Lo que comenzó como una tarde cualquiera terminó convirtiéndose en una pesadilla. La picadura de una hormiga desencadenó en André, un niño de Pergamino, una reacción alérgica extrema que lo llevó al borde de la muerte. Hoy, recuperado físicamente pero aún atravesando secuelas emocionales, su historia se transformó en el motor de una iniciativa legislativa que busca cambiar una realidad: la falta de información, protocolos y preparación ante casos de anafilaxia.
La importancia de una encuesta
Para respaldar el proyecto, se realizó una encuesta que reunió cerca de mil respuestas. Los resultados evidencian una situación preocupante: más del 60% de los participantes afirmó haber sufrido una anafilaxia, pero solo 3 de cada 10 casos fueron correctamente diagnosticados. Además, el 54% de las instituciones no cuenta con protocolos escritos, el 71% del personal nunca recibió capacitación y el 63% no dispone de medicación de emergencia como adrenalina. A pesar de esto, el 95% apoya la creación de una ley específica.
El momento que lo cambió todo
“El momento mío fue la desesperación de pensar que podía perder a mi hijo”, recuerda Gisela, todavía conmovida. “André Tenía dificultad respiratoria, estaba descompuesto, y nadie alrededor sabía que era una anafilaxia”, relata.
La gravedad del cuadro fue extrema. “Llegamos con 40 de saturación. Fue minuto a minuto”, explica. Lo más impactante, asegura, es que si el desenlace hubiese sido otro, el diagnóstico probablemente no habría sido el correcto.
Una emergencia que no se reconoce a tiempo
Uno de los grandes problemas que expone esta historia es el desconocimiento generalizado. La anafilaxia es una reacción alérgica grave, rápida y potencialmente mortal, pero muchas veces no se identifica correctamente.
“Los síntomas son claros si los conocés, pero muchas veces se confunden con otra cosa”, explica Gisela. “Y el problema es que el medicamento que salva vidas, que es la adrenalina, no se usa”.
Según cuenta, esto ocurre por dos motivos principales: desconocimiento y miedo. “La palabra adrenalina asusta. Se la asocia a algo fuerte, a emergencias extremas, y entonces muchas veces no se aplica por dudas. Pero ante la duda, hay que aplicarla”.
Incluso remarca que su uso es seguro: “Si la aplicás y no era anafilaxia, lo máximo que puede pasar es taquicardia o temblores. Pero no aplicarla puede costar una vida”.
Instituciones sin herramientas
El relevamiento también dejó en evidencia una gran falencia en instituciones educativas, deportivas y sociales.
“El 54% no tiene protocolos, el 71% no está capacitado y el 63% no tiene medicación. Eso es gravísimo”, señala Gisela.
En muchos casos, los pocos protocolos existentes dependen de las propias familias. “La escuela de mi hijo tiene protocolo, pero es el que llevamos nosotros. No es algo institucional”.
El proyecto de ley: tres pilares
La diputada Paula Bustos tomó el caso y decidió avanzar con una propuesta concreta. “Esto me sensibilizó como madre y como persona. A cualquiera le puede pasar”, afirma.
El proyecto ya fue presentado y obtuvo estado parlamentario. Ahora debe ser tratado en comisiones antes de llegar al recinto.
La iniciativa se basa en tres ejes centrales:
Para personal de escuelas, clubes, colonias de vacaciones y cualquier institución donde circulen personas.
“Lo principal es saber reconocer una anafilaxia”, explica Bustos.
- Protocolo provincial unificado
Que establezca claramente los pasos a seguir: identificar síntomas, aplicar adrenalina, llamar a emergencias y avisar a la familia.
- Acceso a medicación de emergencia
“La adrenalina tiene que estar disponible. Sin eso, todo lo demás no alcanza”, sostiene la legisladora.
Una urgencia donde cada minuto cuenta
La anafilaxia no da margen de error. “Es minuto a minuto”, repiten tanto Gisela como Bustos.
“Una ambulancia puede tardar 10 o 15 minutos. Pero la reacción avanza mucho más rápido”, explican.
Por eso, la ley apunta a empoderar a cualquier persona. “No tenés que ser médico para aplicar adrenalina. Es algo que se puede aprender fácilmente”, insiste Gisela.
También se promueve el uso de autoinyectores, que simplifican aún más el procedimiento.
Un problema que puede afectar a cualquiera
Uno de los puntos clave de la concientización es entender que la anafilaxia no es un problema aislado.
“Le puede pasar a cualquiera. Incluso a alguien que no sabe que es alérgico”, advierte Gisela.
Entre los desencadenantes más comunes se encuentran alimentos como el maní, picaduras de insectos y materiales como el látex.
“Por eso no queremos generar miedo, pero sí conciencia”, aclara.
El respaldo social y político
El fuerte apoyo ciudadano respalda la iniciativa: el 95% de los encuestados está a favor de una ley. “Esto no es solo el pedido de una mamá, es el pedido de una comunidad”, destaca Bustos. Además, ya existe predisposición desde el ámbito local para acompañar la implementación.
El camino legislativo
El proyecto ya ingresó formalmente y comenzó su recorrido. “Ahora pasa por comisiones de salud, legislación y presupuesto”, explica la diputada.
Luego deberá ser aprobado en Diputados y pasar al Senado. Si se sanciona, el Poder Ejecutivo tendrá 180 días para reglamentarlo. “Tenemos expectativas de que pueda aprobarse este año”, señala Bustos.
El legado de una historia que moviliza
Hoy, André está bien. Juega, va a la escuela, intenta recuperar su rutina. Pero su historia ya dejó una huella. “Gracias a que él está vivo, podemos hacer todo esto”, reflexiona su mamá.
Desde Pergamino, una experiencia personal se convirtió en una causa colectiva. Una que busca transformar el dolor en prevención, la incertidumbre en conocimiento y el miedo en acción.