En general, la producción agraria no está de acuerdo con la aprobación de una iniciativa en el Concejo Deliberante que prohibe el uso de productos tóxicos en los primeros 100 metros contiguos a las áreas urbanas. Aseguran que se anularían unas tres mil hectáreas al no poder ser tratadas y destacan que la solución son las buenas prácticas agrícolas.
DE LA REDACCION. El Concejo Deliberante aprobó el martes un proyecto de ordenanza para regular las aplicaciones de productos químicos en los campos del distrito y se generó un amplio debate, no sólo en el ámbito deliberativo sino en la sociedad en general y en el ambiente del agro en particular. No obstante la sanción del Concejo, la ordenanza está en manos del Ejecutivo que, según adelantaron fuentes cercanas al intendente, éste se tomaría el tiempo suficiente y haría todas las consultas que considere pertinentes antes de promulgar o vetar la iniciativa. También cabría que pueda avalarla en general u objetar algún punto en particular y regresarla al Concejo.
Pero hoy el asunto pasa por otro eje, el de si es conveniente o no, por ejemplo, establecer que no se pueda aplicar ningún tipo de producto químico en los primeros 100 metros de campo que limiten con un sector urbano. Esto es, para los especialistas, desechar unas tres mil hectáreas productivas en el Partido de Pergamino y, a la vez, generar un cordón de 100 metros de ancho por todo el perímetro de un pueblo, donde crecerían las malezas y abundarían los roedores. También hay planteos sobre si esas tierras que quedarían sin utilizar seguirán tributando impuestos, porque al no poder ser tratadas con agroquímicos, los productores aseguran que es inviable un proceso de siembra y posterior cosecha.
Del lado opuesto aparecen los ambientalistas, que están de acuerdo con la no utilización de este tipo de productos en las zonas cercanas a los centros urbanos, por considerar que son nocivos para la salud de la población. El punto de equilibrio es la aplicación controlada, como está establecido en la misma ordenanza aprobada por el Concejo Deliberante. Ese control está previsto que lo realice un profesional de la agronomía, que es además quien va a expedir la receta agronómica y estar presente al momento de la aplicación, para que ésta se realice bajo las normas de seguridad establecidas. Por eso los productores en general plantean la incongruencia entre la necesidad de la aplicación controlada por un profesional y, al mismo tiempo, no permitir el tratamiento en los primeros 100 metros de campo.
El proyecto que había presentado la organización Agro Limpio, que es base de la ordenanza aprobada, tuvo modificaciones y éstas son el centro del debate. La propuesta original establecía una zona de amortiguamiento para que en los primeros 100 metros se pudieran utilizar solamente productos clase 3 y 4, es decir los de menos impacto toxicológico, y sacaba de esa zona los de clase 1 y 2 que son la mayoría de los insecticidas. El proyecto aprobado por el Concejo amplió esa zona a 500 metros para poder usar productor clase 3 y 4, y además agregó una zona de exclusión de tratamiento de fitosanitarios de 100 metros. Es decir que los primeros 100 metros desde donde finaliza el área urbana no pueden ser tratados con ningún producto agroquímico o fitosanitario y los siguientes 500 metros pueden ser tratados únicamente con los de clase 3 y 4 o de banda verde. Hay una gran similitud con el proyecto que habíamos presentado las instituciones que conformamos Agro Limpio (constituido por muchas organizaciones de la producción pero también están la Unnoba, la Federación de Distribuidores del Insumos, la Cámara de Fertilizantes, empresas de aeroaplicación, además de la Sociedad Rural, los grupos Crea, Aapresid y Aianba, entre otras) con el que finalmente fue aprobado, pero está el agregado de esta zona de exclusión, lo que genera todo un tema a discutir, explicó el ingeniero César Belloso, referente de la regional Pergamino de Aapresid.
El profesional considera que es incoherente que si yo estoy aplicando buenas prácticas en la zona de amortiguamiento con productos de banda verde y con el control de un profesional durante todo el momento de aplicación, no se pueda aplicar nada en los primeros 100 metros. Y no aplicar nada significa que lo que se siembre allí no podrá tener ningún tipo de tratamiento con lo cual vendrán naturalmente las malezas y las plagas y, en la medida que ese espacio vaya quedando fuera de un sistema de producción irá quedando abandonado y generará residuos que pueden provocar incendios o la proliferación de plagas como los roedores. Será una zona virtualmente abandonada, que no genera producción simplemente para dar un aparente grado de mayor seguridad.
El punto conflictivo
Belloso opina que si el proyecto no hubiese tenido esa zona de exclusión, todo lo demás hubiera sido aplicable o manejable por parte de la producción.
Y remarcó que es un disparate que dejemos tres mil hectáreas -que serían esos 100 metros por todo el perímetro de Pergamino- sin producir, porque el productor va a generar un lucro cesante para darle una seguridad aparentemente mayor a un vecino al que se le puede dar la misma seguridad aplicando buenas prácticas en una zona de amortiguamiento que está controlada por un profesional y utilizando productos que son de la más baja toxicidad.
Belloso, que se mostró de acuerdo en general con la propuesta aprobada pero cuestiona los 100 metros de exclusión al igual que prácticamente todo el ambiente del agro, indicó que aquel que realice una mala práctica debe ser penado por la ley y no puede uno tolerar mala práctica porque estamos hablando de productos químicos que pueden afectar la salud de las personas, como en cualquier hogar urbano puede afectar la lavandina, y no veo gran preocupación en la regulación del etiquetado de la lavandina que normalmente todo el mundo almacena debajo de la mesada de la cocina. Eso hace que uno vea una exagerada protección que va a generar, a la larga, complicaciones con la producción.
El profesional destacó que la ordenanza tiene muchos aspectos en los que todos estamos de acuerdo, como el manejo de los envases, la prohibición de transitar con equipos pulverizadores por los pueblos y otras tantas disposiciones, pero todo queda de alguna manera tenso por poner una sobreprotección al establecer esos 100 metros de restricción, cuando todos los que estamos en el tema sabemos que con el uso de las buenas prácticas agrícolas podemos seguir viviendo, operando y trabajando normalmente.
El intento de quedar bien
Los concejales que aprobaron este proyecto puede ser que hayan tratado de dejar conformes a todas las partes, aunque eso no siempre sea lo más beneficioso a la hora de llevar las ideas a la práctica. Porque por un lado había un proyecto basado en la técnica, la ciencia y el conocimiento que propiciaba ciertos parámetros para la aplicación de agroquímicos y la exigencia de las buenas prácticas agrícolas, y por otra parte estaba el ala dura del ambientalismo que pretendía una restricción en la primera franja cercana al sector urbano. El agua caliente en una mano y el agua fría en la otra no pone las manos en agua tibia, reflexionó un productor que opinó que el Concejo no generó una idea superadora con las modificaciones que introdujo al proyecto original y que, al mismo tiempo, puso en una instancia compleja al Ejecutivo al tener que promulgar o vetar esta ordenanza que fue votada por 18 de los 20 concejales.