martes 12 de mayo de 2026

La otra cara de la inundación: una beba nació en medio de la emergencia

13 de agosto de 2015 - 00:00

El martes Melina Gómez dio a luz a Umma en la Sala de Maternidad del Hospital San José, luego de ser derivada de uno de los centros de evacuación.  Su llegada al mundo en horas angustiantes para muchas familias pergaminenses mostró  una vez más cómo la alegría puede imponerse aún en los momentos de mayor adversidad para mantener en pie la esperanza. 

DE LA REDACCION. Como sucede a menudo con la vida, la realidad tiene varias caras y lo que experimentaron por estas horas los integrantes de la familia Ledesma -integrada por Melina Gómez, su esposo Rodrigo y su hijo Vladimir- no escapa a esa regla. En medio de la emergencia por la inundación que se llevó todas las pertenencias de la casa que habitan en el barrio José Hernández, llegó Umma, una beba de 3,200 kilogramos que nació el martes por parto natural en la Sala de Maternidad del Hospital Interzonal de Agudos San José.

Su mamá había sido derivada al nosocomio más temprano desde el complejo Pioneer donde estaba evacuada junto a Vladimir, su otro hijo de apenas 4 años.

Al cierre de la edición del martes LA OPINION confirmó el nacimiento de la niña en una crónica que daba cuenta de la situación que estaba viviendo esa familia, como tantas otras afectadas por el temporal. 

Ayer en horas del mediodía parte de esa historia de vida terminó de contarse cuando generosamente los papás de Umma aceptaron recibir a LA OPINION en la sala del Servicio de Maternidad donde Melina y Umma están internadas. En un diálogo simple relataron lo que vivieron en las últimas horas, poniendo en primera persona un testimonio común al de muchas familias que todavía no han podido volver a sus casas tras la inundación. 

Ambos tienen 24 años y se conocieron hace ocho . Ella vivía en Paraná y él en Santa Fe. Aseguran que los unió el puente que vincula a ambas ciudades y que llegaron a Pergamino para establecerse cuando decidieron conformar su familia, atendiendo a que aquí se le abrió a Rodrigo una posibilidad de trabajo. El martes justo celebraban su aniversario, y casi como un regalo, en las peores circunstancias, la vida los premió con la llegada de Umma que se encuentra en perfecto estado de salud, según refirieron profesionales del nosocomio que la asisten.

Quien más la esperó fue Vladimir, su hermano, que el martes cuando su mamá fue trasladada al Hospital para parir quedó al cuidado de asistentes sociales y vecinos en el centro de evacuación hasta que su familia volvió a buscarlo.

En la Sala de Maternidad del Hospital Melina está con su beba y una hermana que viajó desde Paraná apenas supo del difícil momento que estaban atravesando. También están Rodrigo y Vladimir, “los hombres de la casa”. 

Aceptan la conversación de la entrevista tímidamente y confiesan no estar acostumbrados. El niño tiene en sus manos un teléfono que utiliza casi como un juguete y en el que expone una foto de Umma, su hermana a la que muestra con alegría. Le brillan los ojos como a todo niño y es ingenuo al contexto social en el que se dio su llegada.

“Nosotros somos gente de trabajo, vivimos en el barrio José Hernández, en Mazzei y Gálvez y en los últimos temporales nos hemos inundado, pero esta vez fue peor porque estábamos a pocos días de que naciera Umma”, refiere Rodrigo.

“Cuando vimos que empezaba a subir el agua fuimos a la casa de unos amigos en Quinta Mastrángelo, yo en realidad me quedé en casa porque tenía miedo de que nos robaran. Ella se fue, pero era una zona alejada, prácticamente en medio del campo y con un embarazo a término”, agrega. Melina relata los momentos de angustia que vivió cuando comenzó a sentirse mal. “Me faltaban unos días todavía, tenía fecha para el 14, pero con todo lo que pasó me empecé a sentir mal. Yo venía controlando mi embarazo en la sala de Salud de José Hernández, estando en Mastrángelo comencé con contracciones y tuvimos que llamar a una ambulancia que me asistió, pero todavía me faltaba. El martes fui a la Sala porque tenía control y como no podían pasar autos, él me cargó en la moto. Después la doctora lo retó porque le dijo que eso había sido muy riesgoso, pero no teníamos otra alternativa. Allí nos sugirieron que era conveniente que nos evacuáramos en Pioneer porque Mastrángelo estaba muy lejos del Hospital; además allí había médicos y también Vladimir iba a estar más cómodo y seguro. Eso hicimos y al rato de llegar tuvieron que trasladarme al Hospital porque estaba por nacer Umma”.

