domingo 10 de mayo de 2026

Monseñor Santiago celebró la “misa del 25” en el Santuario de la Virgen del Rosario

27 de noviembre de 2016 - 00:00

Cada 25 de mes los fieles se congregan en la “Casa de la Madre” para agradecer y pedir por diferentes intenciones. Luego de su asunción, el nuevo obispo de la Diócesis de San Nicolás presidió la celebración de la Eucaristía  en la que se ensalza los valores de la Virgen.

DE LA REDACCION. Ya es una tradición de más de treinta años de vigencia en la Diócesis de San Nicolás, que cada 25 de mes se realice una celebración en honor a la Virgen del Rosario de San Nicolás. En esos días se desarrolla una procesión por las calles linderas al Santuario y luego el obispo diocesano celebra misa.

Este 25 de noviembre, que fuera el pasado viernes, tuvo una connotación especial ya que fue la primera celebración que presidió el nuevo obispo de la Diócesis de San Nicolás, Hugo Norberto Santiago.

La ceremonia se desarrolló a las 17:00 y numerosos fueron los fieles que participaron del encuentro mariano.

 

María medianera

La homilía, después de la lectura del Evangelio, fue el momento en que monseñor Santiago se dirigió a los presentes.

Durante su alocución el obispo explicó por qué María es medianera de todas las gracias y señaló que “María es medianera de todas las gracias porque Dios Padre nos dio a Jesús a través de Ella. En efecto, Jesús, su persona, su estilo, su modo de pensar, de sentir, de obrar, que marca el camino del hombre extraviado descubriéndole sentido”.

 

El pecado

Para saber lo que significa la gracia de Dios hay que saber lo que produjo el pecado en los humanos y en este marco es que Santiago explicó que “Adán y Eva fueron creados en inocencia, entonces eran amigos de Dios, se amaban entre ellos y cuidaban de la creación. El pecado les hace perder la integridad y daña la relación de Adán y Eva con Dios, entre ellos y con la creación. Por la desobediencia a Dios, pierden su amistad, y al cortar con El quedan inevitablemente sometidos a la muerte, como un niño que estando en el seno materno corta el cordón umbilical. El amor y la complementariedad entre ellos se transforman en dominio y uso; finalmente dejan de ser señores de la creación. El hecho que pinta esta trágica situación causada por el pecado es que Caín mata a Abel, el odio fratricida entra en el mundo”.

 

En nuestros días

De acuerdo con lo expuesto por Santiago, este efecto provocado por el pecado, se nota en el mundo de hoy. “Muchos hombres han cortado su relación con Dios y viven como si Él no existiera: no dialogan con Él, no rezan, no tienen los diez mandamientos como camino de vida y de humanización”, sostuvo el obispo.

El segundo efecto del pecado se nota en la disolución familiar, donde “el amor y la complementariedad entre el varón y la mujer, a menudo son reemplazados por el dominio, el uso y la violencia familiar”, señaló monseñor.

Refiriéndose al tercer efecto del pecado, Santiago destacó que se nota hoy “en que el hombre dejó de ser señor de las cosas y el dinero, el poder y el placer lo dominan como si fuesen señores a los que hay que servir. El resultado es que el poder, en vez de ser para el servicio, se utiliza para el provecho propio; el dinero no es un medio sino un fin, y la consecuencia es que pocos tienen mucho y a muchos les falta lo elemental. Esto genera violencia e inseguridad porque mucha gente está “fuera del sistema”, es decir, no tiene posibilidades de acceso a una vida digna.  Como consecuencia la calidad de vida se va perdiendo en las ciudades porque la gente por miedo transforma sus hogares en trincheras”.

“Este es el mundo que creamos los hombres cuando prescindimos de Dios, cuando rechazamos su gracia”, sintetizó monseñor.

 

El “sí” de María

Confirmando que Jesús recrea los vínculos y destacando la valentía de la Virgen al aceptar el proyecto de Dios: ser la madre de Jesús, Santiago aclaró que cuando María dice “sí” a Dios en la Anunciación, se hace medianera de todas las gracias porque por obra del Espíritu Santo concibe a Jesús que recrea los vínculos con Dios, con los demás y con las cosas; en efecto, “por Jesús volvemos a tener la posibilidad de ser Hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de las cosas”.

Por último, el obispo sostuvo que “antes de que María, el Padre y el Espíritu Santo nos regalen a Jesús no sabíamos quiénes éramos. Se había perdido el sentido de la vida”. No obstante “desde que María nos regaló a Jesús, sabemos que Dios es nuestro Padre, que el otro es nuestro hermano, que somos señores de las cosas, que tenemos que re-presentar, volver a hacer presente a Jesús, su modo de pensar, de ser, de sentir, de obrar, y que la muerte no será el final, vamos hacia la casa del Padre”.

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