viernes 12 de junio de 2026

Asentamientos y nuevas villas, los espacios que se debaten entre el prejuicio social y los vecinos que luchan por una vida digna

7 de diciembre de 2014 - 00:00

El desarrollo sostenible de una ciudad persigue el mejoramiento de la calidad de vida humana. No obstante un fenómeno que ha crecido en los últimos años, y que dista de una evolución equilibrada de la sociedad, ha sido el de la instalación de casillas y precarias construcciones en predios deshabitados. Atento a esta situación, LA OPINION se propuso analizar la realidad de estos nuevos espacios habitacionales con el objetivo de conocer cuál es el verdadero clima que se vive.

DE LA REDACCION. La planificación urbana forma parte de una de las cuestiones imprescindibles a abordar por los municipios a la hora de pensar en el desarrollo de cada ciudad. 

Delinear acciones y estrategias ordenadas en el territorio con perspectivas de construir procesos de expansión y mejora de las ciudades, procurando óptimas condiciones de vida a sus habitantes es potestad de todos los estamentos del Estado, aunque es el municipal el que, por pertinencia, debe estar siempre al pendiente de las necesidades más urgentes en este sentido. Luego, si la solución está fuera de su alcance o responsabilidad, se convertirá en un eficiente gestor de estos vecinos frente a la autoridad que sea competente en el caso.  

Pero hay determinados factores que son ineludibles de atender, entre ellos la disposición del espacio, la llegada de los servicios básicos, tales como cloacas, agua potable, luz, y todo aquello que implique una modificación del medio urbano y que suponga, por tanto, una oportunidad para aprovechar el entorno para la promoción de la vida saludable.

 

Expansión

En el siglo pasado se hablaba de la migración interna y el desarrollo industrial en las áreas urbanas como fenómenos que explicaban el surgimiento de barrios improvisados y precarios. En ellos se instalaban provincianos y también extranjeros de países vecinos que llegaban a las grandes ciudades buscando oportunidades laborales. En estos casos, la ocupación se daba antes que la urbanización; es decir, el Estado se hacía presente luego del hecho consumado, a diferencia de otros períodos en que estas movilizaciones habían sido específicamente promovidas, ya sea para alentar el crecimiento de una zona (recordemos lo de “poblar la Patagonia”) o un determinado rubro industrial, por citar un caso cercano, Somisa en San Nicolás. 

Lo de este Siglo XXI reviste ese carácter espontáneo, con gente que ocupa espacios deshabitados tras haber dejado su lugar de origen por falta de oportunidades, por inseguridad o por tener que abandonar el hogar familiar para formar la propia familia. En todos los casos el objetivo es vivir mejor. La instalación en una villa o asentamiento se presenta como la solución inmediata, tomada como situación temporal. A nadie le gusta vivir sin cloacas, sin luz o sin gas. Sin embargo, aquello que se creía pasajero comienza a tornarse permanente debido a la imposibilidad de progresar. Entonces el objetivo muta: ya no es elemental dejar la villa sino lograr mejores condiciones para vivir allí.

En Pergamino, el fenómeno migratorio interno que trajo a pobladores del Gran Buenos Aires, otras provincias y países vecinos se juntó con una realidad común a todos los estamentos sociales: lo difícil que resulta acceder a una vivienda y lo oneroso de los alquileres. Esto perjudica especialmente a los jóvenes, que al constituirse en pareja y tener hijos se ven obligados a abandonar la casa familiar para ir ¿dónde? Allí aparecen esos terrenos ocupados (algunos con propietarios y otros fiscales) donde con escasos elementos pueden levantar cuatro paredes y un techo para cobijar a los suyos. 

Esta población, compuesta mayormente por jóvenes pergaminenses y algunos extranjeros, a los que generalmente no se los conoce por su nombre sino por su gentilicio (“ahí vive el paraguayo”) es la que habita las llamadas comúnmente villas o asentamientos informales instaladas en tierras vacantes que por espacio de muchos años permanecieron sin ser habitadas. Así, en diferentes zonas, sin planificación y en poco tiempo los vecinos históricos comienzan a convivir con otros que viven una realidad algo diferente aunque estén a una cuadra de distancia.

