Los que fueron afectados por la inundación, siguen padeciendo la angustia; algunos ya con resignación y otros presos aún de la impotencia. Ayer a la mañana el agua abandonó la mayor parte de los lugares que había afectado y quedaron las secuelas en las viviendas y comercios. Los damnificados empezaron a reconstruir sus hogares.
DE LA REDACCION. El amanecer de ayer en Pergamino tuvo el sabor agridulce que se combinó entre el alivio de ver cómo el nivel de agua bajaba a un ritmo sostenido y la desazón que significaba ingresar al hogar para cuantificar daños y pérdidas y, al mismo tiempo, empezar la limpieza y el reacondicionamiento general para volver habitable la casa.
Todos los que fueron afectados por la inundación a causa de los casi 200 milímetros caídos entre el domingo y el lunes, siguen padeciendo la angustia; algunos ya con resignación y otros presos aún de la impotencia. Lo cierto es que nadie se queda quieto porque, con la ayuda de vecinos y voluntarios que se suman desde otros lugares, cada familia va reconstruyendo su hogar y cada comerciante trata de reacondicionar su negocio afectado.
El lunes, cuando a la mañana desbordó el arroyo Pergamino como consecuencia del ingreso de las aguas que bajaban de los campos, unos 500 metros a cada lado del Arroyo y a lo largo de toda la extensión por el casco urbano, quedaron afectados por el agua. A mayor cercanía con el cauce, más agua adentro de las propiedades. Se calcula que unas 2.000 propiedades fueron alcanzadas por el agua. Cerca de las 17:00 se registró el pico de la crecida; de ahí en más era cuestión de esperar que el nivel empezara a bajar. Durante algunas horas no hubo bajante, pero ya ingresada la noche empezó a registrarse la salida de agua por el Arroyo. Durante la madrugada fue bajando primero muy lentamente y ya para las primeras horas de la mañana de ayer fue muy sostenido el ritmo, al punto que solo quedaron anegados algunos de los sectores más cercanos al Arroyo.
Cerca de las 10:00, cuando se dieron las condiciones de seguridad necesarias y no había agua en la calzada, fue habilitado el puente Colón-Illia, con lo cual ya eran dos los pasos habilitados para vincular el norte con el sur de la ciudad. El otro puente, que siempre estuvo operativo, es el de la ruta 8/188. Para el mediodía fue habilitado el puente de Florencio Sánchez. En tanto que en los de Merced-Juan B. Justo y Rocha-Perón el agua impedía habilitar el paso.
A todo esto, las familias afectadas empezaban a reacondicionar sus casas. Muchos propietarios decidieron pasar la noche en los techos para cuidar las pertenencias que habían podido rescatar. Otros, en cambio, fueron a pernoctar a casas de familiares o amigos, mientras que también funcionaron los centros de evacuados, que albergaron durante la noche a alrededor de 300 personas.
A medida que cada sector fue quedando sin agua, las familias volvieron a sus casas. Fueron momentos muy tristes, como en abril de 1995. Parecía un campo de batalla en el final de una guerra, con todos los pertrechos a la espera de que alguien los retire. Una batalla que esta vez ganó el impiadoso paso del agua. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas, como hace casi 22 años, cuando cuatro personas perecieron durante el fenómeno.
Muebles, electrodomésticos, colchones, utensilios, recuerdos, todo lo que hay en una casa fue literalmente a parar a la basura. Desazón total en cientos de familias que mientras se desprendían de sus pertenencias hasta ayer nomás utilizables y ahora arruinadas, pensaban en cómo harían para reponer tantos bienes perdidos. Sabiendo además que había cosas irrecuperables, como los recuerdos de familia, por ejemplo.
A la par, personal de la Subsecretaría de Servicios Públicos empezó a recorrer las zonas afectadas por la inundación para recolectar los residuos domiciliarios y voluminosos. También se informaba a los vecinos que estaba habilitada la Plata de Residuos para el caso de que quisieran llevar los desechos por sus propios medios.
En los centros de evacuados fueron asistidas unas 300 personas, algunas de las cuales en el transcurso de la tarde pudieron regresar a sus hogares. Allí se entregaron colchones, agua, alimentos y medicamentos. También este tipo de ayuda se repartió en las casas en las que había quedado gente autoevacuada.
A la par se colocaron postas sanitarias para asistir a las personas que podrían sufrir algún trastorno de salud.
Para hoy se espera que el panorama se disipe mucho más. Aún con la bronca a cuestas, para muchos será el momento de volver a empezar. Otros, en cambio, todavía tendrán por delante la ardua y angustiante tarea de reconstruir su hogar, porque a ellos el agua tardó más en bajar.
Con todo, Pergamino como sociedad está ante el desafío de demostrar que es capaz de recuperar la vertical. Tras un golpe tan duro, dependerá de la propia comunidad, sus autoridades y de la ayuda que pueda llegar desde otras esferas, que la ciudad primero recobre su ritmo y después piense en cómo contener este tipo de fenómenos climáticos que hasta hace unos años eran impensados y que se han vuelto cada vez más recurrentes.