Argentina cerró mayo con uno de los mejores registros de su historia reciente en materia de comercio exterior. El superávit del intercambio de bienes alcanzó los US$ 3.504 millones, una cifra seis veces superior a la del mismo mes de 2025, cuando había sido de US$ 607 millones. Con ese resultado, el saldo acumulado en los primeros cinco meses del año rozó los US$ 11.800 millones, superando el total registrado durante todo el año anterior y ubicándose como el cuarto más alto desde el año 2000 medido en dólares constantes. El protagonista indiscutido de ese resultado es el sector energético.
La energía como motor del superávit externo
El gráfico elaborado por Equilibra con base en datos del INDEC lo muestra con claridad. En 2026, el saldo energético acumulado a mayo alcanzó los US$ 5.450 millones, un registro récord para el siglo XXI en dólares constantes. Esa cifra representa casi la mitad del superávit comercial total del período y contrasta de manera elocuente con los años en que la energía fue un drenaje permanente de divisas: entre 2014 y 2018, el saldo energético fue negativo de manera sostenida, llegando a su peor momento en 2018 con un déficit que superó los 6.000 millones de dólares constantes.
El vuelco es estructural y tiene un nombre concreto: Vaca Muerta. El incremento en los volúmenes exportados de energía creció un 78% interanual en mayo, traccionado por un aumento del 165% en las exportaciones de petróleo. Ese salto en cantidades es lo que explica que las exportaciones totales del mes sumaran US$ 9.537 millones, un récord nominal histórico con un alza del 34,4% interanual, aun cuando en dólares constantes todavía queda lejos del máximo para un mes de mayo registrado en 2013.
El otro lado del balance: importaciones que caen por las razones equivocadas
El superávit no se construyó solo con más exportaciones. También influyó una caída del 7% interanual en las importaciones, que en mayo sumaron US$ 6.033 millones. Sin embargo, la lectura de ese descenso merece matices. La baja vino explicada por menores cantidades importadas, con una caída del 13,6% interanual, mientras que los precios subieron un 7,6%. Lo más preocupante es que las importaciones vinculadas a la producción cayeron por séptimo mes consecutivo, un 16% interanual, y las de consumo también retrocedieron un 3,1%. Ambos datos refuerzan la idea de una actividad económica y una demanda interna estancadas, más que de una economía que importa menos porque produce más eficientemente.
El abultado superávit acumulado en los primeros cinco meses del año tiene una correlación directa con la calma cambiaria: no es casualidad que su monto sea levemente superior a las compras de divisas del Banco Central, que en ese período alcanzaron los US$ 10.000 millones. El equilibrio en el mercado de cambios descansa, en buena medida, sobre esa mejora del saldo comercial.
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El cambio de la Matriz Energética se consolida en las cuentas públicas
Equilibra
El frente fiscal: el superávit se achica y cada vez cuesta más sostenerlo
Mientras el frente externo muestra señales sólidas, el panorama fiscal es más complejo. En mayo, el superávit primario fue de AR$ 1,92 billones y el financiero de AR$ 0,48 billones, con caídas reales del 14,9% y 45,7% interanual respectivamente. En los primeros cinco meses del año, el deterioro acumulado es del 12% en el superávit primario y del 25,2% en el financiero.
La causa principal del deterioro es la caída de los ingresos, que registraron su décima baja consecutiva en términos reales, con una merma del 4,1% interanual. La excepción fue el impuesto a las ganancias de sociedades, que subió un 29,5% por el cierre del ejercicio 2025 y amortiguó la caída de los recursos tributarios. Sin esa mejora puntual, el cuadro hubiera sido más severo. El consolidado del resto de las partidas cayó un 22,5%, arrastrado por el desplome del resto de ingresos corrientes, que retrocedió un 60,1%, y de las rentas de la propiedad, que bajaron un 17,1%. En mayo tampoco hubo ingresos por privatizaciones, quedando pendiente para junio el cobro de los US$ 365 millones de la venta de Transener.
Del lado del gasto, la baja fue menor, del 2,2% real interanual, lo que explica por qué los ingresos cayeron más que los gastos y el superávit se achicó. Las transferencias a universidades crecieron un 78,5% y las prestaciones sociales se mantuvieron estables, mientras que cayeron fuerte las transferencias a provincias, los gastos de capital y los subsidios económicos. Los intereses, por su parte, crecieron un 4,9% en el mes pese a acumular una baja del 4,5% en el año, explicando una parte significativa de la caída del resultado financiero.
Qué viene para el segundo semestre
La venta de Transener aportará un ingreso extraordinario en junio que ayudará a sostener el resultado del sector público nacional en el corto plazo. Pero la dinámica de fondo plantea interrogantes para la segunda mitad del año. Como reconoció el propio ministro de Economía Luis Caputo, seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. La clave para sostener el resultado fiscal en el segundo semestre será que los ingresos tributarios recuperen dinamismo de la mano de una mayor actividad económica, algo que los datos de importaciones del primer semestre todavía no permiten anticipar con certeza.
El cuadro general que emerge de los números de mayo es el de una economía con un sector exportador de recursos naturales que atraviesa un momento excepcional y sostiene las cuentas externas, mientras que la actividad no extractiva y la demanda interna permanecen deprimidas, con un frente fiscal que mantiene el equilibrio pero con márgenes cada vez más estrechos.