El reconocido sacerdote murió el domingo, a los 86 años de edad. Fue servidor de esa comunidad por más de 50 años. En nuestra ciudad cumplió una destacada labor pastoral en el Colegio San José de los Hermanos Maristas.
Falleció el pasado domingo el padre Osvaldo de Castro, el histórico párroco de la comunidad de Arroyo Dulce, de la que fue su guía espiritual durante más de 50 años, además de tener un fuerte vínculo con Pergamino, por haber sido, entre otras actividades, capellán del Colegio San José de los Hermanos Maristas, a lo largo de casi un cuarto de siglo. La muerte lo encontró en la paz de su hogar, a los 86 años de edad.
Fue el obispo Carlos Ponce de León el que lo destinó a la Capilla Cristo Rey, de Arroyo Dulce, el 15 de octubre de 1966 y, a excepción de un breve lapso, fue siempre servidor de la Diócesis de San Nicolás, primero en Baradero, luego estuvo en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de Pergamino y después en la que fuera su gran amor. “No es frecuente que a un sacerdote lo dejen tanto tiempo en una parroquia por eso me siento privilegiado. Todas las veces que el obispo me quiso mudar de este lugar yo argumentaba mi comodidad por estar en esta comunidad. Ponce de León era un obispo que escuchaba a sus sacerdotes y en verdad yo le hablaba más con el corazón que con la voz”, contaba el padre Osvaldo a LA OPINION en octubre de 2016, cuando se cumplían sus Bodas de Oro como sacerdote e Arroyo Dulce y aclaraba: “Acá pienso terminar mis días”.
Su historia
Osvaldo de Castro había nacido el 15 de junio de 1933 en la provincia de Santa Fe, precisamente en el pueblo de San Cristóbal. La mayor parte de sus estudios los realizó con los hermanos franciscanos en la localidad de San Lorenzo. Allí comenzó a sentir esa vocación de ser sacerdote, no sabía entonces si sería de una congregación o del credo secular. Sus estudios primarios y secundarios los realizó con los hermanos franciscanos de San Lorenzo. Uno de los sacerdotes de allí lo acompañó hasta San Nicolás para decirle al obispo de sus intenciones. Desde San Nicolás se fue para el seminario de Buenos Aires donde cursó sus estudios hasta llegar al sacerdocio, cuando tenía 24 años.
El padre Osvaldo, como todos le llamaban, fue un sacerdote que siempre buscó ser amigo no sólo de sus fieles sino de toda la comunidad de Arroyo Dulce, más allá del credo. “Dentro de mis razonables posibilidades, como cura y amigo, trato de solucionar los problemas de las personas”, contaba el sacerdote.
La vida, pero sobre todo, su paso por la capilla del Colegio de los Hermanos Maristas, le dio la posibilidad de establecer contacto con muchas generaciones de una misma familia. Fue capellán del Colegio Maristas de Pergamino durante 23 años y por ello los padres de familia de aquellos niños que acudían al colegio, iban a Arroyo Dulce para bautizar a sus hijos o a algún familiar. “Tengo mi pequeña ‘hinchada’ en la zona”, se jactaba el sacerdote, que se caracterizaba por su tonalidad campechana al hablar, que se complementaba con el mate que siempre lo acompañaba.
El padre Osvaldo no solo tuvo a cargo de la Capilla Cristo Rey de Arroyo Dulce sino también la Capilla del Luján de Rancagua.
Sus restos fueron sepultados este lunes en el Cementerio de Arroyo Dulce.