La AFA desató una nueva tormenta política y deportiva al consagrar sorpresivamente a Rosario Central como “Campeón de Liga 2025”, en una reunión improvisada y con una votación ya puesta en duda por varios dirigentes. La decisión, impulsada por Claudio Tapia, abrió una grieta interna y reavivó las críticas por los cambios repentinos en el reglamento.
Una estrella caída del cielo
La Asociación del Fútbol Argentino volvió a colocarse en el centro de la polémica con una maniobra que tomó por sorpresa incluso a algunos de sus propios protagonistas. En una reunión exprés del Comité Ejecutivo, en medio de una agenda que no contemplaba definiciones deportivas de este calibre, Rosario Central fue declarado “Campeón de Liga 2025” por haber finalizado primero en la Tabla Anual.
La decisión, impulsada personalmente por Claudio “Chiqui” Tapia y conversada por lo bajo con algunos dirigentes aliados, fue presentada como un intento de “jerarquizar la regularidad”. Pero en la práctica abrió un debate furioso: modificaciones súbitas al reglamento, trofeos improvisados, una votación que algunos participantes ya ponen en duda y el descontento silencioso de la mayoría de los clubes.
Cómo nació la idea y por qué el propio Di María dudaba
Según relatan dirigentes que participaron de las charlas preliminares, la iniciativa surgió directamente de Tapia, quien buscó consensos entre clubes de peso antes de llevarla a la reunión formal. La propuesta se aceleró en el tramo final del año y se precipitó este jueves, en pleno encuentro de la Liga Profesional en Puerto Madero.
Ni siquiera Ángel Di María, figura insignia de Central y uno de los principales beneficiarios simbólicos, estaba completamente convencido de la pertinencia del título. Su presencia en el acto fue más protocolar que celebratoria; una postal de la incomodidad general que rodeó al anuncio.
Una reunión caliente y una votación bajo sospecha
El Comité Ejecutivo sesionó con la pretensión de definir calendarios, formatos para 2026 y cuestiones estructurales, pero el punto sorpresivo del día fue el flamante campeonato anual. El trofeo ya estaba listo, la comunicación preparada y la comitiva de Central había llegado con sus principales referentes.
De acuerdo con testimonios reservados de dirigentes presentes, la votación fue apresurada y —en algunos casos— confusa. Estudiantes se despegó de inmediato, Banfield salió a cruzar la decisión y varios clubes murmuraron su malestar sin animarse a enfrentarse públicamente con el aparato político de la AFA.
Central celebra, pero la discusión excede al campeón
Belloso, presidente del club rosarino, brindó un discurso en tono triunfalista. Habló de “lógica deportiva”, de un plan discutido desde hace años y de un torneo que “premia la regularidad”. Ariel Holan hizo lo propio, aun admitiendo que él no es quién para opinar sobre formatos.
Los números, al menos, acompañan: Central jugó 32 partidos del acumulado anual, ganó 18, empató 12 y perdió solo dos. Fue el mejor en puntos y aseguró su lugar en la Copa Libertadores 2026. El plantel, encabezado por Broun y Di María, habló de “merecimiento” y de una estrella simbólica que, más allá de las formas, valida el trabajo del año.
Un debate que expone viejas heridas
La decisión llega en un momento especialmente sensible. El descenso reciente de Godoy Cruz reavivó las críticas del gobernador mendocino Alfredo Cornejo, quien acusó a la AFA de “cambiar reglas según conveniencias”. También cuestionó arbitrajes, VAR y decisiones adoptadas sobre la marcha. La entrega del trofeo a Central, horas después de sus declaraciones, no hizo más que avivar el fuego.
Incluso desde afuera llegaron reproches. Javier Tebas, presidente de LaLiga española, habló en el Olé Summit de un fútbol argentino poderoso en pasión pero debilitado en organización. Tapia respondió desde su cuenta de X con dureza, defendiendo el carácter “popular y competitivo” del torneo local y acusando a Tebas de menosprecio.
La cadena de contradicciones y la ironía de Barros Schelotto
La repercusión fue inmediata en todos los frentes. Guillermo Barros Schelotto, en la conferencia previa al partido de Vélez, reaccionó con ironía al ser consultado:
“¿Les pagan también?”, lanzó entre risas. Luego redobló: si el título es por regularidad anual, entonces debería ser retroactivo. “Claro que sí”, sentenció ante la posibilidad de que Vélez sumara una estrella por 2024.
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Un sistema que ahora puede entregar siete campeones
Más allá del escándalo puntual, la AFA confirmó para 2026 un esquema de competencias que permite hasta siete campeones oficiales en un mismo año: Apertura, Clausura, Trofeo de Campeones, Copa Argentina, Supercopa Argentina, Supercopa Internacional y el nuevo Campeón de Liga.
La multiplicación de títulos abre interrogantes profundos: ¿se busca estimular la competencia o simplemente aumentar el volumen de conquistas posibles? ¿Alcanza para ordenar el fútbol argentino o lo desordena aún más?
Un síntoma, no un episodio aislado
Lo que ocurrió con Rosario Central no es un hecho aislado sino parte de una dinámica conocida: cambios repentinos, reglas que se reescriben sobre la marcha, decisiones que impactan en la integridad deportiva y un clima dirigencial donde pocos se atreven a levantar la voz.
La estrella número 13 de Central quedará en los libros. Pero el modo en que se gestó —entre improvisaciones, contradicciones y operaciones políticas— vuelve a encender la discusión eterna sobre la transparencia y el rumbo del fútbol argentino.