miércoles 13 de mayo de 2026

El padre Alfredo Torres y su labor pastoral en la Parroquia de Fátima

28 de marzo de 2015 - 00:00

El 18 de enero pasado, el sacerdote tomó posesión del templo, ubicado en J. J. Jiménez 549 en lugar de Javier Fortunato, que estuviera al frente de dicha comunidad religiosa por espacio de 16 años. En contacto con LA OPINION, el sacerdote aseguró: “Debemos escucharnos a pesar de las diferencias, todos somos hermanos en un mismo padre que es Dios”.

DE LA REDACCION. A mediados de enero la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima despidió a quien fuera su “pastor” por espacio de 16 años, padre Javier Fortunato y recibió a Alfredo Torres Salines, un joven sacerdote que actualmente dirige los destinos del templo.

A fines de 2014, por motivos de reestructuración en la Diócesis de San Nicolás, zona que incluye a Pergamino y localidades del Partido, el obispo Héctor Sabatino Cardelli determinó que el padre Javier Fortunato, luego de 16 años de intensa y comprometida labor en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Pergamino, sea trasladado a Arrecifes, precisamente a la Parroquia San José. Allí reemplaza  a Adrián  Galligani que se hizo cargo de la Iglesia Catedral de la ciudad de San Nicolás.

Por su parte, el padre Alfredo Torres, capellán de Nuestra Señora de Fátima de Urquiza es el nuevo párroco del templo de J. J Jiménez 549.

En diálogo con LA OPINION, el sacerdote contó cómo se desempeña en su nueva labor pastoral, brindó detalles de su anterior actividad sacerdotal e invitó a las fieles a “predicar con el ejemplo”.

- Una vez instalado en la Parroquia de Fátima ¿cómo viene trabajando en la comunidad?

- Geográficamente la Parroquia Nuestra Señora de Fátima es muy importante, es amplia. Hace poco que me hice cargo, por lo tanto estoy analizando el panorama para discernir las actividades que se pueden realizar. En la comunidad hay un grupo de gente de gran capacidad humana y un sector más humilde. Son cuatro los barrios en los que debo trabajar sumados a Fontezuela y Urquiza que son los dos pueblos que abarca la jurisdicción. Estamos trabajando fuertemente con los catequistas y con personas que se suman a la comunidad. Todas las actividades que se realizaban bajo la organización del padre Javier tienen continuidad, pero también estamos analizando qué otras diligencias podremos desarrollar.

- ¿Cuál es su experiencia laboral pastoral?

- Me ordené como sacerdote en 2005 y me trasladé a Río Gallegos. Allí estuve por espacio de siete años y fundé el segundo santuario dedicado a la Virgen del Rosario de San Nicolás. Estuve a cargo de la obra del Santuario, buscando fondos y también trabajé en la consolidación de la comunidad de dicha Parroquia. Regresando a la Diócesis de San Nicolás, el obispo me dio lugar en la capilla de Urquiza. Incentivado por la invitación que me realizaron algunos sacerdotes y obispos amigos del sur, mi intención era el año pasado volver a instalarme allí, en Río Gallegos. Le pedí permiso a monseñor Héctor Cardelli. Una vez que me dio su aprobación mandé mis pertenencias a Chubut donde se encuentra monseñor Slavi. A la muerte del joven padre Luis Lobos y a la avanzada edad del padre Marciano Alba, el obispo Cardelli me pide que no me vaya y me asigna la Parroquia de Fátima. Tomé posesión el 18 de enero con alegría y entusiasmo siendo bien recibido por la comunidad. Por estos días estamos todos en un período de adaptación, dado que estoy conociendo a las personas y ellos conociéndome a mí. El padre Javier estuvo 16 años y soy consciente de que a los fieles les ha costado el cambio.

- ¿Se encontró con una comunidad comprometida?

- En algunos aspectos sí, pero la comunidad estaba de algún modo “quieta” para mi punto de vista. Y en este contexto yo siento que Dios me pide, y nos pide que salgamos a los barrios, que impulsemos a los jóvenes a formar parte del plan de Dios, que generemos un gran movimiento afuera, estableciendo contacto con el otro que es mi hermano, misionando, evangelizando en cada rincón de la jurisdicción. Creo que este fue un mensaje que captó el padre Javier Fortunato con mucha voluntad y entrega.

- Con este movimiento afuera que usted quiere generar, ¿está cumpliendo con un mandato del Papa Francisco que es “hacer ruido”?

- En mi época de seminarista, estudié en la UCA, y de allí salimos todos con ciertos paradigmas religiosos establecidos. Y fue en mi labor pastoral en el sur cuando me di cuenta de que debía cambiar, que debía prestar atención a los fieles, debía escucharlos. Los sacerdotes estamos para servir a las personas, acompañarlas en todo momento de su vida y atraerlos a la Iglesia. Si nos quedamos en la estructura, por ejemplo, de bautizar solamente los cuartos domingos de cada mes, es probable que no estemos atrayendo al fiel a la casa de Dios sino que lo estaremos alejando, por eso considero que debemos salir al encuentro del cristiano, captar su atención, aplicar estrategias de evangelización que permitan que los fieles asistan a misa, asistan a la Iglesia.

 

Su historia

Contando acerca de la historia de su vida, el sacerdote indicó: “Soy Alfredo Torres Salines, nací en Río Cuarto en 1974 por lo que tengo 41 años.  Tengo 4 hermanos. Mi mamá falleció en 2003 y mi papá tiene 74 años. Me ordené en la Diócesis de San Nicolás de los Arroyos en 2005. Por la intensa labor pastoral hace más de dos años que no veo a mi familia”, contó el sacerdote. Al tiempo que señaló que “una vez que me ordenaron fui al sur, a Río Gallegos, allí me encontré con una comunidad muy pobre en todos los sentidos. Fui generando, gracias a Dios, en mí un cambio positivo. Pudimos hacer el Santuario, que cuenta con una capacidad de 1.500 personas y realmente me siento gratificado de haber podido llevar la advocación mariana de la Virgen del Rosario al sur del país”.

 

Globalización del amor

Por último, el párroco de Fátima ofreció a la población en general un mensaje de paz: “Por estos días hablamos mucho de globalización. Y yo registro que estamos muy globalizados en lo superficial cuando en realidad debemos llevar a cabo un proceso de globalización de paz, de hermandad, de amor. Debemos escucharnos a pesar de las diferencias, todos somos hermanos en un mismo padre que es Dios”.

Por último y en vísperas de iniciar la Semana Santa, el clérigo aseguró que “tenemos que buscar a Jesús no en las estatuas de madera sino en la práctica. Cristo se encuentra en el hermano. Si me quedo rezando solo el Rosario en la Iglesia, soy un cristiano a medias, un cristiano cojo. Debemos rezar, leer la Biblia y predicar con el ejemplo en la cotidianeidad misma”.

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