sábado 21 de febrero de 2026

La filosofía del aquí y ahora: Vivir el presente desde lo espiritual

La autora es Doctora en Filosofía Terapeuta Holística y Maestra de Chamanismo.

Instagram: @doctoradoli

30 de septiembre de 2025 - 16:32

Vivimos en una era marcada por la velocidad, la productividad y la ansiedad por el futuro. Desde que abrimos los ojos por la mañana, somos empujados hacia un estado de anticipación constante: responder mensajes, cumplir metas, resolver pendientes. En este flujo incesante, rara vez nos detenemos a experimentar el momento presente. Sin embargo, distintas corrientes espirituales y filosóficas —desde el chamanismo ancestral hasta el budismo zen— nos recuerdan que el presente es el único lugar donde verdaderamente ocurre la vida.

Pero ¿qué significa realmente vivir en el presente? ¿Es simplemente una consigna de autoayuda o hay detrás una sabiduría profunda que hemos olvidado?

La trampa de la mente

El filósofo Eckhart Tolle popularizó la idea del "poder del ahora", pero esta no es una invención moderna. Las antiguas tradiciones espirituales ya advertían sobre los peligros de una mente que vive atrapada entre el pasado y el futuro. Para el budismo, por ejemplo, el sufrimiento surge en gran parte por el apego a lo que fue y el deseo de lo que podría ser. La mente, al divagar constantemente, pierde su capacidad de habitar el momento y se desconecta de la realidad.

Desde una perspectiva chamánica, esta desconexión es aún más grave: es una forma de "perder el alma". En muchas culturas indígenas, se cree que cuando alguien sufre un trauma o se aleja demasiado de su propósito vital, una parte de su alma puede "irse", y para recuperarla, es necesario un ritual de sanación que reintegre cuerpo, mente y espíritu al aquí y ahora.

Así, tanto la filosofía oriental como el chamanismo coinciden en un punto clave: la conciencia plena del presente no es un lujo espiritual, sino una necesidad vital.

Vivir en el presente también puede verse como una forma de resistencia frente a los imperativos del sistema actual. La productividad, el éxito y la hiperconectividad muchas veces nos exigen estar en todo, menos en nosotros mismos. En ese contexto, detenerse, respirar y mirar un árbol puede ser, paradójicamente, un acto revolucionario.

Desde el taoísmo, el concepto de wu wei —la acción sin esfuerzo, en armonía con el flujo natural— nos invita a dejar de forzar la vida y empezar a fluir con ella. Esta fluidez solo puede experimentarse si se está verdaderamente presente, sin la interferencia constante del ego que juzga, calcula y teme.

El chamanismo, por su parte, enseña que cada momento es sagrado. En muchos rituales, se honra la presencia: del fuego, del agua, del animal, del ancestro, del espíritu. No hay prisa, no hay destino más importante que lo que está ocurriendo aquí, ahora. Esta atención total transforma lo ordinario en extraordinario.

La práctica diaria de estar aquí

Aunque suene simple, vivir en el presente es una de las disciplinas más difíciles de cultivar. No se trata solo de meditar 20 minutos al día, aunque eso ayuda. Se trata de cambiar la forma en que habitamos el mundo.

Ser conscientes del momento presente puede empezar con acciones mínimas: sentir el peso de los pies al caminar, oler el café antes de beberlo, escuchar de verdad cuando alguien habla. En lugar de vivir en piloto automático, se trata de volver una y otra vez a la experiencia directa, sin filtros.

Muchos caminos espirituales utilizan herramientas concretas para esto: el tambor chamánico, la respiración consciente, el canto, la meditación, el contacto con la naturaleza. No son solo técnicas; son puertas al presente.

Es importante aclarar que vivir en el presente no implica ignorar el pasado ni desentenderse del futuro. Al contrario, significa habitar cada momento con conciencia, sin quedar atrapados en las narrativas mentales que nos drenan energía. Es recordar que el pasado ya fue y que el futuro aún no existe, y que la única oportunidad real de actuar, amar, sanar o crear está aquí y ahora.

Como dijo el filósofo griego Epicteto: "No es lo que te sucede, sino cómo lo enfrentas, lo que determina tu destino." Y ese “cómo” solo puede elegirse en el presente.

En última instancia, vivir en el presente es también abrirse a lo sagrado. No hace falta estar en un templo o hacer una peregrinación para sentir lo divino: a veces basta con mirar el cielo, o compartir una mirada sincera. Cuando nos entregamos completamente al ahora, algo se alinea dentro de nosotros. Nos volvemos receptivos. Nos damos cuenta de que no estamos solos, ni separados, ni rotos.

El aquí y ahora no es solo un momento cronológico. Es un estado de ser, una vibración, un hogar al que siempre podemos regresar.

Y en ese regreso, quizás, podamos recordar lo que siempre hemos sabido: que la vida no está allá afuera ni en lo que viene, sino justo aquí, en este respiro, en esta palabra, en este instante eterno.

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