 

¿Impenetrables?

LA OPINION se propuso analizar la realidad de estos nuevos espacios, que en el pensamiento colectivo son asociados con lugares “impenetrables”. 

Para conocer cuál es el verdadero clima que se vive, certificar o desmitificar, es que el Diario visitó algunas villas y asentamientos y estableció diálogo con los habitantes que, entre otras cosas, dieron respuestas a los interrogantes planteados, afirmaron su voluntad de vivir allí y destacaron que la situación económica inestable y la falta de accesibilidad a una “vivienda digna” fue el motivo principal por el que decidieron desarrollar sus vidas “entre cuatro chapas”.

 

La vida de Sergio

Sergio es uno de los habitantes más “nuevos”  de villa “La Latita”. Padre de tres hijos, Sergio decidió instalarse en este espacio ubicado en la zona norte de la ciudad, precisamente entre calles Laprida, Mendoza y Arnold (en las cercanías de la exfábrica Wrangler). Antes vivía en otro asentamiento, del que prefirió irse por la inseguridad que allí imperaba; se trata de “La 513”, detrás del barrio Virgen de Guadalupe (conocido como “512 viviendas”).

Así relata su periplo: “Hace un año que estamos acá, antes vivíamos en ‘La 513’ pero por problemas de inseguridad y por un problema personal con vecinos de ese lugar es que decidí junto con mi familia venir a vivir a una pequeña casa que de a poco estamos construyendo”, contó el vecino, que destacó el crecimiento de este asentamiento que pretende ser urbanizado por sus habitantes. “Son cada vez más las familias que vienen a vivir a este lugar, son muchos los ranchitos de chapa que se construyen, no sabemos de dónde vienen estas personas pero mientras podamos vivir todos en paz, los dejamos”, afirmó Sergio, al tiempo que señaló que son muchos los vecinos del barrio Acevedo, precisamente la zona ubicada detrás de la Escuela Primaria Nº 8, que se están instalando en este nuevo espacio, coincidiendo con el momento en que comienzan a convivir en pareja o tener hijos y deben dejar la casa de sus padres. Consultado sobre la presencia de personas provenientes de otras localidades, Sergio aseguró que las hay en “La Latita”, muchos de Buenos Aires.

La realidad de los asentamientos, en cuanto a calidad de vida, es difícil. Estos espacios se caracterizan por carecer de los servicios básicos y ese es el principal reclamo de los vecinos. En este sentido, el entrevistado aprovechó para pedir a las autoridades que abran al tránsito las calles Córdoba y Mendoza “porque existe una cuneta que cuando llueve se inunda y el agua ingresa en nuestras casas”. 

Dejando en claro que en la villa no todos son malvivientes y precisamente quienes no lo son sufren la inseguridad más de cerca que ninguno, Sergio habló de una necesidad en este sentido: “Hicimos los reclamos para que nos instalen aunque sea dos focos de luz. Estas calles son una ‘boca de lobo’ por la noche y nos da un poco de miedo y también necesitamos que se realice el desmalezamiento porque la otra noche unos ladrones dejaron tirado un auto entre estos pastos largos. También agarramos en varias oportunidades víboras que crecen entre los pastizales”. El mejorado de calles de tierra también es otra solicitud que concretan los vecinos.

Dejando de lado el imaginario social que dicta que las personas que viven en asentamientos son “vagos o ladrones”, Sergio contó que cada día realiza labores de albañilería al tiempo que, junto a su mujer, reciben la Asignación Universal por Hijo que provee el Estado. 

Y, como muchos otros, entiende que su posibilidad más cercana a una vivienda digna en este momento la tiene allí, por eso sus reclamos no van en sentido de que le den una casa sino en lograr mejoras para su hábitat.

