viernes 20 de febrero de 2026

Adicciones en Pergamino: la Granja San Camilo colapsada por la demanda

En diálogo con LA OPINIÓN, Juanito Cabrera, director de la Granja San Camilo, revela datos preocupantes: la demanda se ha disparado.

7 de julio de 2025 - 09:56

La Granja San Camilo cumple 10 años en Pergamino, y este aniversario no es solo un número redondo: es una oportunidad para valorar profundamente la existencia de un espacio que hoy resulta vital. En un contexto donde los consumos problemáticos aumentan de forma alarmante, la Granja representa un refugio, una herramienta y, muchas veces, la única esperanza para jóvenes que han perdido todo.

“Estamos planificando algunas charlas abiertas a la comunidad, porque queremos que este aniversario no sea solo una celebración, sino un momento para visibilizar lo que está pasando”, expresa su director, Juanito Cabrera, en una entrevista con LA OPINIÓN. “Hace poco trajimos a la madre de Chano para poner el foco en la familia, porque una de las dificultades más grandes que tenemos es precisamente esa: el rol de la familia”, agrega.

En sus palabras, la problemática no solo se agrava por la cantidad de casos, sino también por la soledad en la que llegan muchos de estos jóvenes, sin acompañamiento, ni red, ni esperanza.

Juanito Cabrera.jpg

“La droga mata”, aseguró Juanito Cabrera

La frase es contundente. Y nace del dolor de ver todos los días cómo se destruyen vidas. “Es tristísimo el daño que genera la droga. Les arruina la vida. No es que el pibe no quiera salir, es que no puede, por el daño que ya le generó”, asegura Cabrera.

En la Granja San Camilo, actualmente hay 21 jóvenes internados, que es el límite de capacidad. “La Granja está llena. Y hay lista de espera. Eso ya da cuenta de que el consumo ha crecido muchísimo. Hoy la demanda es impresionante. Hay una bisagra clarísima: la pandemia”, explica.

Lo que sucede en Pergamino no es aislado. “Cuando trabajamos con Sedronar buscando otros dispositivos para internación, todos están en la misma. Tienen lista de espera. A veces se genera una vacante al mes y medio. Pero en ese tiempo, el chico ya no quiere internarse, o está detenido, o desapareció”, detalla.

Cocaína y alcohol: un combo que arrasa

En cuanto al tipo de consumo más frecuente, Cabrera no duda: “La cocaína, sin duda, y el alcohol. Lo terrible es que el alcohol no se toma en serio. Está naturalizado, pero es una adicción. Y hace mucho daño”.

La marihuana, dice, tampoco es vista como peligrosa por quienes llegan a la Granja. “Todos te dicen que empezaron con cocaína. Ni siquiera reconocen a la marihuana como algo negativo. Y muchísimo menos al alcohol”, explica.

Sobre el paco, Cabrera aclara: “A la Granja nunca llegó alguien con consumo de paco que haya vivido en Pergamino. Cuando hay casos así, son personas que han vivido en otros lugares, como el conurbano”.

Y agrega con énfasis: “Hoy lo que se consume no es algo bueno. Está probado. Y los lima. Esa palabra que uno antes escuchaba: ‘está limado’. Bueno, hoy es tristísimo. Porque la droga mata. Después que la cuenten como quieran. Que lo minimicen si quieren, pero yo te hablo desde lo que veo todos los días”.

Un problema que atraviesa todas las clases sociales

Uno de los mitos que más duele desmontar es el de la vinculación entre adicciones y pobreza. “Esto no es solo de los pobres. Ni de las personas sin recursos. La droga atraviesa todo. Lo mismo que antes se estigmatizaba al hijo de padres separados. Hoy, las adicciones no tienen clase social”, afirma con firmeza.

El común denominador, sin embargo, suele ser el mismo: vínculos familiares rotos. “Muchos de los que llegan lo hacen solos, sin la familia. Algunos fueron expulsados, otros vienen de relaciones que ya estaban quebradas y eso fue lo que los empujó al consumo. Pero en lugar de mirar para atrás, lo que hacemos en la Granja es ayudar a mirar hacia adelante”, explica.

A veces, la Granja termina cumpliendo el rol de familia, brindando contención, acompañamiento y herramientas para volver a empezar. Por eso, la presencia familiar es clave para una recuperación sostenida. “Es muy difícil sostener a alguien que no tiene con quién volver. Por eso trabajamos mucho en la proyección de esa persona, en su inclusión social, y si no lo hacemos con la familia, cuesta muchísimo”, señala.

Una generación sin límites

Uno de los aspectos más preocupantes para Cabrera está vinculado con la educación emocional que reciben los chicos. “Estamos viendo lo que se llama la generación de cristal. Chicos que no toleran frustraciones, que lo quieren todo ya. Y eso también tiene mucho que ver con cómo los criamos”, afirma.

“La sociedad les transmite que todo tiene que ser rápido, que no hay que esperar. Y entonces cuando las cosas no salen como quieren, no saben qué hacer. A veces, sin querer, les damos todo, pero no les enseñamos a procesar las frustraciones”, advierte.

“El mayor gesto de amor que un padre puede tener no es darles todo, sino poner límites. Enseñarles a pararse frente a las contrariedades de la vida. Eso es prevención. Eso es darles herramientas para toda la vida”, enfatiza Cabrera, quien propone incluso una campaña pública que apunte a visibilizar este mensaje.

Granja San Camilo, una institución que se sostiene

La Granja San Camilo no es una comunidad terapéutica cualquiera. Está pensada especialmente para quienes no tienen recursos ni posibilidades de pagar una internación.

Cuenta con un equipo interdisciplinario de 35 personas, que incluye profesionales, operadores, talleristas, y que trabajan codo a codo para rehabilitar, incluir y reconstruir vínculos.

El tiempo de permanencia en la Granja no es fijo. La internación es voluntaria, y depende de cada caso. Algunos chicos, con trabajo o red familiar, logran reinsertarse más rápido. Otros, en cambio, no tienen a nadie. A nadie. Y la Granja se convierte en su única familia.

Un llamado urgente a la sociedad

A 10 años de su apertura, San Camilo no solo reafirma su compromiso con quienes más lo necesitan, sino que levanta la voz con firmeza para que el tema de las adicciones deje de ser un tabú, y se entienda como una problemática social profunda.

“Que los padres pidan ayuda, que no tengan miedo. A veces uno cree que dando todo es suficiente. Pero los chicos necesitan presencia, necesitan límites, necesitan tiempo. Si no, la vida los golpea, y cuando eso pasa, muchos no están preparados”, concluye Cabrera.

Mientras tanto, en algún rincón de Pergamino, 21 jóvenes luchan todos los días contra una adicción que no eligieron, pero que los consumió. Y otros tantos esperan en lista, porque el lugar está lleno. Porque la demanda crece. Porque la droga no espera. Y porque mirar para otro lado ya no es una opción.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
Pergamino vivirá una nueva edición de Arriba la Birra.

Las Más Leídas

Te Puede Interesar