domingo 01 de marzo de 2026

Anafilaxia: impulsan en Pergamino una encuesta clave para transformar la experiencia en política pública

Gisela Raimundo, lanzó un relevamiento en redes para medir el nivel de conocimiento y preparación ante shock anafiláctico.

1 de marzo de 2026 - 07:05

Tras atravesar uno de los momentos más angustiantes de su vida, Gisela Raimundo decidió convertir el miedo en acción. Luego del shock anafiláctico que sufrió su hijo André en Pergamino, lanzó una encuesta pública desde su cuenta de Instagram @Lic.giselaraimundo con el objetivo de reunir datos concretos sobre el nivel de conocimiento y preparación frente a la anafilaxia en instituciones educativas, deportivas y recreativas.

El relevamiento ya reúne cerca de 500 respuestas, pero necesita mayor alcance para convertirse en una herramienta sólida que permita impulsar cambios legislativos.

De la experiencia a la acción colectiva

Lo que comenzó como una emergencia médica terminó convirtiéndose en una misión.

“Después de atravesar la anafilaxia tan grave que tuve con André entendí que no es un problema solo mío”, explica Gisela. “Muchas veces el riesgo no es solamente la reacción alérgica, sino la falta de preparación que tenemos en el entorno donde ocurren las emergencias”.

Con esa convicción diseñó un cuestionario que, según aclara, no es una simple encuesta de opinión.

“No quiero que sean solamente testimonios. Está pensado como un instrumento para medir”, subraya.

Qué busca medir la encuesta

La estructura del relevamiento apunta a tres dimensiones fundamentales:

*Nivel de conocimiento general sobre anafilaxia.

*Grado de preparación real en instituciones.

*Experiencias de personas alérgicas y sus familias.

“Lo que estoy viendo con esto son tres dimensiones claves”, detalla Gisela. “No encontré en Argentina datos públicos actualizados que indiquen cuántas instituciones tienen protocolos reales contra anafilaxia o cuántas están capacitadas para reconocer emergencias vitales”.

El objetivo es generar evidencia medible y comparable que respalde una política pública seria.

Un vacío de datos y protocolos

Uno de los puntos que más la preocupa es la falta de información oficial.

“No hay relevamiento de cuántos casos se identificaron tardíamente”, advierte. En el caso de André, el diagnóstico inicial fue otro y recién después se identificó que se trataba de anafilaxia.

La anafilaxia progresa en minutos y la adrenalina intramuscular es el tratamiento de primera línea. El retraso en su administración aumenta el riesgo de complicaciones graves e incluso la muerte.

“Las estadísticas lo dicen todo. Es la única manera de poder demostrar que la gente no sabe cómo actuar o que no hay protocolos claros”, sostiene.

Hacia una ley nacional

El relevamiento busca respaldar un proyecto de ley que contemple:

*Capacitación obligatoria anual para reconocer anafilaxia.

*Protocolos claros de actuación ante emergencias vitales.

*Disponibilidad accesible de medicación según nivel de riesgo y territorio.

Articulación efectiva con el sistema de salud.

“Yo no busco confrontar con el sistema de salud ni de educación. Todo lo contrario: busco prevención”, remarca.

También plantea una mirada territorial: “Hay lugares alejados del hospital, clubes o pueblos que no tienen medicación disponible para actuar en emergencias que aparecen de un momento a otro”.

La iniciativa cuenta con el acompañamiento y la mirada técnica de integrantes de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, para evaluar su viabilidad legislativa.

Un llamado a la participación

Actualmente, la encuesta supera las 450 respuestas, pero necesita mayor alcance para que los resultados tengan peso estadístico. “Necesita más difusión. Estoy a full compartiéndola”, dice Gisela.

La convocatoria es abierta y está disponible en su cuenta de Instagram @Lic.giselaraimundo. La participación es anónima y busca reunir datos tanto de personas alérgicas como de familias, docentes, instituciones y comunidad en general.

“Las muertes por anafilaxia se pueden evitar”

La historia de André —que sobrevivió a un shock anafiláctico tras una picadura de hormiga— marcó un antes y un después en su familia. Hoy lleva siempre su kit de emergencia y realiza inmunoterapia, pero la experiencia dejó una enseñanza clara.

“Reconocer el síntoma y actuar rápido puede salvar una vida”, afirma Gisela. “Yo quiero que todo lo que me pasó sirva para algo. Que haya evidencia. Que haya datos. Que haya prevención”.

La encuesta es el primer paso de una lucha que busca que ninguna familia vuelva a depender exclusivamente de la suerte ante una emergencia que se mide en minutos.

La invitación está hecha: participar puede ser parte del cambio.

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