No me interesan los años que le vayan a dar de cárcel porque con eso no voy a recuperar a mi hija, mis nietas y a mi yerno, sostuvo en diálogo con LA OPINION.
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No me interesan los años que le vayan a dar de cárcel porque con eso no voy a recuperar a mi hija, mis nietas y a mi yerno, sostuvo en diálogo con LA OPINION.
En el Juzgado Correccional Nº 2, que lleva adelante el juez Carlos Picco, que subroga a la jueza Gloria Aboud, inició el juicio oral a tres efectivos policiales que participaron en los rastrillajes de la familia Pomar por falsedad ideológica. Minutos antes que comenzará el juicio, María Cristina Robert, madre de Gabriela Viagrán, mantuvo un breve diálogo con LA OPINION.
“Este es un momento esperado, hace años que le venía diciendo a mi abogado Aquilino (Giacomelli) y por fin llegó ese día, justo el día de mi cumpleaños”, comenzó diciendo e indicó que “este es el regalo más grande que podía tener, sin embargo no es lo que yo esperaba porque quería a la policía de Pergamino e integrantes de la DDI involucrados, sin embargo los tres acusados son de Salto”.
“No conozco físicamente a los tres policías, pero seguramente la impresión que me causará verlos será desagradable porque no hicieron las cosas como debían para poder haber velado a mi hija y no tener que esperar 24 días pensando que estaba desaparecida” dijo y además remarcó que “esa era la ruta que ellos iban y venían y cobraban por trabajar en ese lugar. No hicieron bien las cosas y desde el primer año que vengo solicitando justicia”, señaló Robert con lágrimas en los ojos.
Haciendo mención a la posibilidad que reciban una peña de seis años de prisión, Cristina Robert indicó que “no me interesan los años que le vayan a dar de cárcel porque con eso no voy a recuperar a mi hija, mis nietas y a mi yerno, lo único que quiero es que estas personas no trabajen nunca más como policías y tampoco en ningún lugar como funcionarios públicos”.
Por último manifestó “creo que sigo viviendo por la fuerza que me envían mi hija y mis nietas desde el cielo. Igualmente no es vida lo que estoy viviendo, no tengo ganas de moverme de mi casa, de salir, es un antes y un después repleto de etapas de dolor y de sufrimiento, de querer matar para estar con ellas. Pero tengo mucha gente a mi alrededor que me contiene, aunque vivo tomando pastillas porque si no, no podría seguir luchando en la tierra”.