Pachi es publicista de profesión y tiene una trayectoria de dos décadas en el rubro. También es fotógrafo y productor de contenidos. Y uniendo todas esas experiencias las sumó a su espíritu de hacer cosas por fuera de lo convencional para ayudar a gente que no la pasa bien.
Actualmente Pachi reside en Austin, Estados Unidos, donde también vive su pequeña hija, Helena. Acaba de inscribir su ONG One Dolar Dreams, para ayudar a gente en situación de calle.
Su historia de vida
Por estos días se encuentra en Pergamino y le contó a LA OPINION su historia de vida. Algunos contemporáneos conocerán su infancia, adolescencia, otros su vida pública, difundida por muchos medios. Es decir que para todos habrá algo que no conocían de Pachi.
Terminé el secundario en 1988 y me fui a Rosario a estudiar Abogacía, al año siguiente Medicina y finalmente me di cuenta que la cosa no iba por ahí y tuve la suerte de que mi viejo me diera otra oportunidad, esta vez de ir a Buenos Aires para estudiar publicidad. Ahí encontré lo que verdaderamente me apasionaba que era la comunicación. Luego ingresé en la Escuela de Creativos para perfeccionarme en creatividad, luego fui redactor y empecé a trabajar en Agulla & Baccetti que en ese momento (1999) era la mejor agencia de la Argentina. Durante un año, por derecho de piso, trabajé prácticamente gratis y después, ya como redactor junior pasé a trabajar en la agencia Vega Olmos-Ponce que era otra de las grandes de Buenos Aires.
En 2001, con la crisis me escapé de los cacerolazos yéndome a Londres, y lo hice sin saber hablar inglés, con apenas mil dólares y una bicicleta. Sabía que la iba a necesitar para movilizarme porque no tenía dinero. Al principio me hospedó Cintia Carden, una amiga pergaminense, y los primeros meses fueron muy difíciles, prácticamente sin poder comunicarme con nadie porque no conocía el idioma y terminé trabajando en un restaurante, después de estar una semana comiendo con gente de la calle porque llegué a tocar fondo. Después pasé a otro restaurante y luego empecé a trabajar en la construcción y pude alquilar un departamento con unos amigos españoles que había conocido. Así estuve un año entero en Londres y volví a la Argentina de vacaciones con la idea de volver a Inglaterra porque tenía trabajo y estaba bien, pero cuando llegué de regreso a Londres descubrieron que yo trabajaba entre 10 y 12 horas por día y que tenía visa de estudiante, y la ley es clara en que si sos estudiante, solo podés trabajar medio turno. Así que en el mismo aeropuerto me interrogaron, me dejaron entrar por 10 días para que resolviera mis cosas y me volví a la Argentina.
A Estados Unidos
Ya era 2003, el país estaba un poco mejor, volví a trabajar en agencias de publicidad, y así me salió un trabajo en Nueva York. Pero la situación era distinta porque me fui a Estados Unidos con una visa de trabajo, me dieron departamento y un buen sueldo. Ahí conocí a la que después sería mi esposa, una chica puertorriqueña, y al mes de estar viviendo juntos nos salió una oferta de trabajo en Austin, Texas. Allá nos fuimos y nos establecimos en ese lugar porque nos gustó. Además porque llegamos un domingo y al día siguiente nos enteramos que ella estaba embarazada. Enseguida armamos el casamiento que fue en Puerto Rico, al que fueron mis viejos y un par de amigos. En enero de 2009 nació mi hija, Helena, mientras nuestras vidas transcurrían en Austin. Cuando Helena cumplió un año, en 2010, sucedió el accidente de mis padres. Mi viejo estuvo 10 meses en coma hasta que falleció, así que estuve yendo y viniendo, y en el medio de ese caos tuve una discusión con mi mujer que terminó en el divorcio, por medio de una demanda de ella que la hizo sin siquiera hablarlo. Así que me tuve que ir de casa y me fui a dormir a lo de un amigo.
El dolor de la calle
Estaba mal y andaba por la calle, encontré a un hombre desahuciado, le di un dólar, le pregunté cómo estaba y me quedé hablando con él. Me contó su historia y yo la mía, porque lo que en realidad yo necesitaba era una oreja que me escuchara. Esa charla me sirvió para poner en perspectiva mis problemas, me hizo ver que yo no estaba tan mal, que tenía una hija que estaba bien, que mi vieja se había salvado en el accidente, fue la teoría del vaso medio lleno, que valoraba lo que tenía. A ese hombre le hice una foto y a partir de ese día me enfoque en hacer fotos de gente de la calle y subirlas a las redes sociales, que es un lugar donde todo el mundo sube fotos de uno mismo, o del plato que se va a comer, la selfie, y creo que esta cosa de sacar el foco que estaba en mí y ponerlo en los demás hizo que rompiera con esa lógica de las redes sociales. Así empecé a tener muchos seguidores, ponía el nombre y la historia de cada persona a la que fotografiaba para darle identidad a esta gente, empecé a tener una gran repercusión.
Un día se me ocurrió que si todos mis seguidores me daban un dólar que era el dinero que yo le daba a cada uno que fotografiaba, podía salvar a una de estas personas. Así fue que salió One Dolar Dream (Sueños de un dólar) que es el nombre de esta iniciativa que ahora es una ONG.
