domingo 22 de febrero de 2026

Una picadura, un shock anafiláctico y la búsqueda de una ley para salvar vidas

La mamá de André, un niño pergaminense de tan solo seis años y su mamá Gisela que impulsa una propuesta de prevención de shock anafiláctico.

22 de febrero de 2026 - 07:00

Lo que comenzó como un día de verano en familia terminó en una carrera contra el tiempo. A mediados de diciembre, André, un niño de seis años amante de la naturaleza, sufrió un shock anafiláctico que casi le cuesta la vida. Hoy está bien, pero su mamá, Gisela Raimundo, decidió transformar el miedo y la angustia en acción: quiere que exista una ley que obligue a capacitar y equipar a instituciones para actuar ante una anafilaxia. “Si hubiese llegado un poco más tarde, tal vez no lo contábamos”, resume, con la voz aún atravesada por el recuerdo.

El día que todo cambió

André había pasado el día en el club junto a su familia y amigos. Le gusta el pasto, los bichos, la pesca, el aire libre. Más tarde, se trasladaron a un salón de eventos infantiles en barrio Acevedo. Nada hacía prever lo que estaba por ocurrir.

“Cuando regreso de hacer unas compras, encuentro a mi marido con André en brazos y que no respondía”, recuerda Gisela. Según le contaron, el niño había dicho que le dolía mucho la panza y la garganta, que estaba asustado. De un momento a otro, comenzó a poner los ojos en blanco y perdió el conocimiento.

En ese instante, Gisela no conocía el término anafilaxia. “Yo pensé que estaba atorado con algo. Empecé a hacer RCP”, relata. Sin dudarlo, lo subieron al auto para trasladarlos al Hospital.

Un cuadro crítico

En la guardia del Hospital San José, el cuadro fue interpretado inicialmente como posible convulsión o asfixia. “No se identificó que era anafilaxia”, explica. André tenía síntomas gastrointestinales, dolor de garganta, pero no presentaba ronchas ni signos visibles en la piel.En cuestión de minutos, su saturación de oxígeno cayó a niveles críticos. “Ya saturaba cuarenta, era incompatible con la vida”, describe Gisela. Intentaron intubarlo, pero la glotis estaba cerrada por la reacción inflamatoria. En ese momento recibió adrenalina.

Los médicos actuaron con rapidez y contención. André pasó dos días en terapia intensiva. “Me dijeron que milagrosamente se despertó. Y ahora está súper bien”.

¿Qué es la anafilaxia?

La anafilaxia es una reacción alérgica grave, de rápida evolución y potencialmente mortal. Puede desencadenarse por picaduras de insectos (como hormigas o abejas), alimentos altamente alergénicos —como el maní— o ciertos medicamentos.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran: dolor abdominal, vómitos o diarrea, picazón o ronchas (aunque no siempre aparecen), hinchazón de labios o garganta, voz ronca o dificultad para hablar, dificultad respiratoria, caída de la presión arterial, pulso débil, pérdida de conocimiento.

“La alergista me explicó que no importa si te pica una o veinte hormigas. Si sos alérgico, es suficiente una”, señala Gisela. En el caso de André, los estudios confirmaron alergia a hormigas y abejas. Todo indica que fue una picadura imperceptible de hormiga.

El tratamiento y la nueva vida

André comenzó un tratamiento de inmunoterapia: pequeñas dosis del alérgeno para que su cuerpo desarrolle tolerancia. Sin embargo, no hay garantías absolutas. Por eso debe llevar siempre consigo un kit de emergencia.

“Reconocés el síntoma, le ponés la adrenalina, llamás al 107 y avisás alerta roja”, explica Gisela. Si no responde a los cinco minutos, se aplica una segunda dosis intramuscular.

La adrenalina —epinefrina autoinyectable— es el único medicamento capaz de revertir el shock anafiláctico en el momento crítico. Pero su costo es elevado. “Sale alrededor de 800 mil pesos. Es monodosis. Logré que la obra social cubra un porcentaje”.

André lleva una riñonera térmica con el protocolo completo: adrenalina, antihistamínico y corticoides. “Siempre con él”, enfatiza su mamá.

El vacío legal y la necesidad de protocolos

A partir de la experiencia, Gisela detectó una falencia estructural: la falta de capacitación y protocolos en escuelas, clubes y espacios públicos.

“Mi hijo está cubierto, pero si le pasa a otro, hay que pedir que Dios te acompañe y que no se muera”, dice con crudeza. “La anafilaxia cuando se desencadena es en minutos”.

Explica que en muchas instituciones no está permitido que un docente suba a la ambulancia si no está presente un progenitor. “En una emergencia no podés esperar. En minutos se muere”.

La comparación es inevitable: así como existe la ley de desfibriladores y las ciudades cardioprotegidas, propone un esquema similar para la anafilaxia.

La Ley Matías Colaprete

Investigando, Gisela encontró un antecedente en Entre Ríos: la Ley Matías Colaprete, sancionada en enero de este año. Matías, de 38 años, murió tras una picadura de abeja en un club. Su familia impulsó una normativa que obliga a capacitar personal y disponer de adrenalina en instituciones.

“Esa ley es provincial. Mi idea es poder replicarla”, plantea.

La propuesta incluye:

*Capacitación obligatoria para docentes, profesores y personal de clubes.

*Disponibilidad accesible de adrenalina autoinyectable.

*Registro de personas con antecedentes de anafilaxia.

*Protocolos claros de actuación. “La adrenalina no tiene que estar bajo llave. En una emergencia, cualquiera tiene que poder usarla”, sostiene.

Educar para salvar vidas

Gisela insiste en que no se trata sólo de equipamiento, sino de conocimiento. “Reconocer los síntomas y diferenciarlos de un paro o una convulsión es más sencillo de lo que parece. Hay que educar”.

También propone la creación de un registro sanitario para que, ante una llamada de emergencia, el sistema ya sepa que la persona es alérgica y requiera una ambulancia equipada con adrenalina.

“Las muertes por anafilaxia se pueden evitar”, afirma con convicción.

El impacto emocional

Mientras impulsa su proyecto, Gisela enfrenta el desafío cotidiano de acompañar a André en su nueva realidad. “Hasta los once años más o menos no puede identificar bien el síntoma y autoinyectarse solo”, explica.

El niño, además, quedó con temor. “Toma un vaso de agua y dice ‘me estoy asfixiando’. El dolor de panza lo remite a ese momento. Está muy asustado”.

Recibe acompañamiento psicológico. Gisela, mientras tanto, se prepara para acompañarlo —incluso “escondida detrás de un árbol”— cuando empiece fútbol.

“Yo quiero que tenga una vida lo más normal posible. Pero no me voy a quedar de brazos cruzados”.

Una lucha que recién empieza

La historia de André es un llamado de atención. Una picadura casi imperceptible puso en jaque su vida en cuestión de minutos. Hoy, gracias a la rápida intervención y a la adrenalina aplicada a tiempo, está en su casa, jugando, creciendo. “Le agradezco a Dios todos los días que está conmigo”, dice Gisela.

Pero su gratitud no le alcanza. Quiere que el conocimiento llegue antes que la tragedia.

Embed - LA OPINION Play | Streaming on Instagram: "Gisela Raimundo, mamá de André, busca transformar un momento crítico en acción. Tras el shock anafiláctico que sufrió su hijo de 6 años, impulsa capacitaciones y un protocolo estandarizado para que toda la comunidad sepa cómo actuar ante estas emergencias. ¡La prevención y el conocimiento salvan vidas! #FueraDePágina: de lunes a viernes, de 10 a 12, en LA OPINION PLAY."
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