Sucede todo el año, pero especialmente en esta época de cosecha, en que el aumento del tránsito pesado es exponencial: es imposible circular con normalidad por las carreteras nacionales que cruzan la zona urbana. La falta de respeto a las normativas por parte de los conductores y la deficiencia en controles complican aun más la situación.
DE LA REDACCION. Transitar por la traza urbana de las rutas Nº 8 y Nº 188 para ir de un sector a otro de la ciudad puede llegar a demandar media hora, lo mismo que se tarda en unir Rojas con Pergamino, por citar un ejemplo; y cruzar la ruta -especialmente si no hay semáforo- es directamente un atentado a la vida. Estos son los costos que pagamos a diario los pergaminenses por vivir en una zona estratégica, neurálgica para las comunicaciones. No hay rosas sin espinas ni espinas sin rosas, dicen.
Esta circunstancia se verá superada con la llegada de la autovía, también dicen pero en el mientras tanto, el padecimiento existe.
El tráfico vehicular que se registra en la ruta nacional Nº 8, especialmente en el tramo de su superposición con la Nº 188, a la altura de calle Mazzei y el puente del Arroyo es un karma cotidiano. Lo mismo sucede en las inmediaciones de avenida Illia. Es que con el crecimiento de la ciudad, las rutas han dejado de ser perimetrales para convertirse en arterias urbanas ineludibles, ya que al otro lado de ella habitan miles de familias, hay radicaciones comerciales, escuelas y todo lo que hace a la vida civil. Sin embargo allí, por cuestiones jurisdiccionales, no hay una presencia de control acorde. Más bien la superposición entre Nación y Municipio hace que ni uno ni otro cumpla con el cometido de imponer el orden en pos de la protección de la ciudadanía. A todo esto se suma la cada vez mayor falta de respeto de los conductores, ya no solo hacia las normativas vigentes sino al sentido común. Así vemos, por ejemplo, a conductores que pretenden ganar tiempo a costa de utilizar las banquinas al tiempo que madre con niños intentan cruzar (no siempre por donde corresponde) de un lado al otro de la ruta.
En síntesis, no hay orden, no hay control, no hay sentido común; lo que impera en estos tramos de las rutas es una marcada inseguridad vial.
En plena época de cosecha, el paso continuo de vehículos pesados es importante e incrementa el habitual tránsito que atraviesa esas arterias viales. Esto, a decir de los vecinos, dificulta el desenvolvimiento en la vida cotidiana, ya se torna imposible cruzar la carretera debido a la alta velocidad con la cual se circula obviando los controles viales que, esporádicamente, regulan el paso.
Concretamente, y con especial énfasis en este tiempo y en horarios críticos como ingresos y salidas de escuelas, es imperiosa la necesidad de contar con agentes que tanto controlen el cumplimiento de las normativas como asistan el tránsito de pos de conseguir fluidez sin sacrificar seguridad. Gendarmería, Policía o agentes de la Agencia Municipal de Seguridad Vial, a quien corresponda o en coordinación de las tres fuerzas, tienen que hacerse presente de manera sistemática y no esporádica, con este propósito y no otro, en estos tramos urbanos de la ciudad, con mayor ímpetu en tiempos de cosecha y en horarios de alta circulación civil.
Alta siniestralidad
La superposición de rutas Nº 8 y 188 ha dado origen a numerosos reclamos ciudadanos, justificados por los múltiples conflictos que ocurren en el lugar, con graves consecuencias; allí coexisten vehículos de gran porte, automóviles, bicicletas, carros y peatones, con picos en los que colapsa la ruta por el intenso tránsito de camiones y/o colectivos de larga distancia.
La consecuencia más directa de esta congestión vehicular es el alto nivel de siniestralidad. Con presencia policial se puede disminuir el número de inconvenientes. La iniciativa se sumaría a otras alternativas de solución que fueron planteadas por los vecinos, aspiración de mejoramiento que se verá completada con la construcción de la nueva autopista.
Con mucho cuidado
Por otra parte, el llamado de atención se basa en los riesgos viales que en algunas arterias conlleva las labores de los productores agropecuarios en nuestra zona y más precisamente en el oeste de la ciudad esto implica el incremento sustantivo de la circulación de camiones por rutas y caminos rurales, manifestaron fuente consultadas por el Diario. Necesitamos cuidar caminos, calles y avenidas que, con gran esfuerzo y costo, se vienen mejorando con los consorcios viales de nuestro Partido, y con una gran inversión del Municipio en la zona urbana, resaltaron el viernes ante la consulta de LA OPINION.