Militantes del ERP, víctimas de la última Dictadura Militar, fueron recordados ayer durante la colocación de la baldosa en la vereda de la casona de Rivadavia 954, donde vivieron algunos meses hasta que fueron detenidos. Señalizando hacemos visible esta parte de la historia, que no debe olvidarse ni repetirse, expresó Lucila, hija del matrimonio homenajeado.
DE LA REDACCION. Ayer en horas del mediodía, en la puerta de la casona de Rivadavia 954, fue colocada una Baldosa por la memoria de María Cristina Lanzillotto y Carlos Santillán, detenidos y asesinados durante la última Dictadura Cívico Militar.
La iniciativa que fue impulsada y materializada por la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos de Pergamino, se llevó a cabo en las puertas de la casa en la que el matrimonio de militantes del ERP vivió por un tiempo junto a sus, por entonces, pequeños hijos: Jorge y María Lucila. En ese lugar también fueron detenidos.
Son estas baldosas las que vuelven a darles entidad a los nombres que en ellas se inscriben, buscan reconstruir sus historias de vida, evitar el olvido de las vidas que fueron arrebatadas y hoy vuelven a tener presencia en los lugares donde fueron secuestrados.
Recuerdo a los militantes
En cada acto de colocación de baldosas los familiares y amigos se reúnen, se emocionan y recuerdan a las personas que ya no están. Expresan el compromiso de cada uno de los militantes populares desaparecidos en la lucha por una sociedad más justa e igualitaria. Resaltan la importancia de marcar las veredas para que los transeúntes que pasan por allí, fortalezcan las políticas de memoria, verdad y justicia.
Ayer estuvieron Alba Lanzillotto, hermana mayor de las mellizas Ana María y Cristina (ambas desaparecidas por la Dictadura); los hijos del matrimonio Lanzilloto-Santillán, Jorge y María Lucila; Juan Murray y Adolfo Villatte, fiscales federales; Torres Molina, militante y luchador de los derechos humanos; las doctoras Matilde Gatti y Juliana Girolimo abogadas por la querella en el juicio Saint Amant II; Paula Moretti actual fiscal federal de San Nicolás que tiene a cargo las causas por delitos de lesa humanidad, Luis Mattini, militante de Izquierda, escritor, últimos dirigente del ERP y del PRT; José María Budassi, presidente de la Mesa Regional por la Memoria, Verdad y Justicia; familiares de desaparecidos de Pergamino, expresos y detenidos políticos, representantes de asociaciones militantes por la memoria.
Legado de memoria
Cada homenaje permite hacer pública la memoria y reivindicar la militancia de los detenidos desaparecidos. Recordarlos es traerlos de vuelta al barrio y a la vida. Cada baldosa deja una marca, una huella de su vida, refleja un proceso de memoria que está en continuo movimiento y construcción.
En este acto conmemorativo, varios fueron los que se expresaron. En primer lugar lo hizo el presidente de la Asociación por la Memoria, Rubén Santucho que agradeció a los presentes por su presencia y destacó sobre todo la participación de los niños de la Escuela Nº 16. Estamos dejando un legado de la memoria, la verdad y la justicia y sobre todo en estos tiempos en que pareciera que está reflotando la teoría de los dos demonios. Por eso nosotros valoramos a los compañeros de toda una generación de militantes, que lucharon por la justicia, manifestó Santucho.
Modelos de pasión
Luis Mattini, quien militara junto a Cristina Lanzillotto y Carlos Santillán, recordó a sus compañeros, en especial, al negro antorcha como lo llamaban a Santillán. Cristina y Carlos eran la pasión personificada, la pasión viviente, dos valientes que se sometían a múltiples peligros defendiendo sus convicciones para hacer de este país un espacio más igualitario, señaló Mattini.
Actitudes a imitar
Por su parte Juan Murray, fiscal federal que estuvo a cargo de la investigación sobre los casos de delitos de lesa humanidad producidos por la Dictadura en el área militar 132, jurisdicción que operaba bajo las órdenes del general Manuel Saint Amant que fue condenado a perpetua. Además Juan Murray y Adolfo Villatte fueron fiscales en las audiencias de los juicios Saint Amant II, algunas de las cuales se desarrollaron en Pergamino. Agradezco haber podido actuar como fiscal investigando los delitos cometidos durante la última dictadura. Realmente estoy agradecido porque esto me permitió conocer historias de vida de personas apasionadas, solidarias que luchaban por un país mejor. Actitudes que nosotros debemos imitar, dijo Murray.
Hacer visible la historia
María Lucila junto a Jorge, son hijos del matrimonio Lanzillotto-Santillán. Si bien eran muy pequeños, convivieron con sus padres en la casona de calle Rivadavia, ambos vivieron en carne propia la detención.
En representación de los hermanos, María Lucila, visiblemente emocionada, expresó: Es para nosotros muy importante este tipo de señalización de los lugares en los que de algún modo estuvieron o pasaron los militantes populares desaparecidos porque contribuye a la formación de la memoria colectiva de los pueblos.
Asimismo manifestó que este tipo de iniciativas son movilizantes y emotivas ya que particularmente, en esa casona es donde nosotros compartimos junto a mis padres, la vida familiar. Esta era nuestra casa, el último lugar en el que los cuatro vivimos en libertad. Ha sido desde aquí que, hace cuarenta años, nos han detenido violentamente y nos condenaron a vivir sin nuestros padres mientras que a ellos los torturaron y asesinaron.
Lucila agregó que señalizando hacemos visible esta parte de la historia, que no debe olvidarse ni repetirse, y además es una forma de reivindicar la lucha y entrega de los militantes. Particularmente encuentro en estos momentos la oportunidad de decirles a mis padres que los amo y los admiro profundamente.
Huellas de la lucha
La última en hablar fue Alba Lanzillotto, hermana de Cristina, militante de derechos humanos, de la línea fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo. En Pergamino me siento como en mi casa, sostuvo Alba y dijo sentirse feliz de estar en estas tierras porque hay un compromiso muy fuerte de poner en valor la memoria, la verdad y la justicia.
Destacando el valor de la ubicación de las baldosas, Alba señaló que son una huella que indica las vidas de lucha, de esperanza, de utopías, de riesgos de los militantes que todo lo hacían por el bien común, por un país distinto, por un mundo nuevo de fraternidad, donde reine la justicia y donde las oportunidades sean iguales para todos.
En otro tramo Alba se refirió al encuentro del nieto 121 que casualmente fue su sobrino, hijo de Ana María, su hermana que al igual que María Cristina fueran víctimas de la dictadura. Maximiliano nació en cautiverio y nosotros nos perdimos cuarenta años de su vida, fuimos privados de verlo crecer porque quienes lo criaron jamás le dijeron, siquiera, que era adoptado, enfatizó la militante.
Recordando a las mellizas: Ana María y María Cristina, sus hermanas 19 años menores, Alba contó que eran muy queridas por todos hasta que empezaron a militar y se convirtieron para muchos en las subversivas, un apelativo de honor para mí porque los militantes subversivos luchaban por el bien de todos.
Por último, Alba destacó que soy feliz de que haya mucha gente con memoria porque la memoria es una de las razones de ser de nuestra vida.