Empecé a viajar por distintos países, por ejemplo Colombia, donde encontré a un chico adicto al Paco al que interné y le pagué el tratamiento de rehabilitación. Después volví a Austin y le conseguí trabajo a un chef que estaba desocupado. Le compré todo el equipo y un set de cuchillos y fuimos a un restaurante y le ofrecí al dueño publicidad a través de mis redes sociales si lo tomaban a este chef. El hombre aceptó y desde allí empecé a utilizar mis redes sociales y mis conocimientos en comunicación para lograr otro tipo de cosas, que no eran justamente vender un producto convencional que era lo que había hecho en las agencias.
La gente iba donando pero en realidad era más la plata que ponía de mi bolsillo que la que recibía de donaciones. Pero lo interesante era que había una idea que seguía creciendo.
La ONG
Este año finalmente pude formar la ONG One Dolar Dream, después de renunciar a mi trabajo para dedicarme a lo que siento que es lo mío, y la verdad es que no tengo un mango, pero tengo una ONG (se ríe) y siento la libertad de hacer lo que me apasiona sin estar atado a trabajar para otros, y máxime en un rubro como la publicidad donde no podés opinar demasiado sobre ciertas cosas porque cualquiera es un potencial cliente.
Después de 20 años de trabajo en agencias de publicidad y por la fuerza que fue tomando dentro mí este proyecto, tomé la decisión de dejar el mundo corporativo para embarcarme en este emprendimiento que por ahora es de uno solo y con mucha gente que banca desde las redes sociales.
Además de la ONG fundé mi productora para poder tener sustento económico porque lo de la ONG es sin fines de lucro, y ahora estoy produciendo contenidos publicitarios y documentales, pero siempre tratando de ver un costado social, lejos de la publicidad típica de la familia feliz para promocionar un crédito de un banco o la chica que toma Coca Cola bajo la lluvia. Ya la gente no comparte eso, porque sabe que es mentira, que te venden la vida perfecta cuando no es verdad. Ya la gente quiere compartir cosas más reales y en ese sentido estoy tratando de hacer que las marcas inviertan la misma plata en cosas más cercanas a la gente y que a la vez den un beneficio a la población, como un buen mensaje.
También estoy usando mi productora para producir contenidos para mi ONG. Ahora vengo de Colombia de filmar el primer capítulo de un reality show (real, bien de verdad). Cada capítulo va a ser en un país diferente. Se trata de salir a la calle con la cámara, encontrar a la gente, contactarla, ayudarla, preguntarle cuáles son sus necesidades y tratar de cubrírselas en la medida de las posibilidades. Los invitamos a comer, les compramos zapatos, los llevamos a un hotel a ducharse, les cortamos el pelo, y así se generan vínculos muy lindos. Ahora estoy editando ese material logrado en Colombia como para hacer un capítulo de unos 20 ó 25 minutos y utilizarlo como demo para presentarlo a las compañías de TV.
En los zapatos del otro
Ahora se me ocurrió otra idea, que partió de una charla que di en Rosario titulada Zapatos nuevos, que gira en torno a la idea de ponerse en los zapatos del otro. Quiero diseñar un zapato especial para la gente de la calle, asociarme con una fábrica de calzados que me produzca zapatos con el nombre de One Dolar Dream y venderlos al público con el compromiso de que si compran un par se dona otro par para la gente. Ya estoy armando eso, estoy en charlas, pero eso es más a largo plazo.
El costo de vivir el sueño
Sigo viviendo en Austin y para subsistir económicamente estoy manejando un taxi de Uber. Es el precio que tiene la libertad. Cuando decidí renunciar a la agencia de publicidad donde el sueldo era bueno y emprender un proyecto personal, significaba dejar de recibir la mensualidad con la que solventaba todos mis gastos y los de mi nena, que siguen llegando y la plata no está más, entonces por suerte encontré Uber que me salvó la vida, porque trabajás cuando querés o cuando podés, y eso es fundamental para mi ritmo porque hay momentos en los que por mis proyectos tengo que estar varios días lejos de mi lugar de residencia.
Lo impagable
Nunca fui tan feliz en mi vida como ahora, por la libertad que tengo de decir lo que quiero sin tener que soportar que me tiren de la oreja en el laburo, o la misma libertad de poder administrar los tiempos; eso es impagable.
Ahora vine al país a dar una charla a una bienal de esculturas en Resistencia, Chaco, que es un evento espectacular. Yo había estado dos veces en El Impenetrable y había tomado varias fotografías, y ahora la charla que brindé tenía que ver con eso, porque mostré una foto de una nena tomando agua verde de un charco contrastada con la de una chica tomando Coca Cola bajo la lluvia riéndose. La idea es mostrar cómo la publicidad vende una felicidad que no es real cuando a la vez hay gente a la que le falta lo esencial, como el agua. También es una mirada hacia nosotros, que consumimos sin ser conscientes de las necesidades que tienen los chicos en nuestro país. Hablé de la responsabilidad de las compañías, también del rol de los gobernantes, y lo lindo es que estaban el gobernador de Chaco, el intendente de Resistencia y la gente de Coca Cola. El mensaje final fue que se trata de una responsabilidad de todos, y que cada uno decide si le da bola a Tinelli o a El Impenetrable. Cuando terminó la charla fui y saludé a todos con normalidad y estuvo todo bien. Ahora creo que la gente de Coca Cola en algún momento me llamará para hacer algo diferente (se ríe). Pero mi lucha es esa, la de generar conciencia y cambios de actitud.
Además, no me puedo permitir regresar a la Argentina y no venir a Pergamino, para estar unos días con mi vieja (Diana) y mis amigos. Impagable.