la pregunta que queda flotando en el ambiente político es si el sucesor logrará lo que Adorni no pudo: mantenerse dentro de los límites que exige la gestión pública sin que su vida personal cuente una historia diferente.