 

El techo posible

José es el peluquero de Villa “La Latita”, el lugar en que decidió instalarse hace cuatro años, cuando quiso dejar  la casa de su padre, ubicada en el barrio Acevedo, para junto a su mujer iniciar un proyecto familiar. La poca accesibilidad a créditos lo llevó a comprarle a un vecino, de una manera poco ortodoxa, los derechos para poder vivir en el asentamiento. “Hace alrededor de siete años que existe este lugar y hace cuatro que vivo acá. Anteriormente vivía en la casa de mis padres en el barrio Acevedo pero quería independizarme, vivir con mi mujer y con mis hijos y como, a pesar de tener trabajo, no tuve acceso a un crédito para comprar un terreno, tampoco me alcanzaba para pagar el alquiler y por eso me instalé acá”, aseguró José. “Le compré el terreno a un ‘don nadie’ pero eso me permitió instalarme”, agregó el vecino.

De algún modo José es el vocero de los habitantes del asentamiento, ya que ha realizado un petitorio con la firma de varios vecinos a modo de reclamo de la urbanización de ese espacio. “Hicimos un petitorio que fue presentado en La Plata junto a los planos de este predio porque nosotros queremos pagar por mes los terrenos y que nos puedan otorgar después la escritura. Somos todas personas de trabajo que queremos progresar y que deseamos construir un lindo barrio, hacer una plaza para nuestros hijos, contar con los servicios básicos y vivir bien”, aseguró José.

 

Otra realidad

Sobre avenida Drago y las vías se ha formado, en el último año, un asentamiento que visiblemente está conformado por casillas construidas en chapa; más atrás se encuentra el conocido barrio Jorge Newbery. 

Si bien la intención de LA OPINION fue establecer contacto con los vecinos de dicho asentamiento, ninguno accedió al diálogo. No obstante el Diario charló con una vecina de Jorge Newbery, cuya identidad permanecerá oculta, que manifestó que son muchas las “caras desconocidas” que registran en el barrio, sobre todo en el nuevo asentamiento que se formó en las inmediaciones de las vías. “Hay muchas personas nuevas, creemos que es gente de afuera, es decir, no de Pergamino, y en los últimos tiempos la inseguridad creció bastante en el barrio e incluso hay zonas a las que la Policía no puede ingresar”, explicó la vecina.

 

Malvivientes

En cercanías del barrio conocido como exQuinta Mastrángelo se ha formado un asentamiento que molesta a los vecinos por el temor que los aquejas y principalmente porque “se los mete en la misma bolsa” y  sufren el perjuicio de haberse convertido en una zona considerada de peligro. “Los malvivientes se encuentran cruzando las vías. Cada vez que delinquen se refugian en nuestro barrio y por culpa de ellos ahora no contamos ni siquiera con el ingreso del colectivo”, aseguró Rosa, habitante de Mastrángelo.

En contacto con el Diario y con relación a la situación que vive, Rosa aseguró que está donde quiere estar: “Son muchos los reclamos que hacemos pero nosotros queremos vivir acá, que los funcionarios presten atención a las necesidades de los vecinos y que se hagan los trabajos que corresponden para formar un verdadero barrio. Todos los que decidimos vivir en esta zona somos personas de ‘laburo’ que, al no poder acceder a una vivienda por nuestros propios medios, nos instalamos en estos terrenos que pretendemos pagar por mes para luego escriturar”.

 

Procurar una vida digna

El círculo de pobreza alcanzó a miles de personas en nuestro país dejando a su paso a cientos de niños que no asisten a los establecimientos educativos, a cientos de personas que viven en casas improvisadas, afectados por el calor, la lluvia y la escasez de agua, en donde algunos ni siquiera tienen una cama para descansar. Aunque existen personas que buscan mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los asentamientos, la ayuda es a corto plazo. No obstante, es importante resaltar el coraje y la valentía de quienes, entre los miles de vecinos de los asentamientos y nuevas villas, deciden procurarse una vida digna, romper con los prejuicios sociales y urbanizar aquellos espacios que eligieron como sus “lugares en el mundo”.

Como decíamos al principio, este crecimiento urbano no fue como otros, organizado y promovido, sino que se trata de un movimiento espontáneo, como muchas otras cosas que se dan en la sociedad. Ellos llegaron y se instalaron; ahora tendrá que aparecer el Estado a darle un marco de contención y legalidad a esta realidad.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
Este domingo en el Teatro Unión Ferroviaria se presenta el espectáculo Experiencia Sabina.

Las Más Leídas

Te Puede Interesar