 

Perderlo todo

En medio de esta circunstancia, el agua se lo había llevado todo. Rodrigo señala que al principio él se quedó en su casa, pero igualmente cuando el agua le llegó al pecho supo que lo habían perdido todo. 

Con Umma Xiomara en brazos de su mujer, Rodrigo confiesa que su intención es hablar con la doctora que las atiende para ver si es posible dejarlas unos días internadas hasta que él pueda reacondicionar su casa. “El agua en casa ya bajó, pero hay humedad y eso trae pestes, hay un olor como a podrido que hay que sacar antes de que ellos vuelvan”, refiere y cuenta que con cloro que le facilitó el patrón de la empresa avícola en la que trabaja desde hace cinco años comenzó la limpieza de su hogar.

 

Empezar de nuevo

Con humildad reconocen que ellos no están acostumbrados a “pedir”, pero señalan que en estas circunstancias es mucho lo que precisan.  “En casa solo pudimos rescatar una heladera, pero necesitamos camas, colchones, sábanas, frazadas, pañales y ropa”.

Al respecto Melina cuenta que cuando fue el momento de salir de su casa lo único que atinó a hacer fue llevar el bolso del bebé y algo de ropa para su hijo. “Pero no nos quedó prácticamente nada”, afirma.

“Tenemos que armarnos de vuelta”, refiere Rodrigo que de inmediato agrega: “No me queda otra que levantar la frente y pensar en ellos”.

El joven cuenta que trabaja en una fábrica avícola y agradece la colaboración que sus empleadores le han brindado. “Me he tomado vacaciones antes de tiempo porque ella se sentía mal. Hablé con mis patrones y me comprendieron  la situación. Hace cinco años que trabajo ahí y nosotros vivimos de lo que yo gano”.

 

Sin pedir ayuda

Aseguran que la situación personal que vivieron los distrajo de seguir de cerca cómo se fue implementando la ayuda social. “Nosotros no hemos hablado con nadie, mi idea es que ellas cuando vuelvan puedan tener donde dormir. Espero que cuando les den el alta ya estemos en condiciones de regresar, no tenemos otro lugar al que ir. Ojalá alguien nos ofreciera una vivienda en otra parte para que yo la pudiera pagar, para que esto no nos ocurra más.

“Nosotros no estamos acostumbrados a pedir. Al contrario, siempre que hemos podido hemos dado una mano. De hecho cuando llegué al centro de evacuación escuché que las asistentes tenían que bañar a un hombre que está con secuelas por un ACV y me ofrecí a hacerlo ya que tengo experiencia porque trabajé en un geriátrico. Lo hice con gusto porque necesitaban una mano. Entre todos nos tenemos que ayudar”, insistieron, pero en esta situación admitieron que necesitan colaboración. 

 

Emocionados

Emocionados, confiesan que nunca imaginaron que el nacimiento de Umma se iba a dar en estas circunstancias, aunque aseguran que “su llegada compensa el mal momento”. 

Miran a Umma y observan como Vladimir trata de cuidar a la niña recién nacida. “El se portó muy bien y está muy contento con el nacimiento de su hermana. Cuenta los días que faltan para el Día del Niño porque le habíamos prometido que le íbamos a regalar una pista de autos”, cuentan sus padres que rescatan la esperanza en la mirada del niño y en esa inocencia y en la pequeña recién llegada, hallan las razones para sobreponerse a la adversidad y comenzar de nuevo. Como tantos otros pergaminenses, por estas horas.

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