En paralelo, el informe oficial detalla que durante la temporada en curso se notificaron 5432 casos sospechosos, de los cuales 569 fueron confirmados o considerados probables. De ese total, 488 corresponden a personas que no viajaron fuera del país, lo que evidencia transmisión local activa.
En Salta, de hecho, se identificaron los primeros casos sin antecedente de viaje, lo que confirmó la circulación autóctona del virus. Este dato resulta clave, ya que marca el pasaje de casos importados a transmisión local sostenida.
En provincia de Buenos Aires
Si bien la provincia de Buenos Aires no presenta, por el momento, la magnitud de casos del norte, sí registra situaciones que requieren atención. En el municipio de Lomas de Zamora continúa un brote detectado en marzo, con 17 casos confirmados, de los cuales 14 son autóctonos.
La mayoría de los contagios se concentran en un barrio específico, lo que permitió delimitar el foco, aunque no reduce la preocupación por la circulación del virus.
Además, se confirmó la presencia del mosquito transmisor, el Aedes aegypti, a través de sensores de ovipostura. Este dato refuerza la necesidad de sostener medidas preventivas, especialmente el descacharrado y la eliminación de recipientes que acumulen agua.
En otras zonas del conurbano, como Tres de Febrero, también se detectaron casos de dengue vinculados, lo que evidencia un contexto general de circulación de arbovirus.
En cuanto a Pergamino y su región, no se registran brotes ni casos confirmados hasta el momento, aunque las autoridades insisten en no bajar la guardia.
El rol clave del Instituto Maiztegui
En este escenario, el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas “Dr. Julio Maiztegui”, con sede en Pergamino, cumple una función central como Centro Nacional de Referencia.
Desde allí no solo se confirmaron los primeros casos del brote, sino que también se realizó el análisis genómico del virus que circula actualmente en el país. Este trabajo, cuyos resultados fueron publicados recientemente en el Boletín Epidemiológico Nacional, permite comprender mejor la dinámica de transmisión.
El estudio del genotipo del virus resulta fundamental para determinar si se trata de nuevas introducciones o de circulación sostenida de variantes ya presentes. Además, aporta información clave para ajustar estrategias de salud pública, desde el control vectorial hasta la atención clínica.
El Maiztegui también coordina la red de laboratorios que diagnostican estas patologías en todo el territorio nacional, garantizando la calidad y la coherencia de los datos epidemiológicos.
Una curva en ascenso que preocupa
El informe oficial es contundente: la curva de casos muestra una tendencia claramente ascendente. Durante la semana epidemiológica 13 se notificaron 137 nuevos casos, lo que representa un incremento respecto de la semana anterior.
El análisis integrado de la información revela una aceleración sostenida, tanto en casos confirmados como probables, acompañada por un aumento de los casos en estudio. Esto refleja no solo una mayor circulación del virus, sino también una intensificación de la vigilancia y detección.
En términos demográficos, la mediana de edad de los casos es de 33 años, con mayor incidencia en personas de entre 45 y 65 años. El 53% corresponde a mujeres.
Síntomas, secuelas y grupos de riesgo
El chikungunya es una enfermedad viral transmitida por mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus. Los síntomas suelen aparecer entre 4 y 8 días después de la picadura, aunque pueden manifestarse entre el día 2 y el 12.
Los cuadros más frecuentes incluyen fiebre alta, dolores articulares intensos (poliartralgias), dolores musculares, cefalea, náuseas y fatiga. En muchos casos, el dolor en las articulaciones puede ser incapacitante.
Uno de los aspectos más preocupantes de esta enfermedad es su potencial cronicidad. Muchas personas continúan con dolores similares a la artritis durante meses o incluso años, lo que afecta significativamente su vida.
Si bien las complicaciones graves no son frecuentes, el riesgo aumenta en adultos mayores, personas con enfermedades preexistentes y niños pequeños. En estos grupos, el virus puede contribuir a cuadros más severos e incluso a la muerte.
Prevención: el rol clave de la comunidad
Ante la ausencia de vacunas o tratamientos antivirales específicos, la prevención es la principal herramienta para frenar la propagación del chikungunya.
El eje central es el control del mosquito transmisor, que se reproduce en agua estancada dentro de los hogares. Por eso, el descacharrado —la eliminación de recipientes que puedan acumular agua— es la medida más efectiva.
Latas, botellas, neumáticos, macetas o cualquier objeto en desuso pueden convertirse en criaderos. Tras lluvias o altas temperaturas, los huevos del mosquito pueden desarrollarse en apenas 10 días.
Además, estos huevos pueden permanecer latentes durante meses, lo que hace necesario sostener las tareas de limpieza durante todo el año, incluso en invierno.
Las autoridades sanitarias insisten en que la fumigación no es suficiente, ya que solo elimina mosquitos adultos. La verdadera prevención depende del compromiso comunitario.
Un escenario que exige atención y responsabilidad
El brote de chikungunya en Argentina plantea un desafío sanitario que combina vigilancia epidemiológica, investigación científica y participación ciudadana.
Mientras el norte del país concentra los casos y la preocupación, la expansión hacia otras regiones obliga a reforzar las medidas de prevención y control.
En este contexto, el trabajo del Instituto Maiztegui posiciona a Pergamino en un lugar estratégico dentro del sistema de salud nacional, aportando conocimiento clave para enfrentar a